Adrián Berazaín: Soy un joven de estos tiempos

En su corta carrera, Berazaín ha compartido el escenario con importantes trovadores cubanos. Hoy ofrecerá un concierto en el Museo de Bellas Artes, de La Habana

Autor:

Aline Marie Rodríguez

Para el joven Adrián Berazaín el diseño es una forma de expresión; y la música, algo único. Escondido detrás de una tímida sonrisa, el Berita es ese trovador que impresiona a todos en cada presentación.

A pesar de su juventud, ha compartido el escenario con cantautores como Liuba María Hevia, Frank Delgado, Vicente Feliú y Augusto Blanca, entre otros. Como si fuera poco, el sonido de su armónica ha acompañado la banda sonora de la telenovela El balcón de los helechos.

Mientras estudiaba Diseño surgió el proyecto La Séptima Cuerda, gracias al cual fueron apareciendo invitaciones a eventos trovadorescos en distintos lugares del país, como Al sur de mi mochila, en Cienfuegos; el Longina, en Villa Clara; y la Jornada Nacional de la Canción Política, en Guantánamo. En ellos, sin más aspiraciones que entregar lo mejor de sí, el Berita, que hoy estará de concierto en el Edificio de Arte Cubano del Museo de Bellas Artes, comenzó a ganar seguidores.

—¿Por qué te interesas por la música?

—Mi abuela estudió piano y a mi padre le gustaba tocar la guitarra, pero nunca me interesé por ningún instrumento, hasta que ingresé al preuniversitario. Un fin de semana, al regresar de la escuela dije: tengo que aprender a tocar guitarra. Me decidí porque estaba claro que con mi cuerpo y mi cara esa era una manera de llamar la atención de alguna muchacha.

—¿Qué influencias musicales reconoces en tu obra?

—Desde pequeño escuchaba a Silvio Rodríguez, Los Beatles y Queen. Mis canciones llevan el sello de Silvio, Pablo, el Benny, el trío Matamoros, pero también de Fito Páez, Joaquín Sabina, con mucho del rock brasileño y el blues de Nueva Orleans.

—Entre la música y el diseño, ¿qué prefiere Berazaín?

—El diseño resulta fascinante, es una profesión que me atrapa. En cambio, la música es algo único. Cuando canto aparece una magia que hace desaparecer los problemas. Al terminar, los aplausos del público se convierten en un momento infinito; esa emoción es incomparable. Quiero dedicarme en el futuro más a la música, aunque no dejaré de diseñar.

—Junto a la guitarra siempre te acompaña la armónica. ¿Cómo aprendiste a tocarla?

—De manera autodidacta. Al principio escuchaba grabaciones de Pablo Menéndez y de Roberto «Keko» Fajardo, miembro del grupo Extraño Corazón. Después me llegaron discos de intérpretes de Nueva Orleans, en los que sonaba la armónica del blues, la que más toco. En el camino existieron personas que me ayudaron, como Santiago Feliú, Keko y José, este último del grupo Sociedad Habana Blues. El secreto siempre estuvo en estudiar mucho.

—Siendo tu padre, Antonio Berazaín, un reconocido humorista cubano, ¿nunca has pensado incursionar en el humor?

—En tiempos del pre pertenecí a un grupo de teatro, donde interpreté monólogos humorísticos escritos por mi padre. De esa experiencia aprendí que lo más importante es primero hacer sonreír a los demás para después ponerlos a pensar. Sin embargo, nunca perderé el sentido del humor, es genético.

—¿Qué significó formar parte de La Séptima Cuerda?

—Surgió en el 2002, a partir del hecho de no tener un espacio donde tocar. Allí se fueron sumando amigos como Mauricio Figueral, Jeiro, Pedro Beritán, Juan Carlos Suárez, quienes crecimos con la peña. Nos reuníamos una vez al mes en la galería de la biblioteca Rubén Martínez Villena. Era como un laboratorio. También tocamos en las facultades de Comunicación, Economía, y Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Nunca nos desintegramos, decidimos que cada uno buscaría su camino. Quizá en el futuro nos volvamos a unir.

—¿Cómo se define Adrián Berazaín?

—Soy un joven de estos tiempos. Me gusta hacer las cosas bien y, sobre todo, me gusta conseguir que las personas a mi alrededor se sientan felices. Trato de ser lo más sencillo y sincero, aunque, a veces, como dice Sabina, digo mentiras piadosas.

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