Presentan reedición del libro Toda la música

Su autor, Electo Silva, realizó la presentación como parte del XXIX Festival Internacional de Coros, que se celebra en Santiago de Cuba

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Electo Silva tiene esa magia para convertir canciones pertenecientes a otras artes, en versiones corales con un magnetismo increíble. Él cree en ese conjuro en el cual la melodía despierta «un universo sonoro palpitante».

Lo acaba de decir en la presentación de su libro Toda la música, en el Conservatorio Esteban Salas de Santiago de Cuba. Allí dio una lección sobre la especialidad y demostró, con su Orfeón Santiago, mucho de lo que plantea en su texto —que reedita la Editorial Oriente—.

Esa representación de su teoría sobre práctica y academia le tomó a Electo unos minutos en el evento. Resultó uno de los momentos más interesantes de la edición 29 del Festival Internacional de Coros, que por estos días acoge la ciudad más caribeña de la Isla.

El músico santiaguero hurgó en la poesía nacional y extrajo de ella la sonoridad necesaria para que las voces de su agrupación hicieran el resto. Versos de Nancy Morejón, Fayad Jamís y, en especial, los de Nicolás Guillén, fueron entonados de tal modo que parecía que habían sido originalmente canciones.

Y esa es la esencia que descubre el festival santiaguero. Aunque no hay una competencia real, el evento devela la exploración vocal de las agrupaciones, hacia zonas que también hacen de esta música un atrayente punto de referencia en la sonoridad nacional.

Aparecen en los escenarios estilos de vida de la gente, formas de interpretar en la antigüedad, y danzas y músicas tradicionales de regiones de Cuba y del mundo. Los coros las han asumido como fórmulas auténticas de cantar.

Válida resultó la representación del Coro Profesional de Camagüey de la pieza Peze kafe. Su directora, Emilia Díaz Chávez, mostró que ante un tema procedente del patrimonio haitiano, era imprescindible dotarlo de sus bailes, sus vestuarios y su cultura. Los aplausos del jueves en la noche, en la Sala Dolores, lo confirmaron.

Una buena proyección visual igualmente se percibió en la gala inaugural del Festival con los santiagueros de la Camerata Vocal Música Áurea. Ellos con El gato de mi casa, del argentino Antonio M. Russo, le pusieron una dosis de humor a su ejecución.

Move mountain (de Margaret Pleasant), interpretado por el Coro Nacional de Cuba, fue otro de esos temas en los que las voces ganaron esa conexión directa con el público.

En uno de los conciertos de medianoche que el evento preparó, la agrupación habanera —esta vez bajo la batuta de Yaima Fariñas y con los solistas María del Carmen Ávila, Yaceny Peñalver y Bismark Estupiñán—, penetró en la música norteamericana con ingenio. Algo que dejó también en Waltz for Debby (de Bill Evans), y en otras obras con una temática más nuestra como Babalú en La Habana Vieja, de Roberto Valera, y en Vértigo de lluvia, esta última con melodía de Frank Fernández y texto de Guido López-Gavilán.

En otra medianoche, la Camerata Vocale Sine Nomine trajo sencillos que inmortalizara The Beatles en los años 60, como Michelle y Honey Pie.  Con una proyección escénica diferente su directora, Leonor Suárez Dulzaides, quiso integrar otro éxito, esta vez de Queen: Seaside rendevous. Gestos y movimientos, acompañaron la interpretación. De ahí que fue grato apreciar a este grupo, cuyos miembros son hombres, entonando estos clásicos y uniéndolos a su repertorio habitual, que es la música antigua.

Asegura Leonor que hacer este trabajo «es muy difícil y somos cuidadosos en escoger lo que interpretamos, para mantener nuestra sonoridad». En escena, Leonor no los guía porque es característico de Sine Nomine establecer ese diálogo con la gente.

Igual de interesante han sido las noruegas de Pitjs, cinco muchachas que llevan en sus voces el folclor de su país e integran géneros como la bossa nova, el jazz y el pop.

Estos días son de «gran regocijo espiritual». Así lo ha dicho Electo Silva. Por eso ha pedido a su Orfeón Santiago que cante muchas veces Gracias a la vida (de Violeta Parra) y ese otro himno al amor que es Juramento, de Miguel Matamoros. Este último, junto a Iré a Santiago (texto de Federico García Lorca y música de Roberto Valera), han sido muy interpretados en los conciertos y en esas mágicas rondas corales que ponen tradicionalmente punto final al evento.

Varios coros todavía aguardan para actuar. Todos tendrán su momento en el escenario. Unos con influencias de lo nuestro y de particularidades del lugar donde viven, otros más apegados a lo clásico, y algunos integrando ya el concepto de espectáculo artístico a sus presentaciones; pero hay en todos ellos esa reverencia absoluta a esta oportunidad que ofrece Santiago de Cuba.

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