El artista cubano Pepe Rafart conquistó los sueños

Rafart falleció recientemente en La Habana a los 63 años de edad. Dejó una obra recia, terminada, donde vibra el milagro de la creación

Autor:

Toni Piñera

Los cables y el correo electrónico difundieron la triste noticia el pasado 27 de julio: el destacado artista cubano José (Pepe) Rafart, ese que conocía a la perfección el lenguaje de la prestidigitación y el hechizo cuando de esculpir materiales se trataba, el «encantador» de la orfebrería y, en particular de la plata, acababa de fallecer a los 63 años de edad, en la ciudad donde nació (La Habana).

Nos deja, como herencia al arte cubano e internacional, una obra recia, terminada, donde vibra el milagro de la creación, esa rara dimensión en la que se reúnen realidad, fantasía, ingenio, tiempo, vida..., que el artista tradujo en disímiles piezas con piel de diferentes elementos que conquistó con la magia de sus manos.

Cuando observamos una pieza escultórica de Pepe Rafart —quien cursó estudios en la Academia de San Alejandro donde se graduó de escultura y pintura en 1969—, junto al placer que provoca en nuestros sentidos la consonancia entre un concepto y una imagen depurados, salta a la vista la contemporaneidad. Vivir en su tiempo y «husmear» más allá, experimentar con las formas más recónditas, huir de lo convencional, coquetear con el arte y los materiales, contrastar lo diverso, son rasgos que emergen al contacto con las piezas del artista.

Las formas de su entorno natural, que coronaron sus sentimientos desde que vio la luz: los tonos de la piedra, el sol, la luna y el agua, observados desde niño a su alrededor en una ciudad abierta a la luz y al viento, el mar cambiante de azul a verde, los matices profundos de auroras y atardeceres, el amor..., están traducidos en sus adentros, en originales y magníficas versiones. Una de ellas, El nacimiento del mundo fue entregada por el Comandante en Jefe Fidel Castro al Papa Juan Pablo II.

Más que ninguna otra de las expresiones creativas, la escultura es el arte de dar forma. Esa imagen del escultor tallando la informe piedra, modelando el barro o extrayendo valores al metal..., ilustra esta idea de la creación artística como acto de dotar, de dar forma a la materia. En el caso del célebre orfebre-escultor cubano transformaba la plata en un original acuario, zoo o museo de... ¿ciencia-ficción? Él ideaba una fauna extraña, que sobre la piel de plata y al contacto con la vista, el espectador reconocía al instante: es Rafart.

Una mirada a sus trabajos en los que se combinaba la plata con piedras semipreciosas cubanas, colmillos de marfil, ágatas, nácar, cobre..., deja ver un acabado impecable, que se confunde en la perfecta técnica, los diseños atrevidos y líneas ágiles. Esa originalidad le permitió obtener muchos lauros y reconocimientos nacionales e internacionales, entre otros, los del Concurso Internacional de Platería de México (1992 y 1998), el primer premio de Orfebrería de la Cuatrienal de Artes Aplicadas en Erfurt (Alemania, 1986). En Cuba ostentaba la Distinción Por la Cultura Nacional, la medalla Alejo Carpentier, y era Artista de Mérito de la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas (ACAA).

¿Alguna pieza por hacer? Rafart respondió en aquella ocasión: «Sí, el material me limita. Quisiera hacer una grande, pero mientras más tamaño tenga es más difícil. Hay que calentarla completa para soldar un detallito. Es mucho tiempo de agotadora labor, con calor, emanaciones de ácido... Por eso a veces me digo: ¡no hago una más! Pero cuando pasa el tiempo, se pule, se mete en el ácido y van saliendo los valores, cobra vida, me enamoro y vuelvo a encontrar la inspiración para la próxima».

El hombre será recompensado por el trabajo de sus manos, dice el libro sagrado. Serán ricas, pues, las manos que trabajan la plata y acarician otros materiales, que unidos se funden en el milagro de la creación. No era mago, pero creaba ilusiones. No era poeta, pero con sus manos escribía versos.

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