La Conga de Los Hoyos arribó a sus 108 años

Sus estribillos y contagioso ritmo son un viaje a las esencias mismas de su gente, del barrio santiaguero donde surgió

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

La corneta china dictó el estribillo. Le siguieron los instrumentos de percusión, muy variados en su forma y tan acoplados en el toque. El jefe de la batería hizo un puño de su mano y se dio tres golpes en la parte izquierda del pecho.

«¡Que suene de akokán (de corazón, en yoruba), caballeros!», les pidió a sus músicos y fluyó la peculiar melodía. Eran las cinco de la tarde del pasado 8 de julio. Una multitud colmaba la esquina de las calles santiagueras de Callejuela y Julián del Casal. El barrio de Los Hoyos vibraba a través de un arte que iba a las esencias mismas de su gente y los dibujaba en genuinas claves de do, re, mi, fa, sol…

Era un duelo de dos contrincantes que se conocían bien. Sin embargo, uno llevaba a cuestas la tradición de 108 años de hacer «arrollar» a sus seguidores. La añeja Conga de Los Hoyos contestó con todo su arsenal al reto de Paso Franco —otra de las seis agrupaciones de ese tipo que existen en Santiago de Cuba—, y su barrio se llenó de regocijo; tanto que acompañó a sus músicos hasta la avenida Martí, con ese pasillo que solo dominan perfectamente los oriundos de la urbe oriental.

¿Van a vencer este año en los carnavales?, le pregunto a Félix Bandera, un hombre que ha dedicado más de cuatro décadas de su vida a la Conga de Los Hoyos y los últimos 11 años a guiarla.

«Con la disculpa de todos nuestros colegas, vamos a ganar», asegura, mientras saluda a los vecinos desde dentro del «volcán» sonoro.

«Este es un barrio de tradiciones», comienza a explicar Bandera antes de cursarme la invitación para asistir al singular «duelo» con Paso Franco. «Aquí los muchachos desde que nacen, cantan. Es el único vecindario al que no viene gente de otros lugares a tocar.

«Te digo algo más: en esta conga hay muchas familias, desde que fue fundada el 25 de julio de 1902 —día de carnaval y de Santiago Apóstol. Mi padre y mi tío estuvieron aquí y tres de mis hijos. A ellos los traje desde que cumplieron tres años, y ya uno tiene 28, el otro 29, y el mayor cumplió 37.

«Yo mismo empecé como pendonero a los diez años, y aunque estuve fuera para cumplir con el ejército regresé a los 21 como coreógrafo, pues se valoró mi experiencia en el montaje de bailes de quinceañeras. También fui director de percusión, hasta que me designaron para dirigir la conga en 1999, tras la muerte de Sebastián Herrera Zapata (Chan), a quien quería como un padre».

—¿Recuerda qué coreografía suya ha impactado en el carnaval santiaguero?

—La del año 73. Se celebraba aquí el aniversario 20 del Asalto al Cuartel Moncada. Estrenamos Ritmo, baile y fantasía.

—¿Cómo fue aquello?

—Integré un grupo de rumba y yo, que nunca la había bailado, ese día también me moví. Sacamos a una bailarina y, como había una pizarra humana, el bailarín no podía llegar a ella. Yo estaba cerca. Le comenté al antiguo director: «Si hay que bailar, lo hago». Y cómo me aplaudieron… De ahí para acá me incluyeron entre los grandes.

En los ojos de Félix Bandera se percibe cuánto le emociona hablar de la centenaria agrupación. Historiar no es precisamente su deseo cuando se deja entrevistar. Solo desea que se conozca lo que se hace tanto en el Foco Cultural de la Conga de Los Hoyos, como en ese fascinante mundo que crean, siempre en el mes de julio, cuando ensayan para las fiestas más populares de su terruño.

«Esto era tan reducido en 1973 como una pequeña cocinita», precisa sobre el lugar donde conversamos, el local del Foco Cultural. «Aquí guardábamos nuestros instrumentos, pero el primer secretario del Partido en la región en aquel entonces, se comprometió a hacernos un local y el 18 de enero de 1980 nos lo entregaron. Cumplió 30 años en 2010».

Dos fotografías cuelgan en la pared principal del local. Cada una con un significado especial para quienes laboran en la instalación. La del general Guillermón Moncada se encuentra ahí porque «fue batutero» de una conga, pues «en la época de los mambises también estas eran utilizadas por los insurrectos para rebelarse contra los españoles», señala Félix.

La instantánea de Gladys Linares, la mujer que tocó la campana como ninguna otra en el grupo, está allí para recordar y reconocer a la dama que impresionara al Comandante en Jefe en 1979, en una de las presentaciones de la conga en la capital, al distinguirse su toque entre los de los tambores.

