Entre la medicina y el humor, ARES

Con un currículo admirable como aficionado, no fue hasta 1997 cuando Ares pudo dedicarse profesionalmente a la caricatura, aunque no se ha desvinculado de su carrera como médico

Autor:

Julieta García Ríos

Nikita chama boom, el más reciente cortometraje de Juan Padrón, bien pudo reflejar los amores entre el tabaquero Arístides Hernández González y la costurera Luisa Manuela Matilde Paula Policarpia Guerrero Najarro. Como ellos, muchos cubanos, durante y después de la Crisis de los Misiles, se aferraron a la vida.

Meses más tarde, al amanecer del 2 de septiembre de 1963, nació en el habanero hospital de Maternidad Obrera Arístides Esteban Hernández Guerrero «Ares», quien en 1994 fue nominado por la revista Witty World entre los mejores caricaturistas del mundo.

Era 1984 y estaba a punto de cumplir 20 años de edad cuando publicó su primera caricatura en la revista Opina. «Pero, antes, en la Vocacional Lenin, hacía ya algunos dibujos de humor para un periódico de los estudiantes, también en álbumes y libretas realizaba caricaturas de alumnos y profesores con las que conseguía como premio meriendas, cigarros, broncas y consejos de disciplina».

Ese mismo año llegó su primer premio: una mención en el Salón Chispa Joven, y en el 85 acertó internacionalmente con un reconocimiento en el Salón World Cartoon Gallery, de Osten, Yugoslavia. De esa época hasta acá no ha parado su buena racha, suma un centenar en Cuba y 125 en salones en el exterior. Es el más premiado de los humoristas gráficos cubanos.

Figuran entre sus lauros el Gran Premio de la Bienal de Teherán; el premio a la mejor caricatura en la Bienal de Gabrovo, en Bulgaria; el Primer Premio de pintura de la Bienal del Mercosur, en Argentina y el Gran Premio Eduardo Abela en la Bienal Internacional de Humorismo gráfico de San Antonio de los Baños, en tres ediciones de este evento, y recientemente recibió el Primer Premio en el Salón de la ciudad de Haifa, Israel.

No fue hasta 1997 en que Ares pudo dedicarse profesionalmente a la caricatura, año en que fue liberado como médico (siquiatra) y comenzó a trabajar en Juventud Rebelde como plantilla del dedeté. Sin embargo, de la salud no se desvinculó; durante años mantuvo una consulta semanal y aun ahora, cuando sus funciones como vicepresidente de la sección de Artes Plásticas de la UNEAC lo absorben junto al proceso creativo y de investigación, no ha dejado de atender a algunos de sus pacientes.

Entre una y otra profesión, el artista, que ha ilustrado más de 40 libros, encuentra similitudes: «El humorista gráfico y el médico tienen que escuchar a las personas, dedicarles tiempo y hallar el medio de comunicarse con ellas.

«Cuando fui a hacer mi servicio social a Puriales de Caujerí, Guantánamo, en el año 1986, recuerdo que atendí a una paciente con un retraso mental que no mejoraba con el tratamiento que le habían indicado y no entendía el porqué, pues era el correcto para sus síntomas. Después de conversar un buen rato con ella le pedí que me explicara con detalle cómo tomaba los medicamentos. Resulta que la paciente tomaba una tableta de cada frasco cuando quería, pues no podía descifrar el método. Le hice un método gráfico dibujando a la izquierda los envases de las tabletas y a la derecha los horarios: un vaso de leche significaba “en el desayuno”, una cama significaba “al acostarse”, etc. En una semana mejoró todos sus síntomas».

En estas casi tres décadas como humorista gráfico, su evolución la divide en varias etapas: «una breve al comienzo en la que predominaron los tanteos en diferentes maneras de hacer; luego se estableció una ya propia (que no es la de ahora) en la que predominaron los chistes de humor general y algún que otro costumbrista. En lo adelante mis personajes comenzaron a engordar y a convertirse en mudos para decirlo todo solo con la imagen, aunque hasta tenían cierto tono de ingenuidad. Durante varios años realicé solo esos chistes atemporales cercanos al gag, pero luego mis dibujos comenzaron a adentrarse primero en temas existenciales, a los que se sumaron mis preocupaciones de índole política. Mi humor se hizo más ácido y mis personajes más expresionistas y grotescos. No creo que haga un humor de risa ni carcajadas, es un humor más de carga, de síntesis, un ejercicio de inteligencia que busca una sonrisa interior.

«En el camino, hacer solo humor gráfico me resulta aburrido, comencé a realizar ilustraciones para libros infantiles y a experimentar en otras expresiones de las Artes Plásticas. También he realizado historietas, pero con una concepción más ligada al comic underground que a la historieta clásica».

Investigar sobre la caricatura le apasiona, tanto que se considera un adicto al tema. De esta faceta suya han nacido varios libros, como esa excelente Historia del Humor Gráfico en Cuba, realizado en coautoría con el colega JAPE.

En la calle Gervasio No. 572, entre Reina y Salud, Ares tiene su hogar; desde lo alto de la casona antigua de Centro Habana él palpa al mundo y a su gente.

Es un excelente anfitrión, buen bailador y cocinero, gusta de hacer cuentos con los que es capaz de mantenerte en tensión hasta el final. Su casa es centro de reunión de los colegas y amigos. Allí se inspira y, mientras algunos se quejan por la falta de musas, él tiene cuatro: Mariana, Martha Luisa, Mabel y Odette.

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