Caminos que conducen a la canción

Amante ferviente de la música tradicional cubana y el feeling, Jorge Ibarra García se prepara para rendirle homenaje en su primer disco, producido por el músico Emilio Vega

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

EL caza talento/ Ha reclutado un niño/ Para un experimento/ Órganos vendidos.

El cobrador de mentiras/ Dice mirando la TV/ Mucho me están copiando/ Eso también lo cobraré.

Amanecer de la noche/ Ahora le llaman los poetas/ A las masas de humo tóxico/ Que avecinan los profetas.

Y es que hoy sigue lloviendo/ Cuando un ángel camina/ Con una lágrima rota/ Y otra en la mano escondida.

Se subasta el Premio Nobel/ Al que tenga mal de amores/ Al que sufra o al que llore/ Al que diga que el mundo se está acabando.

El que vende por internet perdones/ El que drogue corazones/ El de cero sentimientos por computadores/ Tiene el oficio que va en ascenso.

Se subasta el Premio Nobel se titula la canción, fragmentos de cuyo texto acaba de reproducir JR, sorprendido por la fuerza de las ideas y la poesía de un tema escrito por un joven músico de 21 años. Lo mismo le sucedió a Israel Rojas, voz líder de Buena Fe, cuando a sus manos cayó la composición de Jorge Ibarra García (que como él pertenece a Musicuba), quien desde niño «perdió» su nombre para empezar a llamarse El Yoyo.

La poco seria adjudicación del Premio Nobel de la Paz al presidente de Estados Unidos Barack Obama, cuando todavía bajo sus órdenes, las bombas no dejan de matar, llevó a El Yoyo a escribir Se subasta el Premio Nobel. Esta fue la carta de presentación del aún estudiante del Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI) no solo ante Buena Fe, sino ante las más de 10 000 personas que se reunieron para cantar a coro en contra de la guerra, convocadas por el popular dúo, durante su más reciente concierto en la Escalinata de la Universidad de La Habana.

«Ya, mientras estudiaba en la Lenin, había tenido la oportunidad de cantar frente a tres mil personas, igual en el ISDI. También toqué en varias plazas del interior del país, cuando formaba parte del proyecto de Chamela; en el festival Piña colada, invitado por Arnaldo Rodríguez..., pero nunca había sentido la presión de la Escalinata que te “empuja” de una manera diferente. Quizá porque uno sabe que es esencialmente universitario el público que se llega hasta allí para escuchar lo que tú le tienes que decir», confiesa este muchacho que inició su vida profesional con el grupo de Javi Santana.

«La adrenalina se me puso a full cuando me aparecí al escenario con mi guitarrita para interpretar El suelo no es cielo sin ti. No te imaginas el alivio que me cayó cuando comprobé que no solo mi mensaje fue recibido, sino también mi música. Pero no respiré hasta que canté, junto a Buena Fe, Se subasta... Al terminar parecía que me habían quitado de encima tres contenedores, pues se trataba de mi primera actuación ante un auditorio así, en medio de un escenario histórico y al lado de Buena, con quienes no podía quedar mal de ninguna manera».

Amante ferviente de la música tradicional cubana y el feeling, «ese estilo musical que supuso una nueva manera de afrontar la canción desde el más puro sentimiento, haciéndole guiños a la canción romántica estadounidense y al jazz», el Yoyo se prepara para rendirles homenaje en su primer disco, que está siendo producido por un músico que es sello de máxima garantía: Emilio Vega (Concierto Tumbao, Cuba canta a Serrat, El ilustrado Caballero de París, Cuando duerme La Habana...), quien tampoco pudo permanecer indiferente ante la lírica del bardo.

Ahora no sorprende a nadie que siendo tan joven, él tenga tan claras sus metas. Y es que, incluso para sorpresa de sus padres, desde pequeño comprendió sus grandes necesidades de expresarse. «De niño, lector incesante de poesía, me interesé por la composición y la oratoria. Me gustaba mucho aprenderme los poemas, recitar, y llegó un momento en que no me bastaba con saberme de memoria lo que escribían los demás, y me propuse crear mis propias cosas.

«Recuerdo que vivía en la cuadra de José Miguel Crego ‘‘el Greco’’, ese trompetista fuera de serie, y que yo me quedaba alelado escuchando una canción muy linda que él interpretaba siempre. Entonces me preguntó si quería aprender a tocar el saxofón. Pero solo di dos clases con él, porque con el saxo no podía hablar, ni cantar. Necesitaba un instrumento que me acompañara. Así fue como me acerqué a la guitarra».

Cuentan que un buen día se apareció Leo Brouwer a su casa, y el muchacho, resuelto, pidió prestada una guitarra a su vecina. Estaba dispuesto a mostrarle al maestro lo que había compuesto y escrito. De ese hecho, obtuvo El Yoyo su añorado «juguete». «Brouwer mandó una nota de su puño y letra a la fábrica de instrumentos musicales, diciendo que había encontrado un niño con mucho talento para componer. “Por favor, ayúdenlo con una guitarra”. Y esa fue la primera que me compraron.

Será la ópera prima de El Yoyo, donde todos los temas son de su autoría, la que demuestre hasta qué punto hemos hallado al autor de temas que correrán de boca en boca. «Es pura cancionística cubana, con sonoridades muy contemporáneas, pero haciendo mucho énfasis en la música tradicional, que a veces los jóvenes no valoramos en su justa medida. Me encantaría que nuestra música se colara en la preferencia de las nuevas generaciones, que ellos encuentren la magia, el encanto, el lirismo de esos temas de siempre.

«En el disco incluiré desde temas con letras más pensadas y líricas, hasta otros donde exploto la trova (El suelo no es cielo..., Sueña conmigo, Te necesito, Se fue y Sin ti y sin mí); la picaresca y el doble sentido, como una especie de tributo a Ñico Saquito, El Guayabero (Son para María y Todo cambió).

«Asimismo se podrán escuchar canciones aparentemente más simples o comerciales, pero que creo que conseguirán comunicarse con la gente», añora El Yoyo, quien cuenta entre sus mayores influencias a clásicos cubanos: desde Manuel Corona y Miguel Matamoros, hasta Silvio y Pablo; y si habla de las foráneas entonces menciona a Sabina, Arjona, Estopa, Melendi...

«Para mí es muy importante que las letras expresen ideas, que no sea solo música pegajosa. El ISDI ha sido esencial en ello, porque me enseñó que no solo se trata de decir algo de un modo más conceptual, sino que ese algo llegue con mayor efectividad a las personas».

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