El patriotismo en la sangre

El autor de Yolanda hizo confesiones ligadas a sus raíces, sus nervios antes de las actuaciones, su actual gira por Cuba y otros temas

Autor:

Osviel Castro Medel

BAYAMO.— Los que llegamos temprano, antes de las 8:30 de la noche, pensamos que la Plaza de la Patria no se llenaría, por los vacíos en el público. Pero media hora después salieron personas de todos los rincones de la ciudad y ya no alcanzaron las sillas; tampoco los suspiros.

Después de cuatro años y diez meses, Pablo Milanés volvía al lugar donde nació el 24 de febrero de 1943, su «Patria chica», como dijo emocionado en el comienzo del concierto, el segundo de su gira, iniciada en Guantánamo.

Se le veía la vibración. «Diez minutos antes no me veas, porque la verdad es que tiemblo mucho y me da mucho miedo, pero cuando subo al escenario no; me entrego por completo», confesaría luego, visiblemente agotado, ante un enjambre de grabadoras que lo rodeó en el salón de protocolos de la Plaza.

Pronto le cantó a la abuela, en el segundo número. Porque Pablo no sabe vivir sin las evocaciones, algo que refrendaría en la entrevista del final: «Creo que el terruño de uno, donde nació, siempre le deja huellas indelebles. Hay muchos recuerdos de mi infancia, hay muchas costumbres que las manifiesto en la cotidianidad, el habla, las costumbres que me impuso mi familia —de buen tono— y todas esas cosas…

«En Bayamo siempre se vio una tendencia muy particular, una educación con tendencia al patriotismo, a querer los valores del país, y eso lo llevo en la sangre y me parece que todos los bayameses; es una tradición muy fuerte para que eso se pueda ignorar en el desarrollo de la vida de uno».

Esa noche fría, que se torno tórrida por el coro gigantesco de los presentes, Milanés llamó a otro coterráneo trovador, nacido en el poblado de Julia en 1966: Raúl Torres. Hicieron dúo de fantasía con Candil de nieve y Se fue.

Después hubo espacio para tres de las canciones de su último disco, Regalo, en el que dedica una canción al mendigo que llamaban Bayamo, aquel que pasaba con un saco por su casa cuando era pequeño. Ahí vino otra confidencia: «Mi madre me decía: “Pablito, si no te portas bien voy a llamar a Bayamo para que te lleve en el saco». Y yo crecí con una especie de terror y ternura hacia aquel mendigo Bayamo y primero hice un poema y después esta canción».

Incluyó en el repertorio Ámame como soy, Identidad, Ya se va aquella edad, Fuego en la piel (aquel tema de El Naranjo del Patio) y De qué callada manera, el poema de Nicolás Guillén titulado Canción, que Pablo mejor que nadie musicalizó con éxito.

La apoteosis sobrevino a la hora y 20 minutos, con Yolanda, que fue el decimosexto número; y el frenesí absoluto con El breve espacio en que no estás, la última, cantada de pie y a coro por la multitud. «Esta canción la estrené aquí (1984); Lupiáñez (Pedro García Lupiáñez) era el presidente del Gobierno (provincial) y le dije a mi amigo, mi entrañable amigo: «Voy a estrenar una canción y quiero ver qué reacción va a tener el público bayamés con ella… Una canción que podía ser polémica y aquello fue extraordinario, como si la hubiera cantado ya en muchísimos lugares y hoy volvió a pasar lo mismo», diría en la conversación posterior con los periodistas.

En total cantó 17 temas, que se fueron volando en hora y media. En la charla con los reporteros aseveró que con esta gira, que terminará en Camagüey en una primera etapa a mediados de mes, y continuará a principios de 2011 por el resto del país, pretende satisfacer un deseo propio que se vio aplazado muchas veces por giras internacionales o compromisos con las disqueras, «pero ahora vi la oportunidad y no la desaproveché, y hasta ahora va muy bien».

Filosofó sobre el ser y el tener, admitió preferir el primero, «aunque se puede tener muchas cosas, como dignidad, amor, la familia, amigos… Y se puede ser un hombre responsable, consecuente con su medio, morirse por eso, y yo estoy dispuesto siempre a eso».

Dijo que les debe una canción a las mujeres bayamesas; que lo ha pensado «mil veces», pero no se ha atrevido a hacerla por las dos grandes antecedentes: la de Céspedes y Fornaris, y la de Sindo Garay. «Son extraordinarias las canciones que se han hecho y hay que tener mucho cuidado para no hacer el ridículo», alegó.

Y concluyó con un mensaje corto para los jóvenes cubanos: «Que sigan siendo ellos mismos, que defiendan eso y no lo pierdan».

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