La energía de las cosas...

Los códigos de las piezas de la artista nos recuerdan que la vida se transforma sin morir jamás: la primavera llega inexorablemente después del crudo invierno, la luz siempre se encuentra al final del oscuro túnel

 

Autor:

Toni Piñera

Crear para la artista resulta un estado mental y una relación muy particular con la naturaleza, pero, sobre todo, con la energía de las cosas.

Les presento a... Anisis González (Morón, 1969), autodidacta, y quien mantiene un diálogo intelectual e intuitivo con el arte, donde se fecunda una mirada tras otra, capaz de penetrar a las esencias y devolverlas ya traducidas con el ropaje artístico en forma de una nueva naturaleza, o nueva vida. El metal, en todas sus dimensiones, le abrió el camino que ahora busca otros derroteros para decir mucho más.

El pasado año, con mucho éxito de público y crítica, Isis, como firma sus obras, expuso parte de sus creaciones en la Casa de Carmen Montilla (Oficina del Historiador) en la muestra titulada Metalmorfosis, y después en la Casa Lloyds de La Habana con Por quien merece amor. En ambas exposiciones nos sedujo nuevamente con esas piezas suyas que coquetean entre abstracción y figuración para dejarnos con la sorpresa de ver algo siempre novedoso. Ahora se prepara con fuerzas para presentar en Madrid una muestra personal con sus últimas creaciones.

El empleo de la imaginación lleva siempre a la artista, con un gusto refinado que bordea siempre lo oriental, a la búsqueda de la vida a partir de la energía brutal y femenina de la materia, que resulta una necesidad vital para expresarse. Amén de esa sed incansable de innovación, y de encontrarse con su yo artístico, una ecuación que la conduce por caminos hacia paisajes y situaciones que atrapan todas las miradas.

Aunque parece seguir un cierto clima de imprecisión y hasta misterio, de atmósferas mágicas y melancolías, de un paisaje soñado y reconstruido donde las diversas texturas añadidas se convierten en las manifestaciones de la materia, lo que mejor caracteriza su trabajo es el valor de sus silencios, resultado de un «profundo sosiego espiritual» y un lírico intimismo.

Campos fértiles a la imaginación

Las superficies de sus obras (repujados, metal emboissing...) constituyen campos fértiles donde crece la imaginación. En ellas suma pintura de vitral, masa modelein, cobre, estaño, aluminio, plata... y talento. Sus manos abarcan todo un mundo de elementos que reunidos tocan cuerdas sensibles y resumen en ellas la historia del hombre sobre la Tierra. Si miramos sus anteriores creaciones y las comparamos con las actuales veremos que se han enriquecido. Ellas (las piezas) se van poblando de recuerdos, de imágenes, lecturas, hechos que alguna vez soñó o encontró en el decursar de su vida por cualquier lugar. Son obras bien pensadas, realizadas con rigor.

Quizá recordemos los íconos y frescos de algunas religiones europeas, o hasta la sensibilidad oriental en el gesto, o un detalle... Pero con la huella contemporánea de una artista que respira en este tiempo. ¿Arte? ¿Artesanía? ¿Artes aplicadas? Cuán importantes pueden ser los adjetivos o calificativos de una pieza que transpira creatividad y buen gusto.

En su quehacer sobresalen las tramas voluptuosas como el fluir del sonido ascendente o descendente, como en las tramas laberínticas. Porque en esos laberintos o rompecabezas que cada quien puede armar a su forma, se le aplican muchas referencias, tanto de tipo material como en su dimensión espiritual, y de todo ello surge un vaivén formal que convierte el espacio en un mar transitable que nos lleva a las costas que ella quiere redimensionar, y donde el diseño ocupa un lugar preponderante.

A través de las piezas de la artista —un verdadero placer para los amantes del buen arte, para quienes, con toda seguridad, no pasarán inadvertida la armonía, calidad y sensibilidad que transmiten—, Isis deja volar sus manos y se decide por trazos comprometidos, por mensajes a la defensa y a la conservación del patrimonio artístico y del medio ambiente, en muchas de ellas. Otras hablan de la cotidianeidad, de las deidades yorubas, se inspiran, a veces, de obras de grandes maestros, y mira siempre al paisaje...

Podemos pensar que la obra actual de la creadora es la indagación de ese sentido; rastreando en la historia del arte y del Hombre va construyendo una visión que contemple esas características. La idea del infinito, de la preservación, se produce concretamente bajo la especie de una relación con el paisaje, que es el rostro de la Tierra. Veamos entonces por qué en estos momentos cruciales y críticos, el hombre se vuelve a ese rostro, la cara de un mundo que quiere desterrar la violencia a través de rituales «sagrados», a los que se compromete para llegar a comprender las leyes de la naturaleza divina («tremendum»). Estas leyes del misterio poseen sus sabios secretos. La respuesta a tantos cuestionamientos y preguntas sobre la condición del hombre actual y su futuro la puede otorgar también el arte y su magia. La obra de Isis responde a ello.

Sin más pretensión que mostrar sus sentimientos traducidos en obras de arte, entrega un trabajo sincero, que nos aporta una bocanada de aire fresco y esperanzador a un mundo apático y, demasiado a menudo, gris. Los códigos que encontramos en las piezas, algunas íntimamente relacionados con la ecología porque son, precisamente la manera en que se califican o marcan los peligros especiales y las normas en el paisaje, se transforman como una alerta en su creación, donde afloran variadas metáforas de la propia vida. Ellas nos recuerdan que la vida se transforma sin morir jamás: la primavera llega inexorablemente después del crudo invierno, la luz siempre se encuentra al final del oscuro túnel...

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