Dúo Los Fernández: Acrobacias de fuerza y esfuerzo

Los hermanos jimaguas Marcos Antonio y Miguel Ángel fueron los más laureados en el Festival Internacional Circuba 2009

  1. Galería de fotos Circuba 2009

Autor:

Kaloian Santos Cabrera

El dúo de acrobacia de fuerza Los Fernández se ha convertido en una de las caras de más éxito de nuestras artes circenses. Cobijados bajo el apellido materno, Marcos Antonio y Miguel Ángel consiguen llevar, a una misma dimensión, talento, equilibrio, fuerza e inteligencia. No se trata de un milagroso don, por el contario, es algo muy terrenal. Es el resultado del esfuerzo titánico y las ganas inmensas de realizar sueños.

Recientemente estos hermanos jimaguas, naturales de La Habana Vieja, bien pegados al Malecón, fueron los más laureados en el Festival Internacional Circuba 2009: segundo premio del certamen, el título otorgado por El Rosgoscircus (Circo Estatal Ruso), y el galardón de la Universidad Mesoamericana de Puebla, México.

La buena cosecha no comenzó en la cita habanera cuyas funciones, aunque ya finalizó su jornada competitiva, se extienden hasta el día 23 y, donde este dúo, precisamente, formará parte del elenco.

En marzo pasado los muchachos, de apenas 23 años, hicieron su debut en pistas internacionales: fue en España, en el Festival de Circo de Albacete, donde participaron más de 80 artistas de diez nacionalidades. Los nuestros, bajo una temperatura de cero grados, y a solo un año y medio de haberse graduado en la Escuela Nacional de Circo, alcanzaron la medalla de plata.

Sin embargo, los lauros no marcan exactamente un antes y un después en la vida de Marcos Antonio y Miguel Ángel Pereda.

«Siempre fueron muy intranquilos y unidos», le precisa a este reportero María de los Ángeles, la madre de los jimaguas, durante la noche de premiaciones del Circuba 2009.

Musa del laureado número de acro-bacia que hacen sus dos únicos retoños, Mamacita —como conocen a María de los Ángeles—, habla de lo travieso que eran Los Fernández cuando adolescentes. Sin embargo, enfatiza sobre lo que más le enorgullece: «Son especialmente tiernos. Toda la gloria que han alcanzado hasta ahora no los ha cambiado en nada como seres humanos».

Por su parte, Marcos revela que desde niño era como si hubieran querido desafiar las leyes de la gravedad. «Creíamos que la vía para lograrlo era el deporte. Por eso estuvimos en karate, en patinaje, o nos escapábamos para el Malecón a prac-ticar clavados».

—¿Y cómo llegaron al circo?

Miguel: «En octavo grado estábamos en la escuela al campo y vimos a un amigo haciendo ejercicios de mástil, lo cual nos llamó la atención. Resulta que estaba entrenando para presentarse a las pruebas de la Escuela Nacional de Circo».

Marcos: «Nosotros ni sabíamos que existía una escuela de circo, pero vimos la oportunidad de hacer un deporte de acrobacia. Porque entonces el circo para nosotros era un deporte».

Se estuvieron adiestrando todo el año, mientras cursaban noveno grado. Y, cuando se presentaron a las pruebas de aptitud, desaprobaron.

Marcos: «Nos becamos en un pre en el campo pero no le prestábamos atención a las clases. Nos obsesionaba la idea de poder estar en la Escuela de Circo».

Así que se dedicaron exclusivamente a entrenar durante cinco meses para volver a presentarse. Y esta vez sí lograron entrar.

Los cinco años en la Escuela Nacional de Circo transformaron sus vidas. Se convirtieron en talentosos y versátiles artistas circenses. Allí nació el dúo Los Fernández. En el 2007, año de sus graduaciones, ob-

tuvieron el Grand Prix en el Festival de la Pista Joven de Circo, con el número Vuelo del Pájaro, así como el segundo premio con el dúo acrobacia de fuerza. Además, presentaron un número de acrobacia con suiza.

Miguel: «En la escuela nos convirtieron en artistas, en personas completamente diferentes. Comprendimos que el circo es arte y no un sitio para dar volteretas. Aprendimos maquillaje, ballet, folclor, expresión corporal, entre otras especialidades. Además, teníamos que aprobar las asignaturas del nivel preuniversitario».

—En la acrobacia de fuerza, ¿cuánto hay de músculos, de inteligencia, de equilibrio?

Marcos: «Todo se combina. Entrenamos cuatro horas diarias. Hay que preparar por igual todos los músculos del cuerpo, la concentración: saber encontrar cada punto de equilibrio en cada ejercicio. Y luego descansar como es debido.

Miguel: «Entre los dos nos guiamos, y resulta fundamental la concentración. Por ejemplo, es muy difícil realizar “una mano con una mano”, así como la “parada de una mano sobre la cabeza”. Es uno de los momentos cuando el público más aplaude y grita, y es cuando nosotros estamos más cansados».

—¿El circo para ustedes?

Marcos: «Descubrimos en el circo nuestra verdadera vocación. Pero, además, comprendimos que podíamos alcanzar un sueño por nuestro propio esfuerzo. Nos hicimos conscientes de que para transitar por ese camino teníamos que asentar cabeza y ponerle toda nuestra dedicación y esfuerzo. Y de ese modo lo estamos logrando».

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