La página me seduce y atrapa

Desde niño, Sergio García Zamora, actualmente miembro de la Asociación Hermanos Saíz, cree que estaba predestinado a asombrar con el verso, y ya a los 15 años supo definitivamente que quería ser poeta

Autor:

Nelson García Santos

SANTA CLARA, Villa Clara.— Defiende con vehemencia lo que cree y cómo lo cree, sin dejar lugar a la más mínima duda. Va desgranando sus palabras pausadamente, para sorprender aquí y allá, con una metáfora o una imagen que retratan sus sentimientos. La poesía es la esencia de su vida.

Cree, por ejemplo, que estaba predestinado a asombrar con el verso. Desde niño a Sergio García Zamora le deslumbraban los libros. «Ahorraba del dinero que me daban para la merienda, y los compraba, aun aquellos que por mi edad no iba a leer en ese momento. Sentía satisfacción al tocarlos, acariciarlos», confiesa.

Cuando cumplió 15 años supo definitivamente que quería ser poeta. La realidad le deslumbraba y él deseaba deslumbrarla en versos. Y esta circunstancia le vino a confirmar su innata inspiración. A los 17 años la Editorial Sed de Belleza publicó su poemario titulado Autorretrato sin abejas.

Luego siguieron los premios Poesía de Primavera y Calendario, en 2009, con su libro Tiempo de siega y poda. El pasado año le publicaron tres poemarios. Este 2011 ganó el premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara, con El valle de Acor.

—¿Cazador de premios?

—No, para nada. Aunque me encantan por todo lo que representan, sin obviar su efecto económico; el poeta también vive de pan. Pienso que constituyen un fin pero no resulta lo esencial.

«El premio es una cuestión trivial comparado con ese instante de estar a medianoche escribiendo en la soledad del cuarto y riéndome cuando logro un poema como yo lo deseaba».

—¿Satisfecho con tus libros?

—No. Tampoco reniego de ellos en lo absoluto, pero siempre quiero estar otra vez ante la página en blanco que me atrapa y seduce. Si estuviera satisfecho no escribiera más. Me hace feliz ese acto íntimo, aun cuando lo haga sobre el dolor, o desde el dolor sobre una realidad terrible, sobre un caos o sobre la belleza misma. No puedo decir que estoy satisfecho con mi obra, pero alegre sí.

—La crítica, ¿cómo te trata?

—Se ha convertido en un cliché decir que no existe. Se obvia que vale tanto lo que se dice como lo que no se dice, esos silencios son terribles. Mis mayores críticos son mis propios amigos y les estoy muy agradecido.

—¿Por qué tantos poetas en Villa Clara?

—No sé cuál es el misterio de que haya tantos. Creo que se trata de vivir poéticamente y pienso que hay muchos sin escribir y publicar. Para mí la respuesta va más sobre lo poético de la ciudad letrada, como se conoce a Santa Clara. Ese modo de vivir de la gente que recuerda mucho la pugna del poeta con la página en blanco. La otra respuesta puede estar en ese gremio tremendo de intelectuales que hay en la provincia.

—¿Qué significa para ti la AHS?

—La Asociación Hermanos Saíz ha aunado y encauzado el talento joven en función de ayudarlo y desarrollarlo sin ningún cuestionamiento y con mucha libertad.

«Aquellos gloriosos muchachos demostraron que la obra joven puede trascender y ese espíritu de ellos ha impregnado en la AHS. Por eso me place militar en una organización que tiene ese legado, que es además una de las cosas que más me gusta».

—¿Qué te retrata como editor?

—Al principio creía que jamás me iba a entusiasmar. Resulta muy difícil bregar con el texto ajeno, que es trabajar con el alma ajena, pero terminó apasionándome. Ahora para mí constituye una alegría atender una obra, hacerla propia, íntima, y me complace, porque lo que importa es el texto.

«Uno tiene que olvidarse del autor y concentrarse en la página y hacer lo mejor que pueda, volver una y otra vez sobre lo escrito para lograr, en lo posible, una obra más acabada».

—¿Alguna sorpresa entre manos?

—Tengo terminada una trilogía a la espera de enviar los libros a concurso. No hay un tema central. O sí, siempre Cuba. Es una poesía de tipo social sobre fenómenos de nuestra realidad que pueden ser polémicos. Que en vez de exponer esa realidad la penetra.

A sus 25 años este poeta, natural de la localidad villaclareña de Esperanza, reconoce que le gusta asombrar y que le llena de alegría que el hombre puede desentrañar el misterio que lo circunda. O traducir ese misterio, que es la vida misma.

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