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Frank Fernández, un hombre orquesta

Una magnífica velada regaló el destacado pianista este miércoles a los habitantes de Las Tunas, que junto a él celebraron el aniversario 213 de la fundación de la tierra de El Cucalambé en el teatro Tunas de esa ciudad

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Noche memorable. No encuentro una manera mejor de calificar la magnífica velada que este miércoles les regaló a los habitantes de Las Tunas el maestro Frank Fernández para que junto a él celebráramos el aniversario 213 de la fundación de la tierra donde El Cucalambé le cantó al río Hórmigo, y de paso permitirnos reverenciarlo por su medio siglo de fructífera vida artística.

Debe haber resultado muy larga la espera para quienes aguardaban con impaciencia que Fernández actuara finalmente en el acogedor Teatro Tunas. Pero la expectativa valió la pena para un público envidiable que demostró una vez más saber calibrar con justeza y reconocer cuándo son testigos de un arte verdaderamente superior.

Como buenos anfitriones, los tuneros recibieron al maestro como merece quien fuera declarado Hijo Ilustre de la ciudad esa misma noche, por la Asamblea Provincial del Poder Popular: con una cerrada ovación que desde el primer momento le anunciaba: nuestra ciudad es tu ciudad; y nuestros corazones, los tuyos.

Consciente de que nada mejor que un buen comienzo, Frank decidió cautivar a los presentes ofreciéndoles su personal versión de dos piezas inmortales: los Ave María de Bach-Gounod y Franz Schubert, con las cuales no solo acarició sus oídos, sino que, definitivamente, los hizo suyos. Apenas se habían acallado los últimos acordes del bellísimo Ave María de Schubert, y el silencio que sobrecogía la espaciosa sala, quedó roto por un «¡bravo!» claro y potente, que presagió lo que sucedería cada vez que Fernández hiciera «enmudecer» las prodigiosas cuerdas de su piano: el reconocimiento rotundo de un colmado auditorio que conocía de siempre su valía, pero que jamás había compartido la experiencia de presenciar el concierto en vivo de un artista capaz de emocionar al más insensible de los mortales.

Amante ferviente de la obra de los padres de la música cubana: Ignacio Cervantes y Manuel Saumell, luego Frank se decidió por cinco de las 40 danzas compuestas por el primero: Un recuerdo, Invitación, Picotazos, Adiós a Cuba —su sentida interpretación de esta pieza evidenció con claridad el profundo dolor y la nostalgia que atormentaron a quien se vio obligado a abandonar su Patria— y Los tres golpes, la más conocida de todas. Y claro, en un concierto como este no podía faltar el homenaje al «más importante compositor para piano: Federico Chopin».

Conocedor como pocos de las creaciones del polaco, e insuperable traductor del lirismo de sus impresionantes composiciones, el premio nacional de Música 2005, quien hace parecer sencilla toda la complejidad de laejecución de estas piezas, eligió para la ocasión el Vals triste Op. 69 No. 1, el Vals en Do # menor Op. 64 No. 2 y, por supuesto, el Vals del minuto Op. 64 No. 1. Después daría paso a otra de sus principales facetas: la de probado compositor, en este caso, de temas para recordadas propuestas televisivas como La Gran Rebelión y Tierra brava.

Su Suite para dos pianos acabó de cerrar por lo alto un concierto inolvidable al que asistieron la primera secretaria del PCC en la provincia, Teresa Amarelles Boué, así como los principales dirigentes del Gobierno y la Cultura. Quienes conozcan el apego de Frank a nuestras raíces y tradiciones, habrán descubierto que al componer la Suite… no hizo más que desahogar toda esa música que ocupa cada partícula de su ser, y que no puede retener.

Esa pieza de Frank viene siendo como las páginas de su diario. Ahí están el Bolero que le corre por las venas y el Vals joropo, género que amó de siempre y que ya no le guarda ningún secreto. Y sin embargo, en una pieza de cinco movimientos, conformada, además, por Conga de mediodía (su tributo a la Conga de medianoche de la Suite afrocubana de Lecuona), Habanera y su insuperable Zapateo por derecho, uno llega a preguntarse por qué esa fuerte presencia de los llanos colombo-venezolanos en esta nueva creación, cuando todo parecía indicar que su homenaje era a la música del patio.

Pero él, como si presintiera la duda, esclarecía que no existía ninguna contradicción. «Después de todo, aunque está todo el aroma de ese mundo, en buena lid la génesis de esa música no está en Manuel Saumell, quien compuso la contradanza La quejosita a principios del siglo XIX, cuando todavía no se soñaba con el joropo». De cualquier manera, la Suite… es una obra rotunda, que refleja no solo las dotes del compositor, sino las del intérprete de estirpe.

