Nadie espere de Buena Fe irresponsabilidad

Cumplirá el dúo diez años de creado. Sus canciones siguen siendo amadas y agradecidas por la juventud cubana

Autor:

Rufo Caballero

2008 fue un año difícil para Buena Fe; tan complejo que todavía los miembros de la celebérrima banda deben estar tratando de entenderlo. Buena Fe estuvo en el centro de la polémica todo el año, en todo: por sus videos; por las declaraciones del líder de la banda, Israel Rojas, etcétera. Eso sí, nunca por sus canciones, que siguen siendo amadas y agradecidas por la juventud cubana y no solo por ella. Catalejo resultó un disco exitoso, como los anteriores, o más: la gente supo leer la conservación del rigor en las letras y, al mismo tiempo, la anchura musical que probaba Buena Fe, con el ensayo de armonías mucho más elaboradas. El concierto en la Plaza de la Revolución y la actuación del dúo devenido banda en la gala final del popular programa Lucas acabó de confirmar la repercusión del trabajo. Entonces, la polémica no ha sido precisamente para mal.

No obstante, un virtuoso video es tachado de no muy «original» que digamos...; en cuanto al otro que realizaron, su director y su casa productora se negaron, por determinadas circunstancias, a someterlo a las consideraciones del jurado de Lucas. Sin embargo, ambos quedaron entre los diez más populares del año en el importante programa, lo cual recordó que no obstante los posibles valores de las obras audiovisuales, todo lo que huela a Buena Fe se recibe —y se retribuye— como pan caliente.

A comienzos de 2009, tratamos de confrontar a Israel Rojas con las razones que hicieron del año anterior una jornada intensa, conflictiva y muy satisfactoria, casi a partes iguales. A la distancia de los meses, ¿qué tal se ve el mundo?, ¿cómo anda la energía de Rojas?

—En cierta polémica sostenida por la vía digital, parecía como si Buena Fe arremetiera contra otro tipo de canción, más directamente conectada con la trova, esa que algunos excluyentes —¡justo en nombre de la diversidad!— suelen tildar de «ladrillos», «metatranca», etcétera. ¿El hecho de que Buena Fe se trace, desde su independencia en términos de producción musical, comprensibles estrategias de mercado, o recurra a legítimos mecanismos de seducción, en una época en que hay que competir al duro con el reguetón y ciertos facilismos de comunicación, implica que se deban desconocer otros registros compositivos?

—Creo imprescindible la canción experimental, comprometida con su tiempo, la que apunta al intelecto y a la emoción por caminos insospechados, venga de la trova, del hip hop, del jazz o de cualquiera de los géneros que desarrollan nuestros creadores. Lejos de desconocer a nadie, muy lejos de desconocer, más bien nos nutrimos de esas otras maneras de hacer.

«El debate a que aludes se desató por una entrevista que publicara una reciente y popular revista cubana, donde las entrevistadoras trataron de abordar la relación arte-mercado desde nuestras experiencias y puntos de vista y, por desgracia, todo se fue de control. Las consecuencias fueron tremendas.

«Ya nosotros mismos habíamos pasado por la experiencia amarga de las mordidas a hurtadillas de los excluyentes y sectarios, que al considerarnos “traidores” de la trova, movían y mueven sus hilos a fin de descalificar nuestro trabajo. Al menor desliz, se destapó la Caja de Pandora.

«No obstante, Rufo, la vida pondrá las cosas en su lugar, como siempre.

