Nuevas veredas para la música campesina

Cubadisco 2010 ha instado a las discográficas a mirar en el género, el cual cuenta con potencialidades comerciales y demanda de público

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

El tres, el laúd y la guitarra dialogan cordialmente. El canto dibuja un paisaje campestre sinigual. Las voces impecables y las letras se acomodan a una rima que no achica la belleza de la poesía.

Tal imagen musical se palpa en Mis raíces, el álbum que ganó uno de los grandes premios de Cubadisco 2010. En él la cantante María Victoria Rodríguez y el tresero Pancho Amat se unen para interpretar temas antológicos de la música guajira, e incluyen títulos contemporáneos ya imprescindibles en el género.

Esta vez el certamen fonográfico ha colocado como eje central a la música campesina, y ha instado, con la apertura de una categoría en sus premios, a las discográficas a hurgar en ese amplio espectro de cultores que posee el género.

Ha sido claro el mensaje del jurado y el Comité Organizador de la Feria al laurear Mis raíces. Estamos, dice a JR la musicóloga Nerys González Bello, enviando señales para el futuro, a todos los que de algún modo nos pueden apoyar a estimular la producción discográfica cubana. Porque «queda en evidencia con este disco que está más que garantizado el futuro de la música campesina».

La también presidenta del Comité del Premio explica que el dedicar el evento a esa manera de componer, propició una positiva respuesta de las disqueras, «que se sintieron estimuladas para producir este tipo de música, para nada privilegiada anteriormente».

Pero todavía quedan interrogantes: ¿Merecen los cultores contemporáneos del género llegar a los estudios de grabación? ¿Responde la música campesina a los parámetros comerciales? ¿Existen estrategias concretas en las disqueras para grabarla sistemáticamente? ¿Habrá un después para este tipo de melodía en la fonografía nacional, luego de la iniciativa promovida por Cubadisco?...

Alrededor del punto de partida

«Hay talento, solo tienen que ir para los campos, que es donde más se cultiva la música rural», sostiene la cantante María Victoria Rodríguez; aunque la intérprete asegura que este arte igualmente encuentra a sus protagonistas en la ciudad. «Fíjate que yo nací aquí en el Vedado y Pimienta (Alexis Díaz), que es una “fiera” en la poesía, nació en San Miguel del Padrón», expresa.

María Victoria siente que «hay que darle más atención a este género y ponerlo en el lugar que merece», pues son nuestra raíces y no deben «perderse».

Pancho Amat, su co-protagonista en Mis raíces, revela que buscaban un fin mucho mayor con ese álbum: «llamar la atención sobre el caudal tan rico que hay en la música rural y de todo lo vivo que tiene».

¿Resulta muy difícil grabar?, preguntamos a un grupo de repentistas que por estos días participa en la XIV Feria Internacional Cubadisco. Lázaro Reutilio Domínguez reconoce que este año, gracias al evento fonográfico, las disqueras se han acercado ellos. Sin embargo, ese «tres por cuatro» que significa la posibilidad de grabar «no le llega a todo el mundo, esa experiencia la tienen los grandes músicos».

El repentista Luis Paz (Papillo) siente que deben tener una mayor representación en la fonografía. «Las discográficas están más centradas en el producto de mercado y en la demanda del público, pero esta es una música de identidad y de defensa de nuestros orígenes», apunta.

Alexis Díaz Pimienta, quien acaba de recorrer la Isla con su gira Se formó la guajirá, piensa que llegó el momento de que se pierdan «los prejuicios que deben estar pesando y que los repentistas actuales que poseen calidad, tengan sus propios álbumes. Que queden para la historia las voces de Jesusito y Omar, Teresita Quiala, Papillo, Emiliano Sardiñas, de los jóvenes que están surgiendo y, sobre todo, de los niños que están en las escuelas de repentismo, para que vean un futuro en este género».

Una larga tonada

Cubadisco 2010 salió al encuentro del movimiento de repentistas y los ha convocado en su Canturía por la Patria. Acudió a su ambiente natural y desde allí se cantó por alrededor de 300 horas interrumpidas, tonadas, seguidillas, improvisaciones, controversias...

El evento ha estimulado el debate sobre tan medular asunto al reunir a estudiosos de la temática, profesionales del mundo discográfico nacional y músicos. Así se ha palpado en el Simposio Internacional y los Talleres de creación, que sesionan en Casa de las Américas desde el lunes último.

No obstante, una de las grandes disyuntivas encontradas por este diario entre artistas y especialistas está en la escasa posibilidad de reflejar en discos todo el espectro de cultores que posee ese estilo. Ramón Batista, director de la Casa Iberoamericana de la Décima, apunta que el tema constituye un reclamo de los participantes en los coloquios Iberoamericanos de la Décima, que se desarrollan en las Jornadas Cucalambeanas de Las Tunas.

