El secreto es no tener secretos - Cultura

El secreto es no tener secretos

Con la presentación esta tarde de la compañía SóLODOSNEODANS, que dirige la bailarina y coreógrafa española, inician las funciones, en el Mella, del 22 Festival Internacional de Ballet de La Habana

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

«Didenoi la creé en un momento muy especial, cuando todo se tambaleaba. Simplemente compartí con el público y con los bailarines un poco de mí», cuenta la bailarina y coreógrafa española Maruxa Salas, quien se encuentra nuevamente en Cuba —ahora junto a su compañía SóLODOSNEODANS—, invitada al 22 Festival Internacional de Ballet de La Habana.

Solo que tres ediciones atrás, con una propuesta tan íntima, tan sentida, Maruxa consiguió estremecer al auditorio con el estreno de Didenoi, en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana. «Fue algo fenomenal, porque nunca pensé que iba a tener esa acogida y que el público de La Habana estuviese tan agradecido con mi pieza. Para mí fue realmente una sorpresa. Es un momento inolvidable cuando una obra se representa por primera vez, por supuesto.

«Si la bailo yo me pongo algo nerviosa, como sucede con cualquier estreno, pero no mucho, lo normal. Pero si la bailan otros, entonces me pongo muy nerviosa, me da la impresión de que desde la butaca la estoy bailando yo, mas estoy pendiente de los bailarines y de cada movimiento. Antes de que empiecen a bailar les digo que disfruten de ese instante mágico en el escenario. Sin embargo, yo, desde la butaca, lo disfruto, pero a medias, con otra responsabilidad y, por tanto, con no poca tensión, porque quieres que todo vaya bien: luces, música y movimiento; que todo quede perfecto».

Mención especial en el IV Concurso Iberoamericano de Coreografía CIC’2004, Didenoi vio la luz durante el 19 Festival Internacional de La Habana, aunque también fue reconocida en el IV Certamen Burgos-New York y en el III Certamen de Creación Coreográfica de Galicia. ¿Qué la motivó a crear una obra tan emotiva como esa?, le pregunto, a lo cual Maruxa responde: «Cuando creo una coreografía cuento un poco de mí misma, de mis vivencias, de mis experiencias y, sin dudas, de mis sentimientos».

—Se dice que el coreógrafo no se hace, sino que nace. ¿Está de acuerdo con tal afirmación?

—Sí, creo que la coreografía es una forma de expresión o inquietud innata en uno. Por supuesto que todo el mundo puede crear coreografías..., pero crear coreografías no es hacer movimientos así sin más, sino que tienes que contar algo, saber transmitirlo, y llegar al público sin quedarte en lo que es meramente técnica de movimiento. Por lo que pienso, además, que un coreógrafo se perfecciona con el paso del tiempo, a medida que tiene vivencias y experiencias, a medida que vive la vida, sufre y la disfruta, lee, estudia, investiga, aprende, observa, escucha, comparte..., un sinfín de cosas que luego lo llevan a crear una obra. Sin todo lo anterior, se quedaría en una repetición de pasos que no van a ningún sitio.

—¿Cuánto le ha aportado en su carrera como creadora haberse licenciado en Danza, en la especialidad de Coreografía y Técnicas de Interpretación?

—Ha sido muy importante porque, aunque yo había creado antes pequeñas piezas, a partir de estudiar la licenciatura me empecé a meter más en el mundo de la creación. Pude estudiar composición coreográfica, teatro, historia del arte, antropología de la danza..., otras herramientas que, unidas a mi imaginario, me enriquecieron mucho y me extendieron un abanico de posibilidades, pues aprendí a mirar la danza desde otros puntos de vista.

—Cuando idea una coreografía, ¿piensa en usted como bailarina? ¿Le gusta interpretar sus propias obras?

—Cuando ideo una coreografía la concibo directamente para los bailarines que la van a interpretar. Si es para mí, entonces la pienso directamente para mí. Lo que me suele ocurrir es que visualizo a esos bailarines haciendo lo que todavía no está creado; me lo imagino. De esa manera voy coreografiando.

«Respecto a si me gusta interpretar mis propias obras, pues claro que sí, me encanta poder bailar lo que yo misma creo. Además, es un privilegio..., pero tengo que decirte que cuando ves una pieza que has creado en tu imaginación hecha realidad, bailada por unos intérpretes que la defienden con todo el cariño del mundo, es una satisfacción muy grande, difícil de explicar».

