La X Bienal trajo nieve y elefantes a las calles de La Habana - Cultura

La X Bienal trajo nieve y elefantes a las calles de La Habana

Autor:

Jorge L. Rodríguez González

La ciudad invita al ejercicio intelectual y a la vez de esparcimiento, que se puede satisfacer de la mano del ser amado, entre un grupo de amistades o con toda la familia

Una Bienal juguetona ha asaltado La Habana, y obliga a los ojos a mirarla. Es un juego atractivo que pugna contra la ceguera y se hace eco de las calles para atraer con su visualidad. El arte se desborda por la ciudad, quedándole estrechos los numerosos corredores de La Cabaña, y gusta con picardía de detener los pasos, dejar las bocas abiertas y lograr que aflore la sonrisa perspicaz.

Lo ha conseguido una manada de elefantes africanos que nos hace la visita, reposando gustosamente sus enormes pisadas junto al Capitolio, la Tribuna Antiimperialista José Martí, la intersección de las calles 60 y 31, en el reparto Buena Vista de Playa, o frente a la escalinata de la Universidad. Solo su guía, el artista cubano José Emilio Fuentes, sabrá cuál será la siguiente parada en su itinerario.

En el patio de La Casona un iglú acapara todo el espacio colonial, y con su nieve de virutas de poliespuma refresca las elevadas temperaturas que por estos días nos fatigan, desmintiendo con ironía la premisa de que Los esquimales no tienen poesía.

En expresar también la lírica de lo regional, se empeña Punto de encuentro. Ya desde las inmediaciones de la Plaza de las Palomas, el carrusel de Kcho anuncia la cercanía de las obras, expuestas en los salones del Convento de San Francisco de Asís. Allí coinciden artistas de diferentes latitudes como Shirin Neshat que, a través de una video proyección, continúa explorando los conflictos y sueños de las mujeres islámicas. Las pirotecnias ofrecidas en los Juegos Olímpicos de Beijing pueden apreciarse en otro audiovisual, protagonizado por el chino Cai Guo-Qiang, el mismo que en la inauguración de esta muestra hiciera brillar con fuegos artificiales un grandioso navío.

Las orejas esculpidas en la piedra como certero Retrato de la masa, de Yoan Capote, se enlazan conceptualmente con Aula, 2005 de Luis Camnitzer, en esa crítica a la mirada global que pretende en los receptores una inerte vasija donde se vierte conocimiento, ideología o esquemas de consumo.

Camnitzer expone en el Centro Wifredo Lam junto a las obras de otros invitados especiales. Asombra la torre de Pisa del maestro Shigeo Fukuda —en esta Décima Bienal tiene lugar el primer homenaje que se le rinde tras su sentida muerte—, sesgada en pedazos que procuran (¡y lo logran!) recobrar su ángulo recto en Self-defence (Defensa propia). Las barras codificadoras y las líneas de diagramas de Hervé Fischer, asustan en su lenguaje financiero e interpela a un mundo que se somete a los desmanes de Wall Street. Mientras tanto, la sudafricana Sue Wiliamson conmueve con fotografías de El Max, comunidad de pescadores en Egipto donde sus habitantes, sumidos en la pobreza y orgullosos de sí mismos, permiten a la artista pintar las paredes de las casas con declaraciones tales como: «nosotros somos como el pez, no podemos vivir fuera del agua».

En el Pabellón Cuba, otra expo colectiva prefiere recorrer el globo del mundo para demostrarnos que toda su gloria cabe en un grano de chícharo; pequeñísima obra de Wilfredo Prieto que reproduce la esfera de la Tierra. No obstante la presencia de un arrollador Tsunami (Humberto Díaz) de tejas rojas que cubre la mayor parte de la exposición, Tales from the New World no inclina la balanza a historias apocalípticas. Prefiere mejor estar Moviendo montañas (Geoff Molyneux), incitando a los espectadores a aportar una piedra nueva, como un granito de arena a la esperanza.

Por el barrio periférico de San Agustín, el proyecto comunitario LASA (Laboratorio Artístico de San Agustín) propone a los vecinos desde una buena tacita de café elaborado «a la antigua» en un colador gigante, hasta un viaje en P-5, piloteado por los prestigiosos colectivos colombianos Descarrilados y Cuatro Cuartos.

Transitar en pocas líneas por el sinnúmero de obras y artistas que confluyen en esta Bienal resultaría una quimera. Al igual que absurdo sería no tomarle el pulso a esta cita del arte contemporáneo que, se ha vuelto en pocos días espectáculo popular.

No extraña entonces un público que se toma tiempo para descifrar una pieza con el mismo goce que le provoca leer una novela o acudir al cine. Un ejercicio intelectual y a la vez de esparcimiento, que se puede satisfacer de la mano del ser amado, entre un grupo de amistades o con toda la familia.

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