Un inventario del alma cubana

Más de un centenar de personas se reunieron bajo la pérgola del Pabellón Cuba para asistir a la presentación de los DVD que contienen las grabaciones del gustado programa Con dos que se quieran

Autor:

Marilyn Bobes

Desafiando las implacables temperaturas de un agosto que invita a la inercia de los ventiladores, más de un centenar de personas se reunieron bajo la pérgola del Pabellón Cuba para asistir a la presentación de los DVD que perpetúan el paso de la cultura cubana por la pantalla chica en las grabaciones del gustado programa Con dos que se quieran, conducido y dirigido por Amaury Pérez, y que recientemente cerró su primera temporada.

Los audiovisuales fueron presentados en el contexto de la feria Arte en La Rampa y habría que aplaudir esta iniciativa del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC), puesto que el «programa de Amaury», así llamado popularmente, fue (y esperamos que siga siendo en una anunciada segunda entrega) una de las mejores demostraciones de lo que puede conseguir nuestra televisión cuando un equipo de excelentes profesionales se decide a romper con el facilismo y los esquemas, y se arriesga en la búsqueda de lo auténtico nacional a través del desalmidonamiento y la desbanalización,  características que no son frecuentes en los programas de entrevistas que hemos visto antes y después en nuestros telerreceptores.

Amaury Pérez ha tenido el tino de saber conversar con sus invitados y de pedir de cada uno lo que sabe que puede ser de interés colectivo, esquivando con su intuición de buen comunicador, la chismografía y los tópicos, el farandulerismo y las preguntas trilladas, para mostrarnos el alma de los hacedores de la cultura de un país que aspira al enriquecimiento espiritual más que a la diversión, aun cuando esta última no esté ausente tampoco. Únicamente resulta que se trata de asumirla de una manera diferente: haciéndonos pensar y regocijarnos sin falsificaciones. Y he aquí, en mi opinión, una de las grandes virtudes de Con dos que se quieran.

Decía el poeta Eliseo Diego que un poema es «una conversación en la penumbra». Y en este sentido cada emisión del «programa de Amaury» pudiera ser calificado de este modo.

Los que fuimos entrevistados sabemos de qué manera sutil el equipo del programa trabajó para que nos sintiéramos como en la sala de nuestra casa, auténticos y sin la máscara de la imagen que en otras partes del mundo los artistas se inventan. Entre nosotros Con dos que se quieran demostró cuánto puede parecerse un músico, un escritor, un actor, a las personas que cada martes a las 8:30 p.m., acudían al «confesionario de Amaury», venciendo timideces o prestándose a unas escenas de desnudos espirituales mucho más difíciles e interesantes que las de las películas pornográficas que venden con absoluta irresponsabilidad  las manipuladoras televisoras del mundo capitalista.

Iluminación, escenografía, guión y profesionalísima edición de Manuel Iglesias se conjugaron en un producto de altísimos quilates que, a pesar de algunos pronósticos subestimadores de la capacidad de recepción de la teleaudiencia cubana, llegó a todos los estratos de nuestra población. Soy testigo de cómo mis vecinos y compañeros de trabajo comentaban los miércoles en la calle las entrevistas, con la misma pasión que los capítulos de la telenovela de turno.

Ahora ese mismo público tiene la oportunidad de guardar las grabaciones en lo que constituye, en mi opinión, una muestra de la televisión que es posible hacer con una gran economía de recursos. Entrega, rigor, carisma y profundidad son las palabras claves contra la improvisación y el mal gusto que suele colarse todavía en nuestras entregas televisivas.

Esperemos que Con dos que se quieran tenga todavía una segunda oportunidad y que muy pronto aquellos que tienen «el alma como de cien» sigan dándose como son en los futuros psicoanálisis de Amaury.

 

 

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