Bienvenidos al reino del Caribe

La Fiesta del Fuego trasciende cada año porque muestra a los portadores de las culturas populares como en sus escenarios naturales

Autores:

Yelanys Hernández Fusté
Odalis Riquenes Cutiño

SANTIAGO DE CUBA.— Como en aquella historia carpenteriana donde la trama toma su esencia de lo popular, se asomaron a esta ciudad las tradiciones de la región y nos deleitaron con una ceremonia mágico-religiosa, tal y como la describiera el autor de El reino de este mundo.

La Fiesta del Fuego, como dijo en las palabras de bienvenida el presidente del Comité Organizador, Orlando Vergés, sirvió para mostrar las peculiaridades de cada cultura, y, a partir de ahí, enfatizó lo caribeño de cada nación, más allá de su ubicación geográfica.

El apego de Ti Noel —aquel personaje creado por Carpentier— a las raíces de su pueblo encontró eco en los participantes de la edición 30 del Festival del Caribe, quienes se reunieron aquí desde el pasado sábado hasta la jornada de ayer.

Una amplia delegación extranjera también hizo escala en la localidad oriental, con una cifra que sobrepasó los 1 300 integrantes. Todos vinieron con el deseo de exhibir lo que siempre los ha identificado.

El zigzag de la serpiente

Las más de dos horas que tomó recorrer el lunes último la céntrica Calle Aguilera, desde Plaza de Marte hasta el Parque Céspedes, ha sido una muestra gratificante de cuánto el Festival del Caribe ha podido contribuir a exaltar las creaciones de personas y comunidades.

Con esa fuerza artística irrumpió en la conocida arteria santiaguera el Desfile de la Serpiente, que destaca nuestro sincretismo en sus más variadas corrientes, con grupos como los santiagueros de Nagó o el Cabildo Cimarrón.

También realizaron el tradicional periplo agrupaciones que defienden otras expresiones que distinguen a regiones de la Isla, como los bandos Rojo y Azul, de Majagua (Ciego de Ávila), o la contagiosa conga de San Agustín, oriunda de la ciudad sede del evento.

El desfile también estuvo lleno de matices costumbristas con la presencia de los artistas foráneos. México se hizo notar desde los acordes del conocido tema El Rey y las coreografías que mostraban el zapateo. Mientras, Argentina dejó una estela de aplausos con la impecable ejecución de sus bailes folclóricos.

Pero fueron la Isla de Curazao y el estado brasileño de Pernambuco —las dos regiones a las que la Fiesta del Fuego rinde tributo—, las que matizaron el zigzag cultural de la Serpiente.

Curazao exhibió su colorido, música y danza insulares. Pernambuco reflejó su visión del carnaval, y desfiló con sus figurantes y sus llamativos e ingeniosos adornos. Lo hizo al ritmo de la samba y como cierre escogió a la atómica Bomba de Emeterio, una orquesta que hizo sudar a los más exigentes bailadores.

El que nos une

Cada año acuden a Santiago de Cuba estudiosos y representantes de culturas populares cuyas naciones están bañadas por el Caribe, aunque no se excluyen otros pueblos que reflejan los matices de nuestra región en su hacer artístico.

Tres décadas ininterrumpidas de Festival confirman cuánto ha propiciado este evento el debate y el intercambio cultural. Joel James Figarola también ha sido clave en la organización de estos espacios y su impronta se percibe en cada edición de la Fiesta del Fuego.

Para esta ocasión se describe a nuestra zona geográfica desde las muestras de artes plásticas y cinematográficas, el taller de música, el Encuentro de Poetas del Caribe y del Mundo Jesús Cos Causse, y el coloquio El Caribe que nos une.

Varias instituciones de la ciudad acogen esta cita cultural, como la Casa del Caribe, el Teatro Heredia, la librería Ateneo, la sede de la UNEAC, el Conservatorio Esteban Salas, los cines Cuba y Rialto, y las casas de la Trova y del Joven Trovador.

Real y maravillosa

Deambular por la ciudad en estos días puede inspirar los mejores libros. Acá pueden impresionarse con los toques perfectos de la Steel Band de El Cobre, o con esa mezcla de sincretismo y teatralidad que Estudio Macubá, grupo que dirige la maestra Fátima Patterson, le impregna a sus actuaciones.

Resulta una invitación imposible de declinar venir a Santiago en esta fecha, pues el evento trasciende por mostrar a los portadores de las culturas populares como si estuvieran en sus escenarios naturales. De ahí su éxito, su notoriedad.

La quema del Diablo, uno de los momentos más esperados, despidió este viernes el Festival. No para decir adiós, sino para reiniciar el ciclo que en 2011 tendrá como país homenajeado a Trinidad y Tobago.

Porque la Fiesta del Fuego tiene la capacidad de tejer un hilo invisible entre todas las expresiones caribeñas y es capaz de propiciar un diálogo entre estas, de poner el espacio para que todas converjan, quizá de forma tan real y maravillosa como en el mítico reino recreado por Carpentier.

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