Almendrones en San Antonio

Este viernes, a las 2:30 p.m., en la Galería Eduardo Abela de San Antonio de los Baños, el caricaturista René de la Nuez reinaugurará su exposición Almendrones

Autor:

Julieta García Ríos

Ignoro en qué viajará desde su hogar, en el habanero reparto del Vedado, hasta su natal San Antonio de los Baños. Algo puedo asegurar: irá acompañado de su imprescindible Pucha y en los 30 kilómetros de recorrido no le quitará el ojo a esos carros antiguos que se mueven gracias al ingenio del cubano y que nos «salvan» para llegar a tiempo a los lugares si contamos con los diez o 20 «cañitas» de su tarifa habitual.

A los almendrones, como popularmente el cubano ha bautizado a estos automóviles devenidos, en su mayoría, taxis particulares, dedicó René de la Nuez Robaina una serie.

Los Almendrones de Nuez tuvo su estreno en julio del año pasado en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau. Este viernes llegará a la galería Eduardo Abela, de San Antonio de los Baños, ahora con dos nuevas piezas.

Todo comenzó cuando el padre de El Loquito, ese personaje emblemático de la caricatura en Cuba, preparaba la exposición de Bellas Artes en ocasión de que le fuera otorgado el Premio Nacional de Artes Plásticas 2007, distinción que en el gremio de caricaturistas solo posee él.

En La pícara Habana, título de aquella expo, Nuez recrea a la ciudad con «ese barroquismo que escapó de los antiguos edificios y columnas y mutó a su gente». Estaban ahí las mulatas exuberantes, el bicitaxi… y el almendrón, en el que vio cualidades artísticas dignas de una serie independiente.

«Los almendrones son una instalación rodante que me provocan. Pinto mi impresión y sensación de estos automóviles. A veces hay bulla, abarrotamiento de gente y otras cosas».

En la Eduardo Abela se expondrán 32 obras. Hoyo colorado y El Diablo rojo son de reciente creación. Mientras El submarino amarillo, El viejo verde y Luz Brillante serán los próximos Almendrones de otra serie de Nuez. «Tengo la idea y hasta el título», comenta a sus 74 años este hombre que prefiere la mañana para trabajar y que suele dibujar primero y después dar título.