Un mural pictórico detalla el paso arrasador de la Conga de Los Hoyos. De la inspiración de Alberto Lescay, la obra destaca los zapatos que se quedan olvidados en las calles al arrollar, los paraguas que usan los bailadores para cubrirse del sol o la lluvia…

—¿Qué labor desarrollan en el Foco Cultural?

—Hacemos trabajo comunitario. Preparamos a los niños del barrio para integrarlos en la conga y nos visitan las escuelas. También se llegan por acá estudiantes universitarios que desean realizar estudios de tesis sobre la agrupación y el barrio. Esto nos satisface mucho. Hasta ahora todos han obtenido el máximo de puntos en sus evaluaciones. Es que la Conga de Los Hoyos tiene una gran historia. Cuando se habla de la ciudad también se piensa en nosotros.

—Añoranza por la conga, ese tema de Sur Caribe, lleva mucho de ustedes…

—Fue algo muy especial. El videoclip arrasó en los premios Lucas de la televisión. Lo filmamos aquí en el barrio, en El campito. Los Guaracheros de Regla ayudaron en las danzas. A ese tema nosotros le aportamos la percusión y la corneta china, que tanto nos identifica, y Ricardo Leyva integró al ritmo instrumentos de metal, pianos… Aunque desde 1997 mezclábamos ya algunas cosas, porque la conga ofrece conciertos de una hora y 45 minutos.

—¿Cómo logran mantener la cadencia melódica durante tanto tiempo?

—Lo hicimos en México. Fuimos en una delegación en la que además estaba el maestro Adalberto Álvarez, que quedó sorprendido, porque observó que no solo interpretamos un género.

—¿No se han preparado para grabar un disco?

—Tenemos uno. Una disquera inglesa nos hizo la grabación en los Estudios Siboney de la EGREM. El fonograma contiene números como A Santiago a pie y Cuba, qué linda es Cuba.

—¿Quién es Mayeya, la que no debe jugar con los santos?

—Ese nombre está en los viejos estribillos que siempre cantamos cuando arrollamos. Es algo que está vivo en la tradición popular y Ricardo Leyva lo tomó.

—¿Qué otros estribillos entonan?

—Muchos: Uno, dos, tres, cuatro, abre que ahí viene el Cocoyé*; Señor sereno, ¿por qué me manda a dormir? ¿Por qué me manda a dormir?, con tanta gente en la calle y un solo guardia; Aguacero de mayo, va a llover...

—¿Han podido calcular hasta dónde llega el sello de sus melodías?

—Hemos representado a Cuba en eventos nacionales e internacionales. En 1985 estuvimos en Guyana y en Barbados celebrando con esos pueblos sus aniversarios de la abolición de la esclavitud. En 1992 y en 1994 visitamos Cancún, México. Ese último año, una parte de nuestra agrupación viajó a Francia, país al que regresamos en 1998 cuando se celebró el Mundial de Fútbol. Y en 2002 nos fuimos al carnaval de República Dominicana. Ahora pensamos ir en febrero al carnaval de Río de Janeiro, en Brasil.

—Dicen que esa fiesta es una de las mejores del mundo.

—Estamos preparando un concierto fuerte. Tenemos muchos valores para hacer nuestra música.

Félix Bandera confía en causar buena impresión en tierras cariocas. La prueba de fuego la ha tenido en Santiago de Cuba. Su agrupación es la única que «invade» cada año las sedes de sus similares: El Guayabito, Paso Franco, San Agustín, Alto Pino y San Pedrito. «Son cuatro horas de recorrido en el que bailan más de 20 000 personas», declara.

Luego vino el carnaval de la ciudad. La búsqueda de fórmulas que les permitan conservar la sonoridad y las coreografías ha sido una constante para alistarse en estos festejos.

«En 2009 la conga no compitió, porque era una agrupación centenaria y el concurso era para las de menor edad, pero la población, por su sentido de pertenencia, comenzó a manifestarse por que debíamos entrar en la competencia y en este año sí lo hicimos», apunta.

¿Cómo es posible que apenas un centenar de personas sea capaz de movilizar a miles? Bandera no quiere revelar cuál es el secreto. Solo da una pista: «Es el barrio», aunque ya no reside en el lugar donde creció, pues «hace siete meses que vivo en el reparto 30 de Noviembre». Mas, es allí, en los predios de su antigua morada, desde donde fomentó ese amor que lo lleva hoy a decir: «Esta conga es mi vida». Es allí donde todos los días él y sus colegas transmiten el arte de tocar el tambor y la corneta china, donde matizan la historia cultural de su ciudad, con la creación salida de su gente.

*Cocoyé es la denominación que identifica a uno de los más conocidos estribillos de la Conga de Los Hoyos. Aunque muchos lo conocen de otra manera, aclara Rafael Rodríguez, tercer director de la agrupación, que el nombre correcto es Cocoyé, tomado de una sociedad de Tumba Francesa que estuvo situada en las cercanías del Foco Cultural del grupo, que ya lo usaba en sus estribillos en 1939.

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