Los cantos de Sara - Cultura

Los cantos de Sara

Esta segunda entrega de sus Cantos de mujer, viene avalada por aquel precioso disco de 2003 que reunió a nombres como Liuba, Isolina, ella misma, Marta Valdés, Marta Campos, Miriam Ramos, María Teresa Vera, Lázara Rivadavia y muchas más

Autor:

Oni Acosta Llerena

Foto: Calixto N. Llanes Hablar de Sara es todo un reto, por muchas razones. Conocida dentro y fuera de Cuba, Sara ha sabido moldear su estilo y su sello que son sinónimos de cubanía, originalidad, talento y buen tino para abordar la canción en toda su extensión.

Consolidada desde hace mucho como una de las voces imprescindibles de la Nueva Trova, no solo es grande su discografía hasta hoy, sino también su paso por diferentes etapas creativas que la han llevado a conocer y a asumir cabalmente sones, guarachas, boleros y más, para resultar en la inevitable madurez a que nos convoca hoy día.

Esta segunda entrega de sus Cantos de mujer, viene avalada por aquel precioso disco de 2003 que reunió a nombres como Liuba, Isolina, ella misma, Marta Valdés, Marta Campos, Miriam Ramos, María Teresa Vera, Lázara Rivadavia y muchas más, sobresaliendo la diversidad autoral que asumida por Sara, logró darle al disco un matiz y un equilibrio inigualable. ¿Cómo pudieron coexistir en el fonograma canciones de Teresita Fernández, Heidi Igualada o Ernestina Lecuona? Simplemente por el talento y la gracia de Sara.

Ahora, talento y gracia vuelven a la escena discográfica cubana, en esta segunda entrega, o, mejor dicho continuación de aquel trabajo de rescate y reafirmación musical de 2003. A esta se suman canciones de Beatriz Márquez, Celina González, Radeunda Lima, Alina Torres, Niuska Miniet, Ela O’ Farrill, Lourdes Torres..., y coincidirán ustedes conmigo en afirmar que la variedad y el eclecticismo vuelven a estar bien presentes aquí.

En esa cuerda, se van definiendo varias líneas conceptuales e interpretativas que, amén de géneros y características propias, son incorporadas por Sara a su peculiar y amplísimo repertorio, el cual como dije al principio, dejó hace mucho tiempo de ser identificativo de la trova para adueñarse de otros horizontes sonoros.

La gran Marta Valdés hizo las notas al Vol. I y a esta nueva entrega, y confieso no haberlas leído: temía yo no poder escribir ni una línea si lo hubiese hecho, qué decir luego de tan interesantes criterios... Y así se adentra uno en estos nuevos cantos. Estas notas son el comienzo que seguidamente dan paso al primer tema del disco, Será tu condena, con elementos del bolero cha, y que define otra de las líneas claves del fonograma: la originalidad de sus arreglos, donde converge un sonido muy contemporáneo logrado por ese maestro que es Pucho López. También llama la atención la canción Tus ojos y la ciudad, insertada dentro de la más atrevida canción, con una belleza adornada por piano y teclado y un sui géneris guaguancó como clímax final. Continuamos entonces navegando y nos topamos con Flores para tu altar, un son que se inicia de la mano de Chicoy en la guitarra eléctrica, a lo que se une la imprescindible y crucial trompeta con sordina, instrumentos que van intercambiando continuamente, y donde se suma un solo del guajiro Miranda.

Encontramos un homenaje a Formell y sus Van Van, con Qué falta de respeto, que dentro del estilo del songo va agregando elementos del jazz, aportados por Chicoy y Pucho.

El estilo trovadoresco y cubano está implícito en Mi tierra es así, donde la introducción, la inclusión de metales, ponches, su punto guajiro, además de Sara y Pancho Amat, la hacen una verdadera joya y una atípica mirada a este conocido tema,

No por ser ella la protagonista indiscutible la he dejado casi para el final, sino porque fue el orden seguido en el disco. Y hablo de Por todo gracias, de Sara y con toda la emotividad y respeto que hacia la eterna Vilma, nuestra Vilma, le profesa su autora. Esta canción representa un momento de paz, de encuentro y de lágrimas ¿por qué no?, las que además imagino hayan saltado en las sesiones de grabación, mezcla o en cada uno de nosotros cuando la escuchamos a plenitud. Le sigue Contracorriente, bella canción embrujada por Sara y su equipo, que logran deshacernos de todo prejuicio para disfrutarla sin límites.

No haber mencionado todas las canciones no significa desdén, olvido ni menosprecio: solo quise resaltar algunas porque el poco espacio de tiempo me obliga a hacerlo. Debo destacar también el trabajo de la infatigable Mayra; el diseño gráfico de Moltó, basado en obras de la artista Diana Balboa, conocida por su ocurrentes obras vinculadas a la música. También a la gran Lucía Huergo, directora musical del disco, para el cual trabajó con lo mejor de sí, como siempre y para suerte nuestra. Y a todos los músicos que en él participaron, tanto del grupo como sus invitados.

Sara, una vez más, nos regala su canto. Y tal vez aflore ahora una pregunta, de cómo entonces intento definirla, si como intérprete, trovadora, compiladora, cantautora... Muy simple: es una de las más importantes artistas de este país, y digo artista con toda la fuerza que ello representa, cuando hace que géneros y géneros sucumban con facilidad ante su afinado timbre y su íntima sensibilidad. Sara, a ti, por todo gracias.

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