Juegos para jugar contando

La obra para niños Jugando el juego de jugar contando del Estudio Teatral La Chinche se estará presentando el 1ro. y 2 de octubre, así como los días 8 y 9 en el Teatro-Museo de Títeres El Arca, en La Habana Vieja

Autor:

Blanca Felipe Rivero

El verano del 2011 resultó muy halagüeño para el Estudio Teatral La Chinche. Primero porque estrenó para niños Jugando el juego de jugar contando, y segundo, porque su sede habitual, el Teatro Sant Boi, pudo lucir una reparación que valoriza el trabajo continuado de esta agrupación y el respeto al público de Marianao que asiste orgulloso a este espacio, porque lo ha hecho aún más suyo.

Nacida en septiembre de 2006, La Chinche, aunque pertenece al Consejo de las Artes Escénicas de la antigua provincia de La Habana (ahora Mayabeque) y cubre presentaciones en esta zona, tiene su guarida en dicho municipio. Su fundadora y directora es Lizette Silverio, graduada de la Escuela Nacional de Instructores de Teatro (ENIT) y del Instituto de Teatro de Minsk en Belarús.

Aún con títulos importantes de teatro para adultos, La Chinche sostiene también espectáculos para los infantes al estilo de Los pequeños prodigios, El mundo al revés, Entre cuentos te cuento y, el más reciente, Jugando el juego de jugar contando, esta vez en codirección con la actriz e instructora de teatro —por muchos años, y fundadora del grupo— Niurka Pérez. Sin dudas, estamos ante un acople de habilidades, talento y sensibilidad.

Tres amigas con alrededor de diez años de edad se reúnen para jugar. Dorita y Sulma van al patio de Lili, fabulan a representar, pero este juego de roles es precisamente el pretexto que escogen los hacedores de esta propuesta escénica para la representación que disfrutamos. Se trata de una historia contada desde la perspectiva infantil elevando el goce del juego sano, la aceptación del otro y la importancia de la amistad sin la intromisión ni la presencia del adulto, lo que afirma una cercanía especial en términos de comunicación e interés de los niños, porque es como jugar en el teatro tal cual hacen los pequeños a diario; pero son los adultos quienes «hacen» como ellos para su disfrute. Es el reconocimiento de los placeres necesarios de la infancia.

Así Lili, Sulma y Dorita juegan a la princesa y el dragón, te veo no te veo, hacen adivinanzas, tan tanes, poesías y títeres. Tres banquetas, el esqueleto de un retablo de hierro y su manta, sombrillas, sombreros, lazos y bastón son utilerías o elementos que surcan el espacio y dialogan con los actores, proponiendo una composición dinámica que se enlaza con la estructura dramatúrgica del espectáculo, mientras bailan solas o en coreografías, hacen máscaras que nacen de un sombrero de mago, caracterizan disímiles personajes, metamorfosean, manipulan y animan objetos.

En homenaje al español y cubano Herminio Almendros, La margarita blanca, una de tantas historias que ha acunado la infancia de varias generaciones y que aún es paradigma del teatro escolar y comunitario, constituye la historia que las niñas-personajes representan con muñecos.

Las cuatro jóvenes actrices que asumen estos roles: Julieta León como Lili, Ana Lucía González como Dorita y Giselle Armas compartiendo con Claudia Monteagudo el personaje de Sulma, enfrentan un trabajo arduo en la escena simultaneando la caracterización de estas niñas con el histrionismo que lleva consigo la historia. Aunque es posible advertir carismas individuales, el equilibrio actoral se agradece y dignifica la puesta. Julieta León evidencia una fuerte presencia escénica. Ana Lucía, sabichosa, exhibe dotes para el canto y la danza; Gisel Armas afirma un color especial por el carisma de su caracterización, atenta a su artesanía, mientras Claudia Monteagudo da pruebas de un camino seguro en las tablas.

Se advierte una línea de trabajo para niños con referencias que se relacionan con el juglar o el clown circense en Estudio Teatral La Chinche, que se estará presentando próximamente en el Teatro-Museo de Títeres El Arca, en La Habana Vieja (1ro. y 2 de octubre, así como los días 8 y 9), en saludo al aniversario 25 de la Asociación Hermanos Saíz. Sonidos guturales, gestualidades y movimientos hiperbolizados, búsqueda de situaciones humorísticas pero desde la habilidad corporal y un serio trabajo vocal, no solo en colocación y proyección de la voz sino en el buen decir, distinguen a este colectivo. Y ello hace de Jugando el juego de jugar contando una de las ofertas teatrales más interesantes y válidas de la temporada, y de las presentaciones que de seguro vendrán.

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