Teresita Fernández cumple 80 años - Cultura

Teresita Fernández cumple 80 años

La trovadora cubana—autora de la gustada canción infantil El gatico Vinagrito—dice que ha vivido sus ocho décadas como un juglar pobre, nómada y libre

Autor:

Juventud Rebelde

A las 11 y media de la mañana me detuve ante la puerta abierta del apartamento de Teresita Fernández, una de las grandes figuras de la trova cubana. El día anterior, vía teléfono, me había concedido el privilegio de visitar su casa y conocerla, tal vez impulsada por ese propósito de ayudar a los jóvenes, que siempre la ha caracterizado.

La decoración de la sala, como la vida misma de la artista, estaba conformada por fotos de amigos, incontables diplomas, premios y condecoraciones, estatuillas de animales de distintos tamaños, ranitas y lagartos de goma, muñecas, plantas, algunas palanganas, una imagen de cartón del popular gatico Vinagrito, otras de Jesús y María Teresa de Calcuta y un busto de Martí niño.

Al entrar al dormitorio, donde Teresita habría de recibirme por su delicada salud, me sentí como una molesta invasora que profanaría, a golpe de preguntas y grabadora, la paz y el reposo de esa enamorada de las pequeñas cosas de la vida.

Sin embargo me invitó a sentarme a su lado, cual si fuese una añeja amiga, y me habló con la humildad en los ojos y el corazón en la mano. Y es que esta mujer ha procurado vivir sus 80 años siendo, como ella misma diría, un juglar «pobre, nómada y libre».

«En el medioevo los reyes tenían en la corte al juglar para que les cantara. Pero este se fue de la corte y andaba por los parques, parecido a mí, haciendo cultura comunitaria también de manera desinteresada, para los humildes, para los que estaban olvidados.

«Me he presentado en cualquier parte, lo mismo en un teatro, que en la televisión, las montañas o en los barrios más pobres. Realmente no me considero una cantante, sino simplemente alguien que expresa sus sentimientos».

Aunque se graduó de maestra normalista en Santa Clara, su ciudad natal, desde pequeña no pudo contener su pasión hacia la música y sobre todo hacia el poder comunicativo de la canción.

La Habana sería el escenario donde echaría sus raíces, acompañada de su eterna amiga la guitarra, aunque nunca abandonaría su amor hacia el arte del magisterio.

«Me considero una maestra que canta, porque si con mi música no soy capaz de transmitir algo, de enseñar algo, entonces nada de lo que hecho hubiese valido la pena. José Martí decía que el maestro, dondequiera que esté, tiene que plantar su tienda de maravilla, porque hace falta que venga al mundo gente a conmover».

Cuando la joven guajirita pisó la capital, allá por el año 1957, la ciudad le abrió los brazos. Su talento, sumado al apoyo del trío de Las Hermanas Martí, le abriría un espacio entre los grandes de la época y la consagraría como una de las mejores trovadoras en la historia musical de Cuba.

«Mi encuentro con Las Hermanas Martí fue muy importante, ya que fueron ellas quienes invitaron a mi primer concierto al mismísimo Sindo Garay. También hicieron que Esther Borja escuchara mis primeras canciones y que Luis Carbonell me diera el visto bueno.

«Por mediación de ellas, además, conocí a Bola de Nieve un día que me llevaron a Guanabacoa. Cuando me oyó cantar me dijo: “Usted es la única guajira que yo soporto con una guitarra en la mano”».

Las Martí le ofrecieron a Teresita un hogar y, antes de lo pensado, debutó en la Sala Arlequín, donde se presentaban muestras del teatro más exigente del momento.

Al poco tiempo Bola de Nieve reclamó la presencia de la principiante en las noches restaurante Monsigneur y luego ganó un lugar propio en el medio de La Rampa, en El coctel, donde acudía indistintamente una representación de todas las generaciones.

En esta etapa de acontecimientos insólitos supo ganarse el aplauso de los consagrados y tender la mano a los que daban sus primeros pasos, como fue el caso del joven Silvio Rodríguez.

Pero uno de los sitios que acaparó la preferencia del público cubano fue La peña de los juglares, también conocida como La peña de Teresita, que tenía lugar todos los domingos bajo las yagrumas del Parque Lenin.

