La alquimia del tiempo y la materia

Aquí vienen a dar todos los vientos es la más reciente exposición del artista de la plástica Carlos Trillo, considerado el más representativo pintor matérico cubano

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

De pronto el viento aúlla y golpea
mi ventana cerrada./ El cielo es una
red cuajada de peces sombríos./
Aquí vienen a dar todos los vientos,
todos./ Se desviste la lluvia./ Pasan
huyendo los pájaros./ El viento. El
viento./ Yo solo puedo luchar contra
la fuerza de los hombres.

Pablo Neruda.

El espectador acaricia la obra con los ojos. Se siente invadido por la curiosidad. Entorna la cabeza e intenta variar la perspectiva de su percepción. Abre aún más la mirada para descifrar las claves de aquel universo. La libertad de interpretar lo que desee a partir de estímulos visuales ejerce su poder de atracción.

Comienza así un diálogo silencioso entre el observador y la pieza artística, propiciado en esta ocasión por el creador Carlos Trillo con su más reciente muestra Aquí vienen a dar todos los vientos, que podrá ser visitada en la Galería Villa Manuela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

El creador comentó a Juventud Rebelde que la exposición «representa una metáfora, no alude al aspecto climatológico, sino que hace referencia a ese punto, ese espacio en el que confluyen muchos elementos de la vida. Es como decir que aquí vienen a dar todas las guerras, la paz, el amor, el odio, la confianza, las pasiones; todo lo que afecta y rodea al ser humano. En la serie se maneja la idea de lo que nos toca en esta época como los cambios climatológicos y sociales».

Carlos Trillo vivió parte de su niñez y juventud en Nueva York, donde culminó sus estudios de bachiller. A su regreso a La Habana en 1961, emprendió el ejercicio profesional de las artes plásticas.

Es un artífice que ha cultivado el abstraccionismo, y dentro de este, la tendencia del arte matérico desde hace más de cuatro décadas. Esta práctica creativa se sustenta en el uso de diversos materiales como maderas carcomidas, pastas acrílicas, arena, polvo de mármol, cola, pegamentos plásticos y, en el caso particular de Trillo, el asfaltil.

«El arte matérico me proporciona muchas facilidades desde el punto de vista de los elementos con los cuales trabajo para lograr materializar el mensaje que yo quiero dar.

«Lo interesante del abstraccionismo consiste, precisamente,   en proveer al espectador de la libertad necesaria para percibir y entender lo que quiera a partir de sus propias conclusiones. Como artista trato de dar un índice, un mínimo, pero el resto le pertenece al público», explica el pintor, quien ha confesado en otras ocasiones que «el materismo es la abstracción que viste otro ropaje y se manifiesta independiente para recrear temas muy particulares ».

Aquí vienen... está conformada por doce piezas, donde la armonía y el equilibrio estético vienen de la mano de colores como el negro y otros de la gama de los ocres y sienas. Asimismo, se incluyen algunos poco habituales como los rojos, verdes y naranjas.

Cada una de las piezas, desde su particularidad visual, contienen y comparten un reflejo de su creador que parece dominar la esencia etérea e inatrapable del tiempo, tan similar al viento que se hace presente en el título de la muestra.

Se perfila el artista desde la comunión con su obra como explorador de la materia y materiales que cobran vida. En los detalles aguarda la sorpresa de quien descubre cosas nuevas y se reserva la maravilla de experimentar en todo momento creativo.

La serie, en su tránsito por la variable ruta de la imaginación, provoca sensaciones al tiempo que busca significados que motivan. Se transforma, ante los ojos de los observadores, en una mixtura o alquimia de la cual brotan texturas en movimiento que dan alcance y nuevos sentidos a la infinita unidad de la forma y el contenido.

Las propuestas artísticas de Trillo provocan, al decir de Daniel M. Taboada Espiniella, en las palabras de elogio del catálogo, «un inconsciente completamiento pictórico que es singular para cada espectador y en ese momento de creatividad expectante, ocurre el milagro de la comunión entre el artista y su público. Un segundo mágico e irrepetible».

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