«El Cubadisco dedicado a la música campesina remueve los cimientos. Está buscando sensibilidades porque hay mucho material inédito en los archivos de las discográficas, esperando a que se editen y puedan ser adquiridos por el público», comentó Batista, el pasado sábado en la Gala de Premiaciones del certamen.

Alexis Díaz Pimienta, presidente de Honor de esta edición de Cubadisco, hace su análisis desde las propias propuestas presentadas a esta edición del concurso. Él opina que «es una paradoja que el evento esté dedicado a los repentistas y no haya un disco de repentismo». Salvar esa contradicción, asegura, no es una invitación, sino «una obligatoriedad de las discográficas cubanas».

Un mercado monte adentro

¿Son comerciables las propuestas de la música campesina? Sus cultores afirman que sí. El problema, explica Alexis Díaz Pimienta, está en el desconocimiento que existe sobre este tipo de melodía.

«No creo que haya mala fe en no grabar. El público se ha ido alejando del género por la falta de promoción y esto hace que se desconozca la calidad de nuestros repentistas».

Subraya el autor del texto Confesiones de una mano zurda,  que hay «un grandísimo mercado latinoamericano esperando por los repentistas cubanos, y existe otro en la Isla aguardando por estas obras».

Ela Ramos, gerente general de la disquera Bis Music, coincide: «En la música campesina existe un caudal increíble, con posibilidades de hacer buenos proyectos, que serán altamente valorados por distintos jurados y no solamente porque son para premios, sino para dejar fijada una obra que, con el paso de los años, se ha ido quedando atrás», destaca.

Ramos indica que Cubadisco 2010 ha sido un motor impulsor, «pero ya estamos trabajando para el año próximo».

Bis Music ganó el gran premio de esta edición del certamen con el CD Mis raíces. Ahora anuncia que «habrá otras sorpresas, como la del proyecto Parrandeando entre lomas, que grabará a una agrupación de Arroyo Blanco y otra de Florencia».

¿Existe un mercado para fonogramas de música rural? Ela Ramos responde que sí y reconoce que es necesario buscar esos «nichos» comerciales, porque se salen de «los espacios que habitualmente trabajan» las discográficas.

Dos ejemplos recientes de cómo insertar estos álbumes lo ilustran: «Han agradecido en las Islas Canarias, Colombia, México y Panamá la llegada de La canturía. Décima, punto y tonada y Mis raíces», sentencia Ela.

Otros matices

«No hay que tenerle miedo a grabar música campesina», alega Élsida González, directora musical de la EGREM. Su casa editora tuvo como nominado a Cubadisco 2010 a Auténtico sucu sucu, del sexteto Cinquillo Pinero.

¿Dará la disquera cabida a los jóvenes valores del género?, interrogamos a Élsida. Piensan en un proyecto de DVD, pero, «por su complejidad, todavía no hemos podido hacerlo, aunque intentaremos concretarlo el año que viene. Allí captaríamos musicalmente lo que sucede en un campo de Cuba.

«El año pasado hicimos Soy la décima guajira, un bellísimo disco que resultó premiado en Cubadisco 2009, en la categoría de música folclórica».

Ese álbum, expresa Élsida, era un anhelo de muchos años. «Queríamos que fuera novedoso y no estuviera anquilosado. Deseábamos que las personas lo recibieran bien, por la ausencia de tanto tiempo sin hablar de esta música».

Entre las proyecciones futuras de la EGREM sobre la música guajira está la edición de una compilación que saldría de los archivos de la disquera.

«La recopilación saldrá quizá para 2011. La doctora María Teresa elegirá de todo lo que se ha grabado, para llevarlo a dos volúmenes e incluirlos en nuestra serie Original de Cuba», puntualiza Élsida González.

Grabar para el futuro

«A las casas discográficas toca una gran responsabilidad, porque tienen el deber de no dejar que se pierda una décima, una tonada, una canción, un punto, como ha sucedido».

Así manifestó en la gala inaugural de Cubadisco 2010, Ciro Benemelis, presidente de su comité organizador. «Siempre repito lo que ha dicho Leo Brouwer: “El sonido se pierde en el mismo instante que se produce”, o el axioma de Silvio Rodríguez de que para un músico, una grabación es como garantizar la posteridad».

La música campesina es una de nuestras expresiones más genuinas. Para preservarla son vitales los medios de comunicación y las disqueras, a quienes toca, como pronunció Benemelis, adentrarse en sus esencias, develar el trabajo de sus exponentes y palpar que allí existe un mercado potencial. El inicio del camino ya se ha mostrado, los frutos pueden estar a la vuelta de la esquina.

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