«Hay un reciente artículo de Ariel Díaz (a quien respeto y considero un excelente trovador), titulado “Trovadores cubanos, el último tren”, donde expresa de forma brillante —a mi modesto juicio— los retos y sugiere acciones a realizar en la promoción y la renovación de ese movimiento artístico. Fue precisamente eso lo que vi a mi paso por la AHS, en aquellos años iniciales de Buena Fe. No bastaba con hacer eventos nacionales, regionales o encuentros de trovadores en escuelas y centros de trabajo. Estábamos en la era de los medios masivos de comunicación, en la era audiovisual, en la era de una juventud ya no tan apasionada, ni tan ingenua, pero tampoco, como algunos decían, banal e inculta. En otra época, aquellos no eran los caminos, o al menos no los únicos. Y mucho menos para dos guajiros de Guantánamo, criados musicalmente a golpe de música tradicional y la influencia diaria de emisoras extranjeras y caribeñas en el dial del radio, pero, en lo material, con solo una guitarra y dos voces. Hablamos desde nuestra experiencia, pero no pretendemos ni dar recetas ni tener la razón absoluta. Te puedo garantizar que el creador que no entienda cómo en estos tiempos hay que hacer mucho más que componer canciones y cantarlas donde puedas, está sencillamente condenado a que su obra no llegue al segmento de público que, a veces sin saberlo, la necesita».

—Pero el hecho de que ustedes lo hagan, y muy bien, no quiere decir que estén equivocados quienes prefieren la discreción o incluso el ostracismo. Existen infinitas formas de crear y de comunicar. Por fin, ¿bebemos de todas las copas, o no? Un sistema cultural no puede preciarse de un solo tono...

—Recientemente, desde otra publicación que todos hemos apreciado, fui peyorativamente tildado (entre otros desmadres) de «multioficio». Nunca me habían ofendido tan dulcemente; no he sentido caricia más amable que ese golpe. Trabajar es mi premisa y, por el público que sigue nuestra música, he sido hasta carpintero... Y sería más, con tal de resultar útil con nuestros versos y melodías.

—Abundan las acusaciones —más o menos camufladas— acerca de que no pocos de los videoclips cubanos son plagios. No niego que en algunos casos pueda suceder, pero en la era del pastiche, de los homenajes continuados, de las apropiaciones y las intervenciones; en la era en que la cultura se mueve como un tejido caníbal donde todo el mundo tiene de todo el mundo, ese tipo de síndrome de la sospecha me resulta agobiante, francamente. Me parece una preocupación desfasada. ¿Cómo la ve Buena Fe, dado que en los últimos tiempos no ha sido del todo ajena a este tipo de «zozobra»?

—Creo que esto siembra un antecedente muy peligroso e injusto. Téngase en cuenta que en el mundo ha habido, hay y habrá una producción de comerciales, videoclips, spots de todo tipo, muy intensa, y las acusaciones no se basan en la exclusividad sobre una fórmula creativa o del desarrollo de una idea, sino en el manejo subjetivo de la información comparativa, en relación con el supuesto o el real referente.

«En consecuencia, estoy seguro de que muchísimos de los videos que se han hecho en este país tienen un símil, un acercamiento o un antecedente audiovisual desconocido por los que ejercen la labor de jurados, en el momento de formular el juicio. En particular, decir que el video Fuera es un plagio resulta sencillamente irresponsable. Desde el punto de vista jurídico no tiene ningún fundamento. Ya otra cosa es desde el punto de vista moral y conceptual. Pero eso es algo que deben defender sus realizadores, no yo».

—¿Cómo explica Buena Fe el enorme fenómeno de comunicación que significa la banda en la Cuba de los años 2000, cuando se repite —en ocasiones de forma absoluta— la hipótesis sobre la crisis de los valores a nivel mundial? ¿Ya hoy no se pueden hacer canciones como las que un día agigantaron la estatura de Silvio Rodríguez?

—No tengo respuestas demasiado claras para esa pregunta. Nos hemos expresado en los códigos de nuestra generación, pero sin obedecer a fórmula artística alguna. Ya dijo Hegel que cada época tiene su propio espíritu. Y se pueden aprovechar los recursos comunicacionales, audiovisuales, las probadas maneras contemporáneas de «llegar» con el mensaje, con el contenido que se desea. En nuestro caso, espero que sea siempre de muy buena fe.

«Creo que hay crisis en la transmisión de los valores, no en ellos mismos. Los valores son siempre los mismos. Entre los objetivos que nos hemos trazado, desde el principio, figura que nuestra música, nuestra obra, sea como un punto de contacto, una vía de comunicación pequeña, pero segura y legítima, en cuanto a la transmisión de valores. No solo en su contenido, sino en el hecho de que la confluencia del público implique un espacio de conocimiento entre gente que siente y piensa similar, o incluso distinto. Por eso, el ver que en nuestro público hay personas de todas las edades y estratos sociales nos da esperanzas. Los valores son los grandes, probablemente los únicos tesoros de este país».

