Kathryn Bigelow: La guerra es un infierno

La directora estadounidense presentó en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana su película En tierra hostil, ganadora este año de seis premios Oscar

Autores:

Yelanys Hernández Fusté
Jaisy Izquierdo
Lourdes M. Benítez Cereijo

El sargento William James ha retornado al hogar. Sobrevivió a más de 873 bombas que no detonaron en Iraq gracias a su pericia. «La mejor manera de desactivar una bomba es no morir», le había comentado a un superior tras inhabilitar un explosivo más. Ahora, ante su pequeño bebé y su tierna esposa, solo piensa en regresar a la contienda. Y regresa.

«El ímpetu de la batalla es una potente y muy a menudo letal adicción, porque la guerra es una droga», es la respuesta que desde las primeras imágenes del filme En tierra hostil (The hurt locker) signa como una sentencia la desconcertante decisión de su protagonista.

Kathryn Bigelow —quien con este largometraje se alzó con seis premios Oscar (Mejor película, director, guión original, edición, mezcla de sonido y montaje de sonido) de nueve no-minaciones—, se apropia de la frase tomada del libro War is a force that gives us meaning (La guerra es una fuerza que nos da significado), escrito por el corresponsal de guerra Chris Hedges, para desarrollar una historia que recoge el día a día de un equipo de especialistas en desactivar explosivos en Iraq.

Luego de su paso por importantes festivales, la también realizadora de Punto de ruptura (Point break, 1991) y Los viajeros de la noche (Near dark, 1987), llegó a La Habana para presentar su más reciente cinta.

En exclusiva para Juventud Rebelde, Bigelow expresó que estamos en presencia de «la psicología de una persona que quiere inscribirse, e ir a la guerra voluntariamente. Es algo complicado de asimilar, teniendo en consideración que alistarse como militar hoy, a diferencia del conflicto con Vietnam, es una decisión personal».

En la presentación de la película en el cine La Rampa, Kathryn afirmó que era un gran sueño venir a Cuba, para exhibir junto al guionista y productor Mark Boal este proyecto que califica como «un trabajo de amor».

Finalizadas las últimas imágenes, aún sin liberar la tensión de los 131 minutos del filme, el público fue protagonista junto a los artistas de un diálogo acerca de las interioridades de En tierra hostil.

La intensa experiencia de Mark en territorio iraquí, quien se introdujo como periodista en un escuadrón de especialistas en desactivar explosivos, sentó los cimientos de lo que primero fue una serie de reportajes investigativos para luego convertirse en guión cinematográfico.

«Visualizar el rostro de un ser humano en situación de conflicto y ponerlo en una película, fue nuestra responsabilidad. Aunque el argumento esté construido a partir de la ficción, refleja la pura realidad, porque muchas personas mueren allí diariamente», acentuó Mark, quien aseguró que a los dos días de haber tocado «tierra hostil» ya deseaba volver.

Boal no se conformó con contar la historia en un artículo. Sin embargo, cuando se pensó en llevarla al cine, las grandes productoras consideraron que este drama bélico  no interesaría a los estadounidenses: un intento más de mantener en penumbras la verdad sobre una ocupación que comenzó en el año 2003. Sacar a la luz este tema escondido convirtió a Mark en productor junto a Kathryn, Nicolas Chartier y Greg Shapiro.

En este proyecto también se enrolaron los actores Jeremy Renner (sargento William James), quien encarnó el rol protagónico; Anthony Mackie (sargento J.T. Sanborn) y Brian Geraghty (especialista Owen Eldridge), además de las participaciones especiales de Ralph Fiennes y David Morse.

Dos años de realización fue el tiempo que les tomó concretar la idea de una cinta que destronó de los premios de la Academia a la tan publicitada Avatar (James Cameron), y a Bastardos sin gloria (Quentin Tarantino).

Filmada en Jordania, a escasos kilómetros de la frontera con Iraq, la cinta refleja la visión norteamericana del conflicto, en la que todos los iraquíes son percibidos como un peligro potencial, sin importar si conducen un taxi por el «lugar equivocado» o realizan una «inoportuna» llamada telefónica.

No obstante, la cinta en ningún momento recoge el sentir de los iraquíes, quienes se encuentran agredidos y cercados en su propia tierra. Tampoco se hace alusión a las causas, orígenes y consecuencias de una agresión que afecta a millones de personas.

El personaje de Jeremy Renner atrae sobre sí toda la atención. Es un ser temerario cuya percepción de la guerra no está muy lejana de la de un videojuego de comando. Es un hombre vacío por dentro. En las situaciones límite que el conflicto le depara, el sargento James intenta encontrar un estimulante adictivo, ya sea en el descubrimiento de un detonador escondido entre la cablería de la pizarra de un coche bomba, o en hacer saltar la adrenalina al detectar una telaraña de cordones conectados a explosivos.

Para muchos puede resultar extraño que esta historia «de hombres», que nos mantiene pegados a la butaca del inicio al final, fuera dirigida por una mujer. «Cuando estoy detrás de la cámara no pienso que existan mujeres u hombres directores, solo creadores», responde Kathryn Bigelow como una definición de principios.

Considerada una directora fuera de lo co-mún, no ha dudado en explorar las más di-versas modalidades del cine de acción, bien sea bélico, futurista, thriller e, incluso, de terror. Sin vacilación ha guiado a algunas de las estrellas más importantes de Hollywood, como Harrison Ford, Sean Penn, Juliette Lewis, Liam Neeson, Keanu Reeves y Patrick Swayze.

Es La Habana un especial sitio para mostrar su película. La invitación al certamen le fue cursada para formar parte del ciclo de filmes galardonados con el premio Oscar, y su proyección ha sido posible gracias al esfuerzo mancomunado de instituciones cubanas y de la Academy of Motion Picture Arts and Sciences de Estados Unidos, cuyo deseo es que otras producciones del país norteño sean proyectadas en la Isla.

«El Festival de ustedes es puro, vital, sorprendente. Ha superado todas mis expectativas», aseguró Kathryn, quien no ha alejado de su mirada cinematográfica el quehacer de los directores latinoamericanos.

«He tenido contacto con realizadores y actores del continente, sobre todo en muchos certámenes fílmicos. La manera de hacer cine en la región es extraordinaria, brillante, muy inspiradora. Es un grupo muy fuerte», sostuvo a nuestro diario.

¿Volverá a contarnos otras historias de la guerra? ¿Se atrevería a narrarlas desde la perspectiva de los iraquíes?, fueron algunas otras preguntas que Bigelow escuchó de los espectadores en la capital cubana. Su respuesta, aunque no cierra su paso por el género bélico ni pone punto final a un tema que, afirma, pudiera retornar, encierra una gran verdad: «La guerra es un infierno».

Los Oscar en La Rampa

Como un puente de comunicación entre la cinematografía norteamericana y la del resto del continente, llega el ciclo El Oscar en La Habana, que desde el pasado 3 de diciembre y hasta mañana proyectará siempre a las 5:30 p.m., un selecto grupo de películas laureadas por la Academia.

A En tierra hostil (2008), de Kathryn Bigelow, le siguió este sábado Cometas en el cielo (The kite runner, 2007), de Marc Foster. Para hoy nos está reservada la historia en animados Coraline (2009), de Henry Selick, que ha sido comparada por los críticos con la clásica Alicia en el país de las maravillas. La muestra cerrará con Akeelah contra todos (Akeelah and the bee, 2006), de Doug Atchison.

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