El drama de la posesión artística

Una especie de homenaje a ese deseo tormentoso será Sobre tus ojos, una propuesta audiovisual dirigida por Rufo Caballero, en la que se hibridan el videoarte, el corto de ficción y el documental

Autor:

Martha Sánchez

La obsesión de poseer un personaje conduce a ciertos actores al delirio. Una especie de homenaje a ese deseo tormentoso que ha engendrado creaciones artísticas, y artistas, imborrables, será Sobre tus ojos, una propuesta audiovisual en la que se hibridan el videoarte, el corto de ficción y el documental.

El tema cautivó a un elenco de realizadores de la empresa de audiovisuales del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), encabezado por el crítico de cine cubano Rufo Caballero, director y guionista de la propuesta. Su concepción partió de un montaje coreográfico que la directora de la compañía contemporánea Endedans, Tania Vergara, creaba expresamente para la primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba, Viengsay Valdés.

«Siempre me cautivó la tenacidad de los actores serios a la hora de incorporar los personajes, de hacerlos suyos, de poseerlos. He estado cerca de varias actrices, a las cuales les iba la vida en trocarse en otra. Recuerdo a una, que le ponía velas al personaje, con tal de que aquella mujer consintiera en reencarnar. Las bailarinas no son una excepción. Además de su talento para el ballet y la actuación, siempre me ha sobrecogido la tenacidad de Viengsay Valdés. Mujer inteligente, ha trabajado incansablemente, hasta dominar los roles que en el ballet más se le resistían. Por ejemplo, el cisne blanco. Para Viengsay, el negro es coser y cantar; por lo mismo, se dedicó sin descanso al blanco, y ya hoy ofrece un cisne depurado, sutil, frágil», explica el director.

«Sobre tus ojos es un ensayo visual a propósito del tormento de la creación, sobre el sentimiento de posesividad que se apodera del actor cuando este quiere hacerse de un personaje. Las tribulaciones, los devaneos, las dudas, los tormentos interiores. Genéricamente hablando, Sobre tus ojos es una combinación de videoarte, corto de ficción y documental. Resulta muy difícil hoy, en el mundo del audiovisual, pensar y desarrollar una idea desde un género puro. La familia del audiovisual es promiscua, hacia dentro y hacia fuera.

«Del videoarte, Sobre tus ojos tiene la libertad de la expresión, de la estructura, la forma de exposición más o menos abstracta. Pero, de algún modo, introduzco células de narratividad; digamos, la llegada de Viengsay a la sede del Ballet Nacional es un guiño al cine clásico. En la estructura general, el ensayo reviste una fuerza fundamental, casi más que la puesta en escena final —la que no acontece, por cierto, en un teatro—, porque en el ensayo afloran esos tormentos del acto creativo que me importaba documentar», apunta.

El ansia de expresarse a través de un lenguaje diferente llevó a Viengsay Valdés a solicitarle a Tania Vergara, premio Iberoamericano de Coreografía 2008, que experimentara con ella. Según la creadora, en la pieza que nació de sus primeros encuentros, la intérprete se debatía entre la memoria de un amor frustrado y la presencia de una sombra que la atraía y evocaba su ideal amoroso.

«Al interesarse Rufo Caballero en crear a su vez otro discurso visual a partir de la seductora visión de una Viengsay que se retuerce y estira con orgánica sinuosidad, va al suelo y salta con la ligereza de siempre y a la vez con nuevos matices contemporáneos, decide pedirle a Polito Ibáñez que haga una composición sobre la partitura gestual ya concebida. El resultado fue feliz, la canción de Polito pone al descubierto todas las fibras emotivas de intérprete y coreógrafa. Ante tus ojos, título de la canción, si bien cambia el texto dramático del solo original, renueva la mirada hacia una obra igualmente intensa, no hacia la frustración sino hacia la contemplación del amor. La coreografía inicial no perdió sentido sino que asumió una nueva piel», expone.

La complicidad entre coreógrafa, escritor y bailarina no podía topar con mejor ojo que el de Raúl Pérez Ureta en la dirección de fotografía. El premio nacional de Cine 2010, cuya huella es palpable en Papeles secundarios, Caravana, Madagascar, La vida es silbar, Suite Habana, entre otras cintas del cine cubano, cree que la fotografía de Sobre tus ojos, como nace de una danza, maneja intenciones diferentes. «¿Cómo la cámara debe ser y cómo debe comportarse ante el tema que se va a retratar? Es el primer pensamiento que tiene que afrontar un fotógrafo ante el hecho inminente de un rodaje. ¿Cuál es el tema, que lógica emplear ante el acontecimiento que hemos de registrar con el lente?», revela con humildad el también profesor de fotografía de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños.