—Cursó la carrera de Ballet Clásico de la Royal Academy of Dance de Londres, tras graduarse en el Conservatorio Profesional de Danza de Madrid. ¿Por qué decidió entonces ingresar en el Instituto Superior de Danza Alicia Alonso de Madrid?

—Comencé en el Instituto Superior de Danza Alicia Alonso porque tras realizar un curso de verano que este organizaba, me ofrecieron una beca para estudiar allí. Justamente ese año acababa mi carrera del Conservatorio, y esta beca me daba la oportunidad de seguir formándome profesionalmente, además de la posibilidad de bailar en una pequeña compañía: el Ballet de Cámara.

—¿Encontró lo que esperaba?

—Me enseñaron mucho, y mucho tengo que agradecerle al Instituto, ya que allí empecé a convertirme en profesional, gracias a todos los grandes maestros que he tenido. Esa es una etapa que recuerdo con gran cariño.

—En el 2002 obtuvo una beca de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) para perfeccionar su formación en el Ballet Nacional de Cuba. ¿Valió la pena esa experiencia?

—Por supuesto. Me permitió estar dentro de una compañía, trabajando como uno más. Es muy importante, cuando acabas tus estudios, poder estar en una compañía para acercarte a la vida profesional y aprender desde fuera de la escuela. Con esa beca aprendí bastante e hice no pocos amigos.

—¿Qué le dicen los siguientes nombres: África Guzmán e Iván Tenorio?

—Pues son los nombres de dos personas a las que tengo que estar muy agradecida y a las que les debo mucho. En la escuela de África Guzmán fue donde me formé, y en su Ballet Joven comencé a familiarizarme con el escenario, bailábamos mucho. Y ya sabes que, por mucho que tomes clases de ballet, lo que te forma como bailarín es el escenario; es en él donde te vas curtiendo como artista.

«Iván Tenorio fue la persona que vio algo en mí, y quien me ofreció esa beca de la que hablaba antes. Me enseñó mucho como coreógrafa y también como bailarina; apostó por mí, y creo que algo de razón tenía. Es una bella persona a la que quiero sinceramente».

—Como bailarina, ¿qué representó haber participado en diferentes producciones del Joven Ballet de Cámara de Madrid?

—Como he dicho antes, el escenario es el que hace al bailarín. Además, en el Joven Ballet bailábamos todos los estilos: clásico, contemporáneo y español, y eso es formidable, porque aprendes de todo. También nos daban la facilidad de crear, y si el resultado era bueno, nos programaban la pieza. Por tanto, coreografiar era un aliciente, ya que sabías que a lo mejor esa pieza sería estrenada en un teatro. Para mí era una motivación muy grande porque, aunque estuvieras empezando en el mundo de la coreografía, era posible que te diesen la oportunidad de exhibir tus creaciones.

—En una entrevista afirmó que la coreografía llegó a su vida por casualidad. ¿Crear pasos se convertirá en una práctica frecuente? ¿Sustituirá definitivamente la coreógrafa a la bailarina?

—Creo que la bailarina que llevo dentro es imposible sustituirla, es innato. No sería yo si dejase de bailar. Pero, por supuesto, supongo que con el paso del tiempo dejaré de bailar... Ahora mismo ni me lo planteo. Sigo creando para compañías o para instituciones que me lo solicitan, y también continúo bailando con mi propio proyecto, SóLODOSNEODANS.

—¿En qué consiste SóLODOSNEODANS?

—SóLODOSNEODANS, que actualmente codirijo con el bailarín y coreógrafo Erick Jiménez, es una pequeña parcela que me reservo para crear, con la que bailo y colaboro con diferentes artistas. No llega a ser una compañía con bailarines estables, sino que trabajamos con proyectos artísticos concretos.

—Ha sido reconocida como coreógrafa en diferentes certámenes internacionales. ¿Cuál es el secreto de Maruxa Salas para convencer a los jurados?

—El secreto es no tener secretos, ser uno mismo, ser sincero con lo que creas y con lo que bailas en ese momento en escena, para poder transmitir realmente lo que tú eres y nada más.

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