Crónica de una Cruzada

Una Cruzada Literaria por octava ocasión tuvo lugar en las comunidades camagüeyanas, transformadas en plazas culturales tomadas por poetas, narradores y trovadores

Autor:

Claudio Peláez Sordo

Eterna y cruel selva salvaje/ cruel, eterna y salvaje, selva/ eterna salvaje y cruel selva. Una y otra vez estos versos dejaron de pertenecer al joven poeta guantanamero Iván Grizzle para convertirse en propiedad de quienes fueron los protagonistas de la reciente Cruzada Literaria, que por octava ocasión tuvo lugar en las comunidades camagüeyanas, transformadas en plazas culturales tomadas por poetas, narradores y trovadores, quienes al entregar su arte ofrecían lo mejor de sí a quienes se acercaban.

Llegados de todo el país, hubo quien hasta empató un evento con otro. Así lo hizo el trovador habanero Iván Fresquet, quien después de culminar la Jornada de la Canción Política en Guantánamo decidió hacer escala en la tierra de los tinajones para unirse a la expedición literaria.

Cada mañana la Cruzada buscaba destino no sin antes recoger a varios de sus constantes expedicionarios, entre ellos el camagüeyano Jesús Zamora, quien desde la silla de ruedas regaló su poesía con sed infinita. Quizá Zamora dedique algún día un poema a la narradora tunera Leonor Pérez, que hizo su debut en el café literario La Comarca, con aquel cuento del hombre y el reloj. La misma Leonor que invariablemente hizo reír y reflexionar a quienes la escucharon.

Sin duda, durante esos días los jóvenes artistas que celebraron el aniversario 25 de su organización fueron mejores amigos y terminaron llamándose hermanos. No era raro descubrir que un poema o una canción fueran dedicados a uno de ellos. O que los trovadores se convidaran a compartir hermosos temas. Sucedió cuando Yoyo, el guantanamero, cantó su conga Marina e invitó a Etién a que lo acompañara; o cuando este entonó Vámonos pa’l bonche, Juan y apareciera a su lado el villaclareño Yatsel...

En esta ocasión Minas y Vertientes fueron los municipios que se incluyeron dentro del recorrido de la Cruzada. En el primero un parque lúdico, situado al lado de la emisora La voz del Bayatabo, se convirtió en poético. Y en Vertientes un teatro acogió a Mariela, quien no solo tocó el violín, sino también leyó su novela inconclusa que solo tiene inicio y final. Allí también Reinaldo dejó de tocar sus temas para unir su voz a la pequeña Malú mientras interpretaba El día feliz está llegando y Lo feo. Y si Minas y Vertientes se estrenaron, Florida, Céspedes, Guáimaro y Sibanicú gustosas repitieron.

No es nada nuevo la Cruzada para la escritora y poetisa camagüeyana Yoandra, pero aun así le sigue aportando experiencias enriquecedoras. Por ello reza para no dejar escapar ninguna. Y es que en la Cruzada Literaria el diálogo fluye en todos los sentidos, mientras una red sólida e invisible se va tejiendo entre los jóvenes artistas, siempre ansiosos de crecer como seres humanos y de contagiar con su arte a la gente, a la comunidad.

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