Leonardo da Vinci pinta en la Fortaleza de la Cabaña

Una película, cuyo personaje principal es el autor de la Mona Lisa, se filma al otro lado de la bahía de La Habana. En pleno rodaje, su director y actores principales brindan algunos adelantos a JR

Autor:

Jaisy Izquierdo

Leonardo da Vinci, el eterno pintor del Renacimiento, dibuja las paredes de una mazmorra, como un ardid para sobrevivir a la compañía de los dos malhechores que le acompañan justo acá, en La Cabaña habanera, que gracias a la magia del cine, por estos días se ha convertido en una prisión florentina del año 1476.

Encarnado por el joven actor Héctor Medina, quien debutó en la pantalla grande con la reciente película de Gerardo Chijona, Boleto al Paraíso, este Da Vinci imberbe de 24 años, y aprendiz del maestro Verrocchio, es encarcelado por serios cargos justo cuando se acercaba el comienzo de su carrera en solitario. Un hecho histórico que el guionista y director Eduardo del Llano aprovecha para recrear a partir de la ficción, dando a conocer en su mediometraje Vinci lo que pudo haber acontecido durante su estancia en prisión.

Cuenta Del Llano que la fascinación por este personaje llegó después que realizara, por encargo, un guión para una película biográfica que se iba a realizar en España sobre Da Vinci, y que finalmente no pudo concretarse.

«Este pasaje de su vida a mí me parecía muy interesante, pues podía trascender más allá de una anécdota, como una metáfora de importantes conceptos. El objetivo fundamental de esta obra es explicar cómo la belleza puede cambiarle la vida a las personas. Una obra de arte no te viste, no se puede comer, y aunque la cuelgues en la casa ni hace pared ni te protege del frío. Parecería que no tiene un significado inmediato y, sin embargo, ha forjado pasiones y ha creado fortunas. Descubrir para qué sirve el arte, cómo puede ser desde un mecanismo de protección hasta una manera de expresar tu cosmovisión, sería la tesis de este filme», explica a nuestro diario Eduardo del Llano, quien también ha sido el guionista de películas de Fernando Pérez (La vida es silbar y Madrigal); Gerardo Chijona (Perfecto amor equivocado) y Daniel Díaz Torres (Alicia en el pueblo de Maravillas, Hacerse el sueco y Lisanka).

El también autor de los cortometrajes Monte Rouge y Brainstorm, que se insertan dentro del conocido Decálogo de Nicanor, realizados de manera independiente, esta vez trabaja con el ICAIC, el cual asumió completamente la producción del proyecto que solo requiere de seis actores y una sola locación.

No obstante, Vinci no parece ser un trabajo fácil, pues aun cuando prescinde de estas características, continúa siendo una película de época, a la cual intentan ser lo más fieles posibles todo el equipo que labora en ello, especialmente su director de arte, Carlos Urdanivia; la diseñadora de vestuario, Miriam Dueñas; y el director de fotografía Raúl Pérez Ureta, Premio Nacional de Cine 2010.

«Yo sé que el ICAIC no puede competir en términos de recursos con otras cinematografías del mundo, pero si se encuentra un buen filón en la vida de un personaje histórico, no veo por qué estos personajes universales como Leonardo tengan que ser privativos de Hollywood o de la cinematografía europea. No necesariamente para hacer una película sobre ellos hay que desplegar 50 000 soldados, más diez mil extras; basta con buscar soluciones en un esqueleto narrativo que contextualice el momento en el que se le quiere atrapar», comenta Del Llano, quien es apoyado prontamente por el actor Manuel Romero.

Romero, el actor de teatro y de televisión, no duda al decir que el Luigi que interpreta —un ladino ladronzuelo—, es uno de los papeles más importantes que le ha tocado desentrañar a lo largo de su carrera. «Es el más maquiavélico de los personajes», explica y se suma a elogiar «el ambiente logrado por los técnicos y el personal que hemos trabajado juntos. Desde las maquillistas que día a día tienen que caracterizar al detalle cada una de las heridas que llevan nuestros personajes, hasta los que han logrado hacer realidad una mazmorra de aquellos tiempos».

