Museo de Arte Moderno: del expresionismo a la decepción

La artista de la plástica, Francis Alys, mediante performances, instalaciones, fotos, collages, pinturas de pequeño formato y videos, focaliza las periferias, los movimientos sociales y las comunidades, en una condena a la globalización

Autor:

Frank Padrón

MANHATANN, New York.— Varias exposiciones transitorias, junto con las salas permanentes del Museo de Arte Moderno (MoMA), uno de los más visitados del mundo, dejan por estos días una huella imborrable en los que consideran, lógicamente, una cita obligada el inmenso local sito en 11 West, en la mítica calle 53 de esta cosmopolita ciudad.

La primera de ellas es Francis Alys: a Story of Deception (Una historia de la decepción), del artista de la plástica de igual nombre, belga que ha basado su poética, sobre todo, en realidades del continente iberoamericano. Mediante performances, instalaciones, fotos, collages, trabajo con material de desecho, pinturas de pequeño formato y videos, Alys focaliza las periferias, los movimientos sociales y las comunidades, en una condena explícita a la globalización que perjudica a las minorías.

Cada obra está precedida por una minuciosa investigación, y los lenguajes se complementan en función de un mensaje central: los estragos que causan los centros de poder y las potencias aglutinadoras de recursos en los más desposeídos, a quienes despojan sin el mínimo escrúpulo.

Uno de los performances más significativos del artista tuvo lugar en Perú, donde convocó a un grupo de voluntarios para que lo ayudaran a convertir una elevada montaña en llano: acción plástica que metaforiza la posibilidad de lo imposible, la lucha perenne por transformar realidades preestablecidas, y la coronación de viejos sueños donde la solidaridad y sus potencialidades no han perdido vigencia.

Ciertos videoinstalaciones muestran otras imágenes-conceptos muy singulares: un carro que sube a una pendiente y cae al llegar casi a la cima, mas, cual obstinado Sísifo, vuelve a intentarlo una y otra vez; o un arrollador torbellino que comienza con un imperceptible movimiento hasta tornarse una fuerza incontenible, símbolo de la posibilidad que aún detentan algunas fuerzas sociales. Otra vez se aprecia al propio artista caminando aparentemente sin rumbo por calles del DF mexicano, más indetenible, tenaz, idea que evidentemente signa toda su poética, donde también hay lugar para el minimalismo de cuadros sin embargo muy expresivos, o pequeños autos realizados con los más diversos e inimaginables materiales.

Otra sugerente exposición es la consagrada al expresionismo alemán, uno de los movimientos más importantes de las vanguardias occidentales de principios del pasado siglo. The Graphic Impulse se titula este apasionante recorrido por esa estética sin precedentes, que desde diversos estilos resaltó y exageró, a veces hasta la deformación, los rasgos humanos y los contextos sociales. Concretamente apreciamos los frutos del llamado grupo Brucke que, nacido en 1905 se extendió interrumpidamente hasta 1920, y que trabajó tanto la escultura como la pintura.

De L.Kirchner a Max Beckmann (cuya serie Hell plasmó como pocos colegas el devastado Berlín de posguerra), de Oskar Kokoschca a Emil Nolde pasando por Kathe Kollwitz y Otto Dix (cuya impresionante serie The war sobre los horrores de la Primera Guerra Mundial figura entre lo mejor de la muestra) los artistas transitan de experiencias urbanas a la sexualidad, de la naturaleza a la religión y la espiritualidad, en un recorrido de aproximadamente 250 piezas representativas de esa intensa transformación en la estética y la propia realidad social que significa el movimiento.

El MoMA ofrece también tesoros de la arquitectura y el diseño contemporáneos, dibujos y fotografías y grandes nombres de la pintura universal, pero imposible siquiera un ligero acercamiento desde una crónica; entonces, guardemos la insaciable mirada quizá para otras ocasiones.

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