—A inicios de año, se impone (¡una pena!) el lugar común: ¿Cuáles son los principales proyectos para 2009?

—En 2009 cumplimos Yoel y yo diez años de haber creado Buena Fe. Pero no será un año de recuento, sino de materializaciones. Editaremos dos discos. Sobre el mes de marzo tenemos previsto sacar a la luz el primer disco de grandes éxitos. Serán un CD y un DVD con el concierto en la Plaza de la Revolución (agosto de 2008). Contendrá 18 canciones y el proceso de edición no hace más que entusiasmarnos por día. A finales de abril, el séptimo disco de Buena Fe y sexto de canciones inéditas, también en formato de CD y DVD, serán grabados en el Teatro Digital de Toronto y deberán editarse en Cuba para finales de año. Giras internacionales y, sobre todo, el contacto con nuestro público, al que tanto respetamos.

—En lo tocante al video Soy lo que ves, otra de las acciones de Buena Fe en 2008, popularmente gustó muchísimo, pero ciertos especialistas le hicieron el caso del perro. Sé que ustedes, como yo mismo, como el ICAIC, respetan las razones estéticas que puedan suponer aproximaciones diferentes al clip (como diría Silvio, «yo sé que hay gente que me quiere; yo sé que hay gente que no me quiere», y punto). La controversia se complica cuando hemos escuchado que el video ofrece una solución «inocente» al conflicto de la cubanidad hoy día, en tiempos en que —lo sabemos— ser bien cínico constituye a veces una garantía de éxito. Pasados unos meses, ¿te parece «inocente» Soy lo que ves?

—Chico, un trabajo hermoso: eso es lo que me parece. Uno de los videos más artísticos en que hemos estado implicados. Conceptualmente, el más arriesgado e ideológicamente honesto. No por gusto fue el primer video del CD Catalejo. Que nadie espere de nosotros la irresponsabilidad que hace el juego a la política de empobrecer a Cuba, de lastimarla, de traicionar a los muchos cubanos que se quemaron y aún se queman como carbón, casi hasta hacerse cenizas, para hacer de este un país, una isla de gente digna y capaz.

«Por supuesto, hay quien vio el video desde el punto de vista de “estoy” o “no estoy de acuerdo...”. Entonces, Soy lo que ves cumplió su objetivo: ser un video de concepto y no meramente el spot comercial de una canción más. Aunque fíjate que, entre sus resultados, figura la evidencia de que siendo un trabajo que dialoga —de algún modo— con códigos provenientes del videoarte y de la ficción cinematográfica declarada, cumplió plenamente su función comunicativa en el sentido promocional del clip, como el resto de nuestros videos. Contra todos los pronósticos, contra todos los vaticinios extraños, Soy lo que ves resultó de los más populares del año. ¿Qué más se puede pedir? Tengo la convicción de que se pondrá más hermoso, valiente y artístico con los años, cuando baje la marea...

«Pero tratando de responder tu pregunta sobre la supuesta “inocencia”: Mi personaje se queda, está claro, su amor por su Isla, por su gente, por su bailarina, importa más que cualquier perplejidad, pero regresando, tiene en su mente todavía las dudas, la impertinencia propia de todo verdadero revolucionario. Como tú decías: “El personaje sigue faja’o”. No por gusto, en el guión, se llamaba Sergio. Seguimos construyendo, juntos, las memorias de nuestro peculiar subdesarrollo, ese que vivimos con impaciencia, con desazón, pero, al tiempo, con una emoción impresionante.

«¿A esto le podemos llamar “inocencia”? ¿La edad de la inocencia? En todo caso, no se me escapa que has cambiado el nombre de tu buzón electrónico. Ya no se llama La edad de la inocencia sino El sobrino cubano de Scorsese...».

—No me hagas reír, compadre.

—Tal vez en lo que hemos ganado es en el sentido del humor, sin por ello traicionarnos demasiado.

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