Piero es la otra cara de la moneda, un asesino de escasas entendederas que, según el actor Carlos Gonzalvo que le da vida, «es el que mejor avala la tesis de la película, al presentar cuánto puede cambiar el arte la vida de un ser humano, en especial la trascendencia de la obra que pudo haber dejado Da Vinci.

Con la cabeza y la barba pintadas de rojo, y el rostro marcado por numerosas heridas, Gonzalvo, más conocido entre la teleaudiencia cubana por el polémico personaje del Profesor Mentepollo, precisó que la concepción de Piero y el tono general de la cinta, poco tienen que ver con el humor. «No hay escrito ningún chiste en el guión, aunque tal vez, producto de las situaciones que se generen, a alguien se le puede escapar una sonrisa en algún momento», aclaró el actor, quien demostró en el filme El premio flaco, de Juan Carlos Cremata, sus grandes dotes histriónicas para los papeles dramáticos.

Con casi la misma edad que tendría Leonardo cuando guardó prisión, Héctor Medina confiesa que interpretar al mismísimo Da Vinci es un reto a superar cada día frente a las cámaras, pues «no es un personaje que yo pueda inventar fácilmente, como otros que he interpretado, que guardan una mayor relación conmigo mismo, o que se pueden tomar de un referente actual».

Para construir el personaje, Medina tuvo que documentarse copiosamente, desde que lo contactaron a pocos días de comenzar el rodaje. Para ello visionó numerosas películas que reflejan la época, como Los Borgia, y se apoyó especialmente en una serie de entrevistas realizadas a Mick Jagger, para recrear a partir de algunos de sus gestos los posibles ademanes de Leonardo.

El elenco de Vinci queda completo con la presencia de Fernando Hechavarría, que da vida al carcelero; y por Roberto Viña y el propio Eduardo del Llano, quienes intervienen en algunos momentos como guardias de la cárcel.

Enriquecedora resulta también la participación de Roberto Fabelo, Premio Nacional de Artes Plásticas, quien creó especialmente para esta historia diez obras que simulan los frescos de un Da Vinci en ciernes, que insinuarán el potencial que posteriormente desplegaría el artista.

«Teniendo en cuenta que Da Vinci en persona no estaba disponible —bromea Eduardo del Llano—, en el primero que pensé fue en Fabelo. El reto era imitar la obra de un grande en un período de su vida que no está documentado, es decir, imaginar cómo pintaría él antes de ser famoso. En este sentido, la película juega con ventaja porque todos sabemos del genial pintor que fue Da Vinci después. De alguna manera, en la película él adelanta pinceladas que lo han de inmortalizar después y que son bien conocidas por todos, como La Gioconda, y es como si nosotros dijéramos que la génesis de aquellas grandes piezas estuvo en ese pasaje desconocido de su vida».

Con un halo también influenciado por la plástica, llegará la fotografía de Ureta, para la cual se contó con referentes visuales como los filmes Amadeus, El Decamerón de Pasolini, o El príncipe de los zorros. En tanto, la iluminación estará acentuando las posibilidades expresivas a partir de dos elementos fundamentales. Mientras una claraboya ilumina de día, en la noche los carceleros encienden una antorcha para los presos; una luz más dorada que les permite jugar igualmente con las pinturas de la época.

A cargo de Osvaldo Montes, el destacado compositor argentino, quedará la música de la cinta, que todos esperan pueda ser estrenada incluso unos meses antes de que comience el festival de cine de La Habana. Mientras tanto, en esta, su segunda semana de rodaje, el joven creador Leonardo da Vinci, el mismo que gustara de las ingeniosas invenciones, ha de continuar pintando en un soporte insospechado para él, el cinematográfico.

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