Regreso sin etiqueta

El cantante cubano, Paulo Fernández Gallo, ofrece algunos detalles a los lectores de JR sobre su más reciente producción discográfica

Autor:

Léster Sibila Caraballo

Intermitente en la escena musical de la Isla, Paulo FG ahora sigue muy de cerca su nuevo álbum, Sin etiqueta, que ya se promociona en Europa. En dicho fonograma se nos muestra, una vez más, amante de su público al que considera la razón de su trabajo. Con la sencillez que lo ha caracterizado a lo largo de su carrera profesional, y la cualidad de ser un artista de detalle —como afirma en uno de sus textos—, Paulo FG se ha consagrado como uno de los mejores cantantes populares de nuestro país.

Cuenta Paulo FG que con 18 años, por propio impulso, empezó a componer. «Quería hacer poesía, pero me atraía mucho la arista popular de los textos. En una ocasión, siendo utilero de un grupo, me subí al escenario y canté por primera vez ante un público, improvisando; aquello fue como mi descubrimiento porque muchos músicos que estaban allí me dijeron: “oye, tienes aptitudes para cantar”. Entonces, estudié clarinete en la Cervantes, y después ingresé en Caturla por la noche. Ese vínculo con la música me alejó de tempranas frustraciones en mi vida. Descubrir que eso era lo que quería hacer, fue muy importante para mí».

Mas eso ya es historia pasada. Ahora, el mayor reto en esta etapa de su vida artística es, quizá, mantener el respeto del público y la preferencia por su música. Este empeño pasa —necesariamente— por un apego a su sello distintivo, a la vez que por un toque de frescura en la música que hace, lo cual incluye la incorporación de las nuevas tendencias internacionales del medio.

Por esa cualidad de ser auténtico, su música no solo gusta en la Isla sino que, además, se disfruta en el viejo continente y en América Latina. De ello da fe la gran popularidad que ha tenido en los últimos tiempos fuera de Cuba, cuando se convirtió en 2007 en el salsero del año en Perú, interpretando el tema Confío en ti, perteneciente al disco Un poquito de tó. Y eso lo hace feliz, porque, sin dudas, la música le posibilitó encontrar un asidero a su existencia.

—¿Dónde estaba Paulo FG?

—La escena musical es un entorno de mucha diversidad, donde se apela a recursos con muchos de los cuales estoy de acuerdo, pero con otros no. Yo respeto el cambio, pero tengo mis líneas de trabajo muy bien definidas y obedezco a una historia, le debo cierta música a mi público que fue el que me hizo lo que soy. Intento no traicionar eso, y si me presto para ciertos y determinados esquemas del momento quizá traicione a mi público, cosa que me niego a hacer. Entonces me tomo mi tiempo, el que me es necesario, para efectuar mi trabajo y retomar las ideas para crear infraestructuras, intentando avanzar en ciertos pasos de mi vida artística.

«Una de las líneas fundamentales de los últimos tiempos ha sido fortalecer o consolidar mi carrera en un perfil internacional, porque la visión del entorno musical se ha transformado mucho en el mundo. Siempre me gusta representar a mi gente donde quiera que me encuentre, representar lo nuestro a través de mi proyección pública y en mis canciones. Yo creo haberme ganado el amor y el respeto de mucha gente y eso es algo que no pierdes nunca. Si por estar en los medios debo traicionar eso pues no haré más vida pública y representaré lo que en un momento hice y tiene un valor para mi gente».

—Los códigos populares de tus textos te permiten establecer una relación estrecha con el público. ¿Cómo logras esto?

—Hay una razón muy simple: para mí la escena es como un recinto sagrado y el público es mi Dios. Le debo todo respeto e intento entablar una comunicación casi espiritual con este. Me molesta mucho cuando factores importantes de mi trabajo, pero externos, no funcionan como deberían, porque al violar todo eso no estás respetando al público. A partir de esa interacción en la escena me comunico con la gente y trato de entregarle lo que ellos necesitan.

—¿Qué opinas sobre de ser auténticamente cubano para lograr un espacio internacional?

—Hay elementos que nos definen, instrumentos y sonoridades que nos definen; claro que ser cubano es la clave del éxito en el espacio internacional. Cuando tú revisas la música cubana en el mundo compruebas que no es copia de nada, sino que incorpora cosas pero mantiene el sello que la distingue. Cuando tú pierdes el contexto, pierdes la base que te propulsa hacia el exterior. A lo mejor eres talentoso y creas cosas buenas, pero siempre a partir del contexto tuyo, una vez que lo pierdes desaparece la originalidad.

—Se especuló mucho sobre el título de este nuevo CD...

—No me gusta hablar de lo que va pasar —es una característica mía—, porque los comentarios pueden ser como un bumerán. También está el hecho de tener presión encima de ti, y lo mismo te llega energía positiva que negativa. Por ese motivo trato de hacer guiños de desinformación y poder trabajar tranquilo.

«El nombre del disco me lo propusieron los amigos del grupo, porque opinaban que el texto del tema promocional (Sin etiqueta), me define mucho. El estribillo dice así: “Yo no nací en el Vedado, ni siendo hijo de artista, yo nací por Marianao y me crié en Buena Vista./ Yo le canto al amor, a los hombres a las mujeres, también le canto a los niños y a lo que mi gente quiere; y es que yo canto pa’ todos y eso es lo que me mantiene, yo canto pal’ que le sobra y también pal’ que no tiene».

—¿Qué esperas con este disco, después de tanto tiempo?

—Hoy me ha sido más difícil hacer un disco que en los primeros años. Obviamente escobita nueva barre bien, pero esto es un trabajo que obedece a una historia y las expectativas deben, al menos, mantenerse. Y si se puede, sobrepasarlas. Este segundo aspecto me crea un poco de «ruido» porque me pregunto: ¿Un paso más?, ¿cuántos pasos más? Aunque en materia musical el público sabe más o menos como canto, pienso mantener a mi gente con una nueva propuesta y, al mismo tiempo, cumplir con las exigencias de la contemporaneidad.

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