Hervé Fischer: la pintura, un laboratorio de pensamiento

Autor:

Juventud Rebelde

La muestra El retorno paradójico a la pintura en la era digital, de este pintor, uno de los más destacados especialistas en nuevas tecnologías, está expuesta en el Centro Wifredo Lam de la capital cubana

Observar la obra de Hervé Fischer, expuesta en el Centro Wifredo Lam bajo el título El retorno paradójico a la pintura en la era digital, fue realmente una rara experiencia. Sus cuadros tienen el encanto de jugar con líneas y barras codificadoras, para tomarle el pulso a la vida. Una visualidad sobre el «metálico» que acude a los colores más brillantes y a los tonos más cálidos, haciendo evidente que el gris financiero trastoca todas las fibras de nuestra existencia sin que apenas lo notemos.

El pintor, quien es uno de los más destacados especialistas en nuevas tecnologías, comparte junto a la pasión del artista, su formación como sociólogo y filósofo. Con él tuve la posibilidad de hablar tras una charla que sostuvo con estudiantes de Historia del Arte, en un espacio aledaño a la sala donde se exhiben sus pinturas, y compartió con JR sobre su participación en esta Bienal, de la cual es invitado especial junto a autores como Shigueo Fukuda, Luis Camnitzer y Sue Wiliamsom.

«Se trata de una muestra que presenté en el 2003 en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires y que ha recorrido después Montevideo y Santiago de Chile, por eso solo incluye pinturas que realizara antes de esa fecha. Me parece que el tema de la crisis financiera le da un impacto de actualidad muy fuerte. Cuando los pinté alrededor de 1999 no había tal crisis, que ahora se ve claramente con la quiebra de grandes empresas, la especulación económica y fenómenos como el de las empresas.com. Fue una especie de premonición, de conciencia del impacto que causarían todos estos problemas en el campo de la globalización».

—¿Por qué llevar al lenguaje plástico el escabroso mundo financiero?

—Es difícil explicar todo un camino transitado durante muchos años. Antes me había dedicado a lo que he denominado arte sociológico, pero había en mí un interés por los aspectos simbólicos y del funcionamiento de la cultura. La idea estaba en vincular la conciencia filosófica y sociológica del mundo de hoy y la pintura, temas que al mismo tiempo reflejo cada año en un libro.

«Pinto y escribo a la vez, porque escribir es pensar y pensar es una condición básica para tener una visión, aquella que pretendes expresar luego en un cuadro. Cuando se pinta se encuentran caminos por medio del pensamiento y también con la intuición, y surgen además preguntas que no has conceptualizado antes. Son dos laboratorios, que me permiten la alegría del pensamiento, de la pintura y de vivir».

—¿Cuáles son esas inquietudes que surgen en el laboratorio de la pintura?

—Cuando pinto el código del ADN soy como un creador porque tengo la libertad de poner las cuatro letras y con ellas escribir un genoma propio, en un orden que me gusta a nivel plástico. Es un placer enorme poder tocar problemáticas tan importantes y jugar de manera crítica con mis pinturas. No trabajo con lo anecdótico, prefiero las estructuras de nuestra representación del mundo, esta especie de matrix que es la base de la diversidad de expresiones.

«Quiero que en mis obras se encuentre algo de música, algo de libertad y de la alegría de pintar, para facilitar la comunicación. En ellas hablo de cosas difíciles, feas o que son críticas duras, y pretendo incitar el cuestionamiento de las personas a partir de una atracción. Pienso en la pintura como un medio de expresión, de cuestionamiento filosófico, de conciencia y también de pedagogía ¿por qué no?: una obra cubista de Picasso nos enseña a mirar la cara de las personas de una nueva manera, mientras que la pintura impresionista propone ver la naturaleza como si le pusieran un filtro a nuestros ojos».

—¿Cuáles cree que sean los problemas del arte digital en este mundo globalizado?

—Aquí en Cuba el arte digital, como lo pude apreciar en el Festival de Arte Digital, trabaja más con las imágenes que con las multimedias. Se hace un mayor uso de los programas para retocar las fotos y hacer dibujos, y se logran obras que pueden ser muy críticas.

«Pero el arte digital más poderoso, mejor equipado de softwares y herramientas más veloces, como el que se encuentra en otras bienales internacionales, es una cosa muy diferente. Es un trabajo que tiene poco de conciencia artística, que conlleva una especie de magia lúdica y que tiene éxito con el público como lo puede alcanzar un videojuego. Atrapa con trucos tecnológicos e ideas innovadoras pero es incapaz de tocar los problemas políticos, sociales y culturales que nos conciernen.

—¿Aboga por una supremacía del arte digital por encima de los lenguajes más tradicionales?

—Desde hace unos diez o 15 años me identifico profundamente con el arte digital. Pero no acepto la ilusión del efecto de moda que dicta que un artista tiene que ser digital o no es un creador contemporáneo. El arte no radica en la herramienta sino en el cerebro, tanto el del público como el del artista. Parece que para muchos lo digital se asemeja a la llave de la vida de este nuevo universo, y no podemos solamente fascinarnos con este mundo, sino que en él tenemos que encontrar el espacio para la crítica.

«Lo digital es tan primordial que necesitamos una filosofía de lo digital, un pensamiento crítico. Si no, es alienación, tan peligrosa como la que produce el dinero».

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