La Protesta en Baraguá en escena

Autor:

Juventud Rebelde

Esta obra teatral, necesaria  lección de Historia, deja su impronta en centros educacionales y de enseñanza militar de Santiago de Cuba

SANTIAGO DE CUBA.— Campamento mambí de San Agustín. Febrero 10 de 1878. En escena, la hidalguía del Mayor General Antonio Maceo se levanta, reflexiva y vigorosa, ante cualquier idea de capitulación.

—Mire usted, General, el caso es que los responsables...

—Los responsables (...) han cometido un error al entablar entrevistas y conferencias sin conocimiento del Ejército cubano. El Capitán General, Martínez Campos, como todos sus antecesores, se hubiera quedado sin el prestigio de la victoria, si se hubiese sabido conservar, en la mayoría de los casos, aquella cohesión, fe y resistencia que se supo tener en Guáimaro ante la memorable y sangrienta campaña dirigida por el Conde de Valmaseda...

Otra vez el gesto viril, el espíritu enhiesto del Mayor General Antonio Maceo ilumina los Mangos de Baraguá; esta vez conducido por rostros en su mayoría imberbes y cuerpos jóvenes. Y en singular rejuego entre artistas y espectadores, el mensaje se renueva.

Amén del crecimiento profesional y espiritual de unos, por encima del esparcimiento útil para otros, se impone, para todos, la posibilidad de ir más allá de lo conocido en la escuela o aprendido en manuales, la opción de profundizar en las disímiles aristas de un hecho que, al decir martiano, es de lo más glorioso de nuestra historia, cuyas lecciones mantienen plena vigencia.

Así pudiera retratarse el estreno el pasado 15 de marzo y la presentación por estos días en centros estudiantiles y de enseñanza militar de esta provincia, de la obra Protesta en Baraguá, con texto, dirección artística y general de Gaspar González-Lanuza Rodríguez y el esfuerzo de jóvenes instructores de arte, integrantes de la Brigada José Martí y un exiguo número de profesionales de las tablas santiagueros.

Definida por su autor como «una lección de Historia para nuestros jóvenes, sin mistificaciones ni mentiras», la representación lleva a escena aspectos polémicos y poco divulgados del trascendental acontecimiento, con el ánimo de contribuir al conocimiento en profundidad del hecho, sobre todo entre las nuevas generaciones, necesitadas de beber del ayer para defender el futuro, según constató el prestigioso director en indagaciones previas.

Fiel a la experiencia de trabajo de su gestor, premio nacional de Cultura Comunitaria, la representación, más allá de unir en un mismo escenario a profesionales y aficionados, es el vivo reflejo de esa intención de trabajar con las comunidades, de lograr que el propio pueblo sea capaz de interpretar su historia, conocerla, revivirla...

Añejo sueño

Todo empezó cuando a los 15 años su padre le regaló un tesoro. Amante de recorrer las librerías de segunda mano de La Habana, casi dio una fiesta el día que encontró las obras del historiador español Antonio Pirala, que más tarde pondría en manos de su hijo.

Así, escoltado por el que define como «el mejor libro de consultas sobre las guerras independentistas de los cubanos de la época, sin desdeñar a otros autores», decidió Gaspar González-Lanuza escribir la primera pieza teatral cubana sobre la Protesta de Baraguá.

«Esta es una obra que he escrito con el corazón, porque creo que era necesario reiterar porqué se dio el Zanjón; traer al presente las verdades del ayer y asimilar lecciones como la que constituye el superobjetivo de esta puesta: la falta de unidad conduce a la derrota.

«De la Historia, de nuestros héroes, se ocupa muy poca gente en el mundo teatral, y mira que Fidel habla de la importancia de abordar nuestro glorioso pasado».

En 1978, en ocasión del centenario de la efeméride, preparó una primera versión de unos 20 o 30 minutos de la obra, la presentó en el concurso 17 de Abril, de las FAR, y fue premiada por un prestigioso jurado presidido por el reconocido escritor cubano Félix Pita Rodríguez, con una valoración encomiástica del historiador José Luciano Franco.

Ardoroso empeño

Aún a la sombra de aquellos mangos que 131 años atrás fueron testigos de la protesta del Titán, el joven instructor de teatro santiaguero José Ramón Hernández, quien personifica al Mayor General Antonio Maceo, define su participación en la puesta como un camino abierto, que no solo apunta hacia su desarrollo profesional, sino hacia su crecimiento como cubano joven.

«Esta obra me ha dado la posibilidad de profundizar en la historia de mi país. He descubierto muchas cosas sobre la Protesta de Baraguá y la vida de Antonio Maceo que, a pesar de haber estudiado el hecho y el héroe en todas las enseñanzas por las que he transitado, no conocía.

El sentir de José Ramón es generalizado entre los integrantes del elenco, para quienes Protesta en Baraguá, al decir de Elio Luis Salas, actor que interpreta al Mayor General Fernando Figueredo, tiene el sabor del descubrimiento.

«La obra —explica el instructor— puede considerarse como un valioso material histórico, por el gran número de fechas, datos, referencias de nombres, documentos y descripción de situaciones vinculadas con el hecho que muestra. Desde enero de 1878, en que comienza, hasta la Protesta, se aportan elementos y antecedentes que pueden ser de gran utilidad para todo el que se interese por este trascendental acontecimiento.

Conocimiento, profundidad y superación son palabras recurrentes entre actores noveles como Liani Milá, quien encarna a Rosaura, símbolo del papel de todas aquellas mujeres heroicas que combatieron en nuestras luchas independentistas, o Yoel Difour (Polavieja), y profesionales de vasta experiencia como Alcides González, actor del grupo La Guerrilla del Golem, quien interpreta al General Martínez Campos, o Juan Carlos Serret, de vuelta a la escena, para entregarnos un sobrio Máximo Gómez.

En todos los vinculados a este ardoroso empeño, a los que habría que sumar nombres como los de Pascual Díaz, en la asesoría dramatúrgica; Víctor Pullés, asesoría histórica; Vladimir Martínez, en exhaustivo trabajo de diseño y realización escenográfica; Yuslema Álvarez, en la producción; Fabián Hernández, en la asistencia de dirección; el apoyo de santiagueros como el experimentado director William Ortiz; el coauspicio del Consejo Nacional de Casas de Cultura, la UJC y la Dirección Política de las FAR, entre muchos otros, va la certeza de quien desbroza un camino de luz.

La primera representación teatral de esa gloriosa página de la historia cubana que es la Protesta de Baraguá, ya hace mejores a muchos.

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