Auxiliándose en su propia grabación de uno de los dos pianos (con lo cual asegura que reine un solo espíritu, una sola alma), el maestro establece en Suite para dos pianos una controversia que excita a quien lo escucha tocar consigo mismo. Sobre todo cuan-do se inclina ante la Conga de los Hoyos de Santiago de Cuba con su Conga de mediodía, y es capaz de trasladar con fuerza e inspiración, como si él solo fuera una orquesta, toda la polirritmia de los bocucos, las campanas... (al tiempo que pone de manifiesto que al igual que otros grandes como Lilí Martínez, Rubén González, Peruchín..., es un improvisador fuera de serie). Pero emociona también cuando remata con Zapateo por derecho, dinámica obra donde, sencillamente, se pierden los límites entre lo culto y lo popular.

Continúa la fiesta

No debiera asombrar lo que sucedió este miércoles en Las Tunas, cuando ese mismo programa había pasado con notable éxito la prueba en Canadá. Solo que la presentación de Frank Fernández en el Balcón del Oriente tiene lugar a escasos tres meses de haber transitado por cuatro intervenciones quirúrgicas, justo cuando las celebraciones por sus 65 años de existencia y 50 de vida artística estaban en su mejor momento; y cuando aún le esperan com-promisos como la apertura del año Chopin y las presentaciones en Costa Rica.

«En Cuba los homenajes por estas cinco décadas comenzaron por La Habana y Holguín, donde se interpretaron obras corales mías que casi nadie sabe que he compuesto, y tuvieron continuidad en ciudades como Cienfuegos... Todos ellos muy simpáticos, porque me ponían a trabajar a mí», cuenta sonriente Frank Fernández a Juventud Rebelde, antes de resaltar su actuación en el Amadeo Roldán, a la cual asistió el Presidente de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro, y la que ofreciera para 11 ministros de la Informática en el Memorial José Martí.

«Fuera de la Isla lo primero que hice fue presentarme en Ecuador, donde me invitaron a tocar con la fabulosa Orquesta Sinfónica de Guayaquil, la tierra del Presidente Correa. Luego se materializó uno de mis sueños: actuar junto a la Orquesta Sinfónica Juvenil Simón Bolívar (Venezuela), que está «acabando» en Nueva York, Londres, Suiza..., y está integrada por jóvenes de 13 a 24 años».

—¿Y en qué momento se produjo su primer encuentro con Norteamérica? ¿Por qué no había tenido lugar hasta ahora?

—Mi viaje a Canadá se efectuó después de participar en la gala de clausura del Cubadisco, dedicada a Puerto Rico. Antes de viajar a Norteamérica —no lo había hecho antes porque a pesar de haber recibido un sinfín de invitaciones a Estados Unidos jamás me otorgaron la visa—, mi amigo Danny Rivera me pidió que lo acompañara a él y a Omara Portuondo en el piano. Y me alegro muchísimo de haber aceptado, pues quedará para la historia lo que hicieron esos dos monstruos con la canción Veinte años.

«Inmediatamente después de Cubadisco salí para Canadá. Confieso que tenía mis reservas, porque aparentemente los públicos son distintos, pero enseguida comprobé que si la música está bien compuesta y tocada, no importa que sea clásica, jazzística, popular, india, mahometana o china. La gente sensible la aplaude y vibra, como sucedió con los canadienses en Regina, Vancouver... Sobre todo en el último de los conciertos, donde tuve que hacer seis obras más de las programadas... Pero hasta aquí llegó mi suerte».

—¿Y eso por qué?

—Me dio una neumonía, porque estamos hablando de la zona norte de Canadá, al comienzo de la primavera. Ya sabes que la explosión de polen es muy agresiva para nosotros los asmáticos, y me golpeó. Realicé el concierto con 40 grados de fiebre. Llegué a Cuba y estuve con un asma estacionaria durante más de 15 días. Lo cuento porque es parte de la celebración de estos 50 años (sonríe).

«Luego me dispuse a filmar un videoclip con los Muñequitos de Matanzas —por cierto, acaba de ser nominado al Grammy el disco que les produje, De palo pa rumba—, y, en una tontería de subir un muro, me halaron a petición mía y me fracturé el hombro, por lo cual me temieron que intervenir (después vinieron las otras tres operaciones abdominales). Ahora es que acabo de salir de eso. Espero que tocar para ustedes los tuneros, me traiga suerte».

Es evidente que Frank puede estar tranquilo, porque su actuación en Las Tunas acaba de vencer el karma negativo.

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