Esther vivirá otro siglo

Recibe Esther Montes de Oca el homenaje de la Asociación Hermanos Saíz y de otras organizaciones por su centenario de vida

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

San Juan y Martínez, Pinar del Río.— Una canción de Miguel Matamoros es tarareada por Esther Montes de Oca: Si el amor hace sentir hondos dolores/ Y condenan a vivir entre miserias/ Yo te diera mi bien por tus amores/ Hasta la sangre que hierve en mis arterias.

Eduardo Sosa, el trovador, pone su voz más segunda y Esther, que cumple un siglo de vida, lo sigue en Juramento, ese sensible tema del compositor santiaguero. A ambos los rodea un público especial. Han ido a la Casa Museo Hermanos Saíz para celebrar este tiempo de vida de una mujer que ha amado a la Isla desde que nació en 1910, y que ha sentido, desde el 13 de agosto de 1957, el abismal dolor de la pérdida de sus hijos, Luis y Sergio Saíz, causada por la brutalidad de la tiranía batistiana.

En un alto de los cantantes, Lázaro Castillo, vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), le pregunta cómo se siente una persona cuando ha vivido un siglo. Esther, lúcida y con ganas de continuar el concierto que la llevó a cantar Nosotros, Historia de un amor, Veinte años, Quiéreme mucho…, responde con humor: «Queriendo vivir otro».

Su vida ha inspirado a las cubanas y cubanos. En su hogar, ubicado en una pintoresca localidad de la geografía de Vueltabajo, parece que el tiempo se detuvo para erigirse como un monumento, para recordarnos cuán cruel fue ese pasado, para mostrarnos también cuánto de valentía hay en esta mujer que se incorporó tempranamente a la Campaña de Alfabetización y fue fundadora de organizaciones como la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y los Comités de Defensa de la Revolución.

«Ya no tengo fuerzas para dar clases como a mí me gustaba», dice Esther ante la interrogante de uno de los visitantes sobre su eterna vocación como pedagoga. Cumplió cien años ayer. Está llena de fuerza, le inspira el legado de sus hijos y de su esposo Luis.

Una foto de Vilma Espín y ella, en la última visita a Pinar del Río de la heroína de la Sierra Maestra, le es obsequiada. Esther la hace poner en su cama, donde igualmente hay muchos ramos de flores.

«Estoy muy contenta de que estén aquí y soy la de siempre», sonríe Esther a sus vecinos y a representantes del Gobierno, el Partido, la Federación, la Asociación de Combatientes de la Revolución y la UJC en la provincia. No pierde oportunidad y dedica un momento de su onomástico a conversar con un grupo de noveles creadores. Les habla. Les aconseja. «Los jóvenes artistas deben estar a la altura de Cuba y tratar de ser cada día mejores», los despide, con esa vocación de revolucionaria que siempre ha tenido.

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