Desde la proa de Reynaldo González

Un grupo de escritores, lingüistas y literatos se reunieron este lunes en la Feria Internacional del Libro de La Habana, para reflexionar sobre tres textos imprescindibles del destacado autor cubano

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

Mirar desde la cúspide del barco hacia la proa de los hechos artísticos, sin ruborizarse y con el compromiso de aportarles a los lectores herramientas útiles ante tales acontecimientos, es el recuerdo que conservo de Desde mi proa, esa especial sección de Reynaldo González en Juventud Rebelde.

Pero la visión de Reynaldo ha ido, conjuntamente con esa práctica periodística, en línea recta hacia la vida, hacia ese particular transcurso nuestro. De ahí que este lunes un grupo de estudiosos de su obra, impresionaran con sus análisis al auditorio de la Feria Internacional del Libro de La Habana.

Emociona saber que el escritor haya vuelto sobre los pasos de la tele y radio novelas, luego de su excelente volumen Llorar es un placer. Ahora puso su punto de mira en Félix B. Caignet, al cual calificó como El más humano de los autores.

Jaime Sarusky hurgó esta mañana esta novela de González y extrajo la frase exacta sobre B. Caignet: «Maestro de todo y aprendiz de nada». Con el epíteto se cuenta también el entramado del relato, decía y se apresura a señalar que El más humano... enriquece el contexto histórico del su protagonista, al aportar detalles de su vida.

La maestría técnica apreciada en los escritos de Reynaldo fueron reconocidos por Eduardo Heras León, quien al analizar Siempre la muerte, su paso breve, descubrió una prosa viva y un lenguaje rico y dinámico.

Para Francisco López Sasha el mérito mayor de ese libro es el de convertir en universal, la vida de un pueblo de provincia en plena dictadura batistiana. Porque allí se palpa ese rasgo revolucionario y osado de dominar el idioma, de convertirlo en instrumento de sus narraciones. «Siempre la muerte, su paso breve, es la historia del crecimiento a hombres de sus personajes», sentenció López Sasha.

Es que las entregas del destacado autor son un disfrute seguro para quienes las lean. Al cielo sometidos, por ejemplo, constituye para la lingüista Marlén Domínguez un paseo por el cielo con los ojos cerrados, donde se le develan personajes reales o de ficción.

Porque Reynaldo, como afirmó José A. Baujín, siempre se ha apartado de los caminos transitados. Él, ya sea desde la literatura diaria que es el periodismo, o a través de las novelas que se presentaron este lunes en La Cabaña, ha descubierto la fórmula de mira desde su proa esa realidad que todos vivimos y «fotografiarla» siempre.

Otras reverencias

El universo se detiene, de vez en cuando, a hacerle una reverencia a todo aquel que posee un don y hace partícipe de él al resto de los mortales. Gracias a que Reynaldo González ha compartido su andar por la cultura cubana, se le rinde tributo en la voz de escritores, periodistas y críticos.

La escritora Margarita Mateo reconoció que su fecunda obra debe ser de obligada consulta para todo aquel que desee conocer las raíces y los frutos de nuestra historia, pues el periodista, editor y también ensayista cubano siempre ha trabajado desde nuestra identidad. De ahí su valor universal.

El autor de Llorar es un placer fue uno de los primeros en acercarse críticamente a la obra de Lezama Lima y, en el afán por brindar un análisis más intenso y abarcador de su vida y sus principales títulos, nos ha dejado brillantes ensayos, género literario en el que ha transitado con astucia y creatividad; esencias de Lezama revisitado, una de las propuestas editoriales que nos llega en esta ocasión, explicó Mateo.

En su perspicaz contribución al patrimonio cultural de nuestro país, Luciano Castillo, crítico de cine, ponderó el aporte de Reynaldo a la historiografía del séptimo arte con su obra Cine cubano: ese ojo que nos ve. En sus amenas páginas podemos asistir al debate que en torno a la filmografía nacional se ha suscitado en la Isla en diferentes etapas. Ejemplo de maestría y síntesis de quien fuera director de la Cinemateca de Cuba durante 11 años.

Difícil resumir su quehacer periodístico, explicó Pedro de la Hoz, pero mencionó algunas de las publicaciones que fueron testigos de su enjundiosa pluma, como La Gaceta de Cuba, Revolución y Cultura, Bohemia..., en las que como director o como periodista, su nombre se puede asociar a una larga lista de trabajos únicos en la historia del Periodismo.

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