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Se busca un turista

El turista (2010) y Buscando a Eric (2009), los dos recientes estrenos del ICAIC en salas de todo el país muestran la diversidad de tendencias del cine contemporáneo, que no siempre tiene en Hollywood su paradigma ni su única «sede»

Autor:

Frank Padrón

Dos recientes estrenos del ICAIC en salas de todo el país muestran la diversidad de tendencias del cine contemporáneo, que no siempre tiene en Hollywood su paradigma ni su única «sede».

Venecia, la maravillosa y legendaria ciudad italiana de los canales, se ve sacudida y removida por una trama de acción al por mayor, intrigas, persecuciones y (¡no faltaba más!) una rosada historia de amor en El turista (2010), coproducción entre Francia y Estados Unidos, donde su director, Florian Henckel-Donnersmarck, reúne a dos conocidos y admirados actores: Johnny Depp y Angelina Jolie.

El sujet no es, en sí, nada original: un profesor de Matemática, huyendo de cuitas amorosas, se va unos días a Venecia y en el viaje se topa con una bella y enigmática mujer, quien al principio lo utiliza de «doble» para salvar a su amante del asedio de un gángster al cual ha robado. Ello les enrola y entre carreras huyendo de varios grupos que les persiguen (no solo el matón «afectado») ocurre lo que tiene que pasar, fácilmente imaginable por quien ha visto ya un poco de este cine, si bien algún juego de identidades que conducen a un desenlace bien manipulado, aportan cierta originalidad.

El tratamiento del director no trasciende la corrección artesanal, lo cual no impide que desde los primeros instantes sucumbamos al magnetismo de Jolie, a la recia personalidad histriónica de Depp —aun en papeles tan elementales como este—, al embrujo que aún destila esa mítica comarca de (des)amores y pasiones la cual, desde Thomas Mann y Visconti a Charles Aznavour, han inmortalizado no pocos artistas, ahora agitadas sus aguas no solo por los torbellinos del alma, sino por bien literales y físicos encontronazos de góndolas modernizadas y motorizadas, disparos al por mayor, carreras y persecuciones que solo han trocado las avenidas y carreteras norteamericanas por los líquidos senderos de la siempre hermosa ciudad.

Así, el fotógrafo se (y nos) da gusto captando con fruición lo mismo románticos amaneceres que la nocturnidad apacible aquí sacudida por los dinámicos hechos que tienen lugar desde las secuencias iniciales, y puede colegir entonces el lector que a Henckel-Donnersmarck no le da tiempo —ni creo le interese— profundizar en la psicología de sus personajes ni trascender la historia de thriller convencional que, eso sí, le garantizará de cualquier modo, con los atractivos descritos y otros evocados, un auditorio amplio y entusiasta.

Harina de otro costal es Buscando a Eric (Reino Unido, Francia, Italia, Bélgica, España; 2009). No son infrecuentes en el cine los personajes públicos, astros de la propia pantalla y el deporte sobre todo, que —aun después de muertos— aparecen a los protagonistas de ciertas historias para aconsejarlos y guiarlos. Humphrey Bogart, Tom Mix, Gary Cooper o Maradona han sido algunos de ellos. Buscando… pertenece a esta línea, lo cual no tendría nada de particular si en la rúbrica del director apareciera cualquier otro nombre que no fuera el del británico Ken Loach, autor, como es sabido, identificado por el realismo social que signa todas y cada una de sus películas (Tierra y libertad, Lady Bird, Solo un beso, por mencionar tan solo tres títulos de su vasta y bien apreciada obra). La opresión a minorías étnicas y culturales víctimas del capitalismo salvaje (sobre todo cuando representantes de aquellas han emigrado a un Primer Mundo brutal y excluyente), los conflictos personales dentro de bien focalizados núcleos sociales (nunca mero telón de fondo de los relatos, sino plenos actuantes de estos) y los seres y temas obreros o marginales han sido dianas a las que ha apuntado certeramente el realizador con un cine, si bien no absolutamente regular en cuanto a cristalizaciones estéticas, sí respetable, digno y honesto aun en los casos menos logrados.

Por tanto, sorprende un tanto descubrir en esta nueva historia a un modesto funcionario de correos, fanático —junto a su nutrido grupo de amigos— del fútbol, que es visitado, aconsejado y guiado a reconducir su vida, por una estrella del popular deporte: Eric Cantona, antiguo delantero del Manchester United.

Lo cierto es que la idea partió del mismo jugador, quien no solo aparece entre los productores del filme sino que se interpreta a sí mismo en él.

De cualquier modo, poco importara esto si no fuera porque ahí radica el talón de Aquiles de Buscando…, y es que el otro Eric, el personaje central del filme, posee conflictos y atraviesa circunstancias lo suficientemente interesantes per se como para haber convocado nuestra atención, sin la mediación mesiánica, terapéutica y espiritual del astro «invitado»: las conversaciones entre ambos se sienten forzadas, desgajadas del corpus y portadoras de una violencia diegética que no poco afecta el devenir de la trama.

No obstante, se agradece siempre en Loach esa maestría para conducir multitudes reunidas, conversando o discutiendo (esta vez, los hinchas en el bar), aunque no tanto la solución hollywoodense con que todos castigan al malvado; se aplaude el hecho de hallar un Loach menos colectivista y más centrado en historias personales, o en el lado menos social, y sí más íntimo de sus hombres y mujeres; aunque sobre todo las escenas del comienzo tardan en atrapar la atención absoluta del público, la manera elegante en que resuelve el tono tragicómico de su historia es otro punto a su favor.

No quedan detrás las actuaciones (Steve Evets, John Henshaw y Stephanie Bishop o el mismo Eric Cantona, discreto en sus apariciones, ya hemos dicho, absolutamente superfluas). En fin, sea usted fan o no del fútbol, no saldrá decepcionado de este filme aureolado por el famoso deporte y uno de sus astros contemporáneos, aunque también se dará cuenta de que no está delante de uno de los grandes y brillantes de Ken Loach.

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