Poesía de la Revolución

El ángulo recto de 75 grados Miguel Barnet: Fidel nos ha iluminado con su pensamiento Algunos títulos dedicados al aniversario 50

Juventud Rebelde
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4 de Enero del 2009 0:48:11 CDT
Canta el sinsonte en el Turquino

—¡Pasajeros en tránsito, cambio de avión para soñar!

—Oui monsieur; sí, señor. Nacido en Cuba, lejos, junto a un palmar. Tránsito, sí. Me voy. ¿Azúcar? Sí, señor. Azúcar medio a medio del mar. —¿En el mar? ¿Un mar de azúcar, pues? —Un mar. —¿Tabaco? —Sí, señor. Humo medio a medio del mar. Y calor. —¿Baila rumba usted? —No, señor; ya no la sé bailar. —¿Inglés, no habla el inglés? —No, monsieur; no, señor, nunca lo pude hablar.

—¡Pasajeros en tránsito, cambio de avión para soñar!

Llanto después. Dolor. Después la vida y su pasar. Después la sangre y el fulgor. Y aquí estoy. Ya el mañana es hoy.   Mr. Word, Mr. Taft, Adiós. Mr. Magoon, adiós. Mr. Lynch, adiós. Mr. Nixon, adiós. Mr. Ntghy, Mr. Shadow, ¡adiós!                    Podéis marcharos, animal Muchedumbre, que nunca os vuelva a ver. Es temprano; por eso tengo que trabajar. Es ya tarde; por eso comienza a amanecer. Va entre piedras el río...                                              —Buenos días, Fidel. Buenos días, bandera; buenos días, escudo. Palma, enterrada flecha, buenos días. Buenos días, perfil de medalla, violento barbudo de bronce, vengativo machete en la diestra. Buenos días, mis manos, mi cuchara, mi sopa, mi taller y mi casa y mi sueño; buenos días, mi arroz, mi maíz, mis zapatos, mi ropa; buenos días, mi campo y mi libro y mi sol y mi sangre sin dueño.   Buenos días, mi patria de domingo vestida; buenos días, señor y señora; buenos días, montuno en el monte naciendo a la vida; buenos días, muchacho en la calle cantando y ardiendo en la aurora.   Obrero en armas, buenos días. Buenos días, fusil. Buenos días, tractor. Azúcar, buenos días. Poetas, buenos días. Desfiles, buenos días. Consignas, buenos días. Buenos días, altas muchachas como castas cañas. Canciones, estandartes, buenos días. Buenos días, oh tierra de mis venas, apretada mazorca de puños, cascabel de victoria...                         El campo huele a lluvia Reciente. Una cabeza negra y una cabeza rubia juntas van por el mismo camino, coronadas por un mismo fraterno laurel. El aire es verde. Canta el sinsonte en el Turquino...                                                                                                    —Buenos días, Fidel.

                                                                Nicolás Guillén

El otro (Enero 1 de 1959) Nosotros, los sobrevivientes, ¿A quiénes debemos la sobrevida? ¿Quién se murió por mí en la ergástula, Quién recibió la bala mía, La para mí, en su corazón? ¿Sobre qué muerto estoy yo vivo, Sus huesos quedando en los míos, Los ojos que le arrancaron, viendo Por la mirada de mi cara, Y la mano que no es su mano, Que no es ya tampoco la mía, Escribiendo palabras rotas Donde él no está, en la sobrevida?

                    Roberto Fernández Retamar

Revolución color de libertad (Fragmento) II (Hablan los combatientes) Hoy las tierras y los ríos, Las paredes del alba, los salvajes alientos de nuestras banderas, Porque la muerte o la libertad se abre como un abanico en nuestras manos. Rompimos la tierra, viajábamos de noche por el mundo, Cuando los traidores envilecían, corrompían y asesinaban el pueblo, Nuestra palabra encendida como el vuelo de los gavilanes en el espacio Nace de las fuentes centrales de la pureza. Éramos la verdad, el encuentro del pueblo y su destino, Nuestro pueblo de minerales, de tierras rojas, de tambores incansables, nos lo pedía. La noche fue nuestro testigo y nuestro homenaje, Cuando La Habana, cuando Santiago, Cuando la extensión de nuestras provincias era corrompida por el llanto y el miedo, Nuestros pechos de fuego fueron la flecha de la aurora, dijeron: Despierta amada tierra, somos tus señores libertarios, el rojo y negro de las revoluciones viene por el ínclito mundo de la libertad. Empujamos el ancho surco de la historia, somos su apellido, su razón de ser. Con nuestras voces de agua, de humo, de diamantes, Elementales conquistadores de la verdad, Respondíamos a los minerales de la tierra, a sus águilas, a sus bestias de amor. Fuimos como las flechas que antaño atravesaron la luz, Subíamos nuestra tierra escogida por la revolución, Nuestras rosas de invierno se abrieron transparentes, Y en nuestro fuego se consumieron los traidores.

                                                              José A. Baragaño

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