Un filme para reflexionar - Cultura

Un filme para reflexionar

La actriz Yahima Torres conversa con Juventud Rebelde acerca de su primera experiencia ante las cámaras, que trajo a Cuba el XVI Festival de Cine Francés

 

 

Autor:

José Ernesto González Mozquera

Al conversar con la actriz cubana que encarnó, en su primer rol cinematográfico, a una mujer cuya historia estremeció al mundo, recuerdo una frase popular que resulta como anillo al dedo para la ocasión: «la suerte toca a la puerta de quien menos la espera».

Aunque pueda parecer extraño, el destino, karma o como quieran llamarle, pretendió que la vida de Yahima Torres, una joven recién llegada a París en 2003, cambiara por completo.

Un año después de arribar a la Ciudad Luz, casualmente se encontró por las calles parisinas con el cineasta Adbellatif Kechiche. Desde entonces su vida se transformó.

«En aquel entonces, Adbellatif tenía otro proyecto cinematográfico que retrasó la filmación de La Venus negra cuatro años, explicó Yahima. Lo volví a encontrar nuevamente en el momento cuando realizaba un casting enorme, en 2008, para escoger a la actriz del papel protagónico del filme y, aunque se había olvidado de mí, como reconoció después, me escogió entre cientos de candidatas.

«Simplemente no podía creerlo. Me parecía que estaba en otro universo: descubriendo tantas cosas, trucos y técnicas del cine, que vivía una experiencia única», aseguró la novel actriz.

—¿Cómo fue el primer acercamiento a la historia de esa mujer africana que interpretarías en el largometraje?

—Cuando el realizador me habló en el 2004 acerca del proyecto, me relató someramente la historia que quería llevar a la pantalla grande.

«La Venus negra relata los últimos años de la vida de Saartjie Baartman, más conocida como la Venus hotentote, una mujer negra sudafricana de la tribu Khoi, nacida en 1789, que padecía de una hipertrofia de sus órganos sexuales y de esteatopigia, lo que en griego significa grasa en los glúteos; una condición que se desarrolla, sobre todo, en las mujeres de ciertas tribus africanas.

«Ya en 2008, cuando leí el guión, me di cuenta de la dimensión y la horrible existencia de esa mujer. Todo lo que hicieron con su cuerpo en vida y después de su muerte».

El cuerpo de Baartman, al morir en 1815 de sífilis y gripe, se vendió al Museo del Hombre de París, donde violaron el espacio vital físico de su carne. La desnudaron, le extrajeron el cerebro, sus partes íntimas y la expusieron hasta 1976 como un especimen biológico. En ese año el entonces presidente sudafricano Nelson Mandela, pidió la devolución del cuerpo inerte de aquella mujer para darle  sepultura en su tierra.

—¿Cuán difícil fue interpretar, escena tras escena, la vida de esta mujer?

—Le pregunté al realizador cómo podía lograr actuar, convencer al público de esa manera, si yo nunca antes había hecho cine. No me sentía capaz de interpretarlo porque era una historia muy fuerte, muy triste y, por demás, real, que requería un acercamiento y veracidad histórica e histriónica mayor que un papel de ficción.

«Me siento muy orgullosa porque gracias al director y a mi trabajo, se puede conocer aún más la historia terrible de esta mujer. Antes los franceses estaban al tanto, pero ahora el mundo entero está enterado de todo lo que sufrió Saartjie Baartman».

—Cuéntame acerca de tu preparación personal para la película.

—Fue muy arduo el trabajo. Tuve que subir unos 15 kg de peso, aprender la danza africana y leer mucho sobre este pueblo, de su cultura. Durante todo el rodaje hubo una profesora de afrikaneer a mi lado que me enseñaba cuatro horas al día. Con ella aprendí no solo los parlamentos de la película, sino a comunicarme a través de este idioma para que fluyera mucho más natural en las grabaciones del filme.

«Además tuve que mantener una preparación física enorme. La gente puede pensar que subí de peso simplemente por comer. Durante los ocho meses de preparación no pude dejar de hacer mucho ejercicio de musculación y tomé una proteína que trabajaba en todas las zonas musculares del cuerpo. Para los glúteos se me hizo una prótesis».

—¿Qué importancia le confieres al tema que expone esta película?

—Es muy importante conocer historias como esta, porque aunque sucedió hace 200 años, en la sociedad que vivimos no tenemos una igualdad de mirada entre los seres humanos. Somos capaces de destruirnos, sin vernos como personas. Ojalá el filme sirva para reflexionar y poder cambiar un poco esa manera de pensar.

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