«Allí cantábamos, decíamos poemas, hablábamos… Mis amigos y yo regalábamos nuestro arte con mucha alegría. Realmente fue un momento muy bonito de mi carrera, en el que le dimos un sentido muy especial a las mañanas dominicales».

La obra de esta cantautora mayor se destaca por la excelencia en el texto y un lenguaje musical signado por la transparencia. Su amplio repertorio, casi siempre asociado con la canción infantil, incluye además boleros, poemas musicales, villancicos y habaneras.

«Realmente me he sentido encasillada. Yo trabajé para niños, jóvenes y ancianos con el mismo amor y la misma entrega; lo único que cambiaba los temas y el tono para que les llegara mejor a cada generación.

«Luego, con los años, dejé de preocuparme por mi obra para adultos, porque canciones de amor hay muchas y la mía sería una más; quizá hasta más triste, porque después de tanto tiempo olvidé los motivos que me inspiraron».

No obstante, Teresita supo encontrar una musa en cada bejuco, animal o cacharro que se encontrara a su paso, para convertirlos en los protagonistas de sus más bellas canciones.

Temas como Tin, tin, la lluvia, El gatico Vinagrito y Lo feo nos han hecho prestar atención a esos pequeños detalles de la vida que, aun siendo hermosos, habitualmente miramos con indiferencia.

«Me gusta contemplar a los gorriones que vienen a mi ventana; me fijo en las flores silvestres, en las nubes… disfruto el amanecer, el mar… la naturaleza es superior a la vida que nosotros mismos nos imponemos y limitamos. Es preciosa y vivimos dentro de ella.

«Cuando la gente escucha esos temas, con los que crecieron, tiene que sonreír. Ese es mi mayor premio».

Otros logros de la cantautora, con los que dio sobradas pruebas de su talento, fueron los trabajos de musicalización de las Rondas, de Gabriela Mistral, y el Ismaelillo, de José Martí.

Sobre este último la compositora, pedagoga y musicóloga Gisela Hernández afirmó una vez: «Al emprender la hazaña de la puesta en música de los versos martianos —prólogo y quince poemas— hazaña que no intentó antes que ella, ni creo probable que lo intente después ningún compositor culto ni popular, ella ha dado muestras de una riqueza creadora tan amplia de estilo, de calidad y originalidad que creemos realmente insuperable por su magnitud».

Pero a pesar de su trayectoria y sus incuestionables aportes a la canción cubana, Teresita insiste en no formar parte de las llamadas Vieja o Nueva Trova.

«Por mi edad no puedo pertenecer a la Vieja Trova. Además, por el talento no puedo ser como Sindo Garay o Manuel Corona. Como ya he dicho alguna vez, el talento no se imita.

«Cuando llegué a la capital realmente toda la gente del feeling tenía su movimiento bien consolidado, dígase José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, Martha Valdés…

«La Nueva Trova surgió después, pero nunca fui reconocida como miembro y, además, nunca me gustaron las “piñas”».

Con un estilo propio, singular, libre, Teresita Fernández supo ganarse un lugar entre los grandes de la canción infantil latinoamericana, comparable con la argentina María Elena Walsh y el mexicano Gabilondo Soler.

Desde el año 1988 hasta la actualidad ha pisado diversos escenarios internacionales, como la Jornada Dariana, en Nicaragua, y el II Festival Iberoamericano de Narración Oral y Escénica de Monterrey, México, en el que obtuvo el Premio Chamán.

Entre sus innumerables reconocimientos se destacan el premio EGREM 1988, la Orden Por la Cultura Nacional, la Orden Rafael María de Mendive, la Medalla X Aniversario de la Nueva Trova, así como la réplica del machete de Máximo Gómez que otorgan las FAR.

Además, por su apasionada entrega a la canción como portadora de elevados valores humanos, mereció en La Habana el Premio Nacional de Música 2009, el más alto reconocimiento que conceden anualmente el Ministerio de Cultura y el Instituto Cubano de la Música.

A sus 80 años de edad, cumplidos este 20 de diciembre, Teresita Fernández se autodefine como una mujer feliz: «Visité Cuba de punta a cabo; muchos países de América, de Europa… pero nunca dejé que los éxitos se me subieran para la cabeza. Es que no me propuse ser famosa. Quería cantar y ya; por eso soy feliz. Mi estilo es como la vida misma».

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