Exponen en JR jóvenes artistas de la plástica de La Güinera (+ Galería) - Cultura

Exponen en JR jóvenes artistas de la plástica de La Güinera (+ Galería)

La muestra refleja los «misterios» y realidades de uno de los más populares barrios de La Habana... u otro retrato «marginal» de lo cubano

Autor:

René Tamayo León

Ultimátum, la primera exposición del grupo Corasón i uevo, integrado por jóvenes artistas de la plástica nacidos y criados en La Güinera, se inspira en el barrio. Intenta retratar, en sus intimidades y desgarraduras, catarsis y mejoramientos, potencialidades y superación, a uno de los asentamientos más populares y mentados de esa Habana profunda y notoria a los que todos los cubanos, de aquí y de allá, siempre apelan.

Imágenes soeces, palabras hirientes, rostros dolidos y escenas que hacen doler, frustraciones... Esperanzas...

Antonio Alejandro Orta Sánchez y Maykel Armenteros Rodríguez, graduados de la Escuela de Arte de San Alejandro; Renier Falcón Suárez, instructor de arte, y Pedro Pablo Bacallao, pintor autodidacta, son el núcleo de Corasón i uevo, a quienes en esta ocasión se les agrega Yoisbel Campo Leyva, un adolescente de una escuela secundaria que impone una fresca y diáfana vivencia a esa retrospección vivencial y cultural que es Ultimátum.

Se trata de una experimentación estética donde se construye el relato de la marginalidad desde el neoexpresionismo o esa incisiva «inocencia infantil» que rechaza lo naif, pero apuesta al llamado «arte bruto» para retar esos haceres y pensares instaurados en lo más profundo de la posmodernidad cubana.

Bajo el sesgo de lo barrial, lo marginal vuelve aquí a quedar al descubierto como denuncia de una re-semantización ética, estética y lingüística de lo cubano que se presenta como ilegítima, aunque realidad inocultable.

Ultimátum, un retrato de La Güinera, recrea conductas y expresiones que se han instaurado en lo popular de la nación en las dos últimas décadas. La Güinera también es Cuba, isla donde en los últimos años lo marginal, a veces como solución de supervivencia, otras como simulación, pareció monopolizar ciertos espacios.

Sin ser rechazo de moda o Pepe Grillo de la pintura, Ultimátum se asienta en el vivir y pensar de un grupo de jóvenes que, al abrir la ventana en la mañana, son golpeados por esas realidades que nos despiertan en La Güinera, pero también en el Vedado o Maisí, Sandino o Esmeralda, Unión de Reyes o La Lisa.

Se trata de una iniciativa que apenas comienza. Unas pocas obras han superado el peso de la experimentación y el taller de cientos de piezas desechadas. El proyecto comunitario, que en sus inicios tuvo como fuente matriz al programa Barrios Sostenibles de la Cuenca Almendares-Vento —liderado por el Parque Metropolitano de La Habana y el Comité Internacional para el desarrollo de los Pueblos—, descansa también en el Centro de Iniciativas y Referencias Comunitarias de la UNEAC y en la Fundación Antonio Núñez Jiménez.

Es un esfuerzo por la promoción y el desarrollo del arte y el trabajo comunitario, que otra vez se crece en una localidad como La Güinera: un sitio mágico donde, a pesar de las estigmatizaciones, hay un nicho de la cultura cubana, demarcado por la vieja residencia, al sur, de la familia de Eliseo Diego y su canto a la Calzada de Jesús del Monte, y al norte por la finca Hurón Azul, donde Carlos Enríquez se sumó a la construcción de la vanguardia de las artes plásticas cubanas del siglo XX.

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