«En este caso, el arte del ballet, la música, el movimiento de una bailarina tan bien dotada de gracia y profesionalidad en su quehacer como Viengsay, que lo expresa todo con su cuerpo, con sus movimientos tan seguros y hermosos, es un reto. Entonces pensar: ¿competiría la cámara con ella moviéndose frenéticamente por su lado y enfrentando sus ondulantes movimientos, haciendo que los movimientos de la cámara compitan con su baile? ¿Sería quizá una cámara estática que desde un solo punto de mira o encuadre la seguiría como fiel espectadora? O, simplemente, ¿bailaría con ella a su alrededor con la misma gracia, cadencia, sensualidad, con el mismo sentido de la música y del ritmo, para llegar al corazón, a la fuerza de esa bailarina que lo expresa todo con sus manos, pies, cintura, miradas?», se pregunta a sí mismo el Maestro.

«Eso fue lo que escogimos, dejarnos llevar por la intensidad de su baile, de sus gestos, de su acción, dejarnos llevar por su emoción para que la cámara no moleste, no distraiga y lleve al espectador la grandiosidad del arte de esta excelsa bailarina. En un rodaje como este la comunión entre fotógrafo, director y bailarina tiene que ser real, creíble, auténtica. Se logró, no sé. Solo el espectador dirá, pero eso sí fue baile rodado con todo amor, admiración y honestidad», afirma.

Para Viengsay Valdés, acostumbrada a bailar desde niña sobre escenarios de teatros, la propuesta de participar en un audiovisual que se mueve en los terrenos del videoarte, el corto de ficción y el documental demandó un enfoque artístico muy distinto al acostumbrado, pues «al bailarín con respecto a la audiencia en el teatro le separa un espacio y por eso tiene que interpretar no solamente con el rostro sino que debe ampliar su expresión corporal. En el audiovisual, me encontré con que mis facciones eran el centro de gran parte de las escenas, mis movimientos dentro de la coreografía debían ser aprovechados por el trabajo de fotografía en cuanto a ambiente, iluminación, perspectivas, guiños; en cambio mi rostro debía evidenciar el sentimiento, la emoción, la turbación, la paz, el anhelo... según la escena, con mucho énfasis. A eso le sumo esa chispa interior que tuve que avivar para tener la capacidad, en el momento en el que usaron el dolly circular, de improvisar la coreografía buscando como referente la cámara que no dejaba de moverse. Tuve que sacrificar en muchas ocasiones la terminación de un paso o giro para darle mis mejores ángulos y en cierto modo jugar con el lente», manifiesta la artista.

A esto se le añade, declara, la dificultad de que no bailaba una obra clásica, sino que incursionaba en lo contemporáneo. «Agradezco a Tania Vergara esta gran oportunidad. Por mi anterior experiencia con Rufo, a quien le aclaré desde un principio que me hablara como a una actriz; más allá de los roles clásicos, me fue natural e incluso espontánea a veces mi actitud ante el cansancio de tantas horas de filmación. Él supo aprovechar hasta el más mínimo suspiro. Nadie se imaginó, ni siquiera yo, que en la escena del atardecer, donde el sol salió solo por media hora, detrás de un gran aguacero, surgiera ese momento tan mágico. Cada vez que experimento un nuevo rodaje, y más con este equipo tan especial, salgo muy satisfecha y con deseos de asumir nuevas propuestas. Reconozco que este mundo me fascina», asegura.

El equipo lo completaron Magdalena Álvarez en el maquillaje y Suraima Vázquez en la producción, entre otros profesionales de alto calibre, que desde la sensibilidad de cada cual intentaron plasmar miríadas de guiños acerca de un mundo invisible para la audiencia. El director Rufo Caballero reconoció a modo de conclusión: «He tenido la suerte de trabajar con un equipo artístico de extremo rigor. Más allá del talento histriónico de Viengsay —más dúctil que nunca—, está la profesionalidad de Raúl Pérez Ureta en la dirección de fotografía, a prueba de balas y de recorte presupuestario; la inspiración de Polito Ibáñez en la composición-tema, de notable profundidad sonora y variaciones en tonos y tempos; el gusto y la elocuencia de Tania Vergara en una coreografía que sumerge a Viengsay en códigos de la danza contemporánea. El ICAIC operó, en este caso, con un criterio productivo discreto y eficiente, que intentara un alto rendimiento expresivo a partir de un monto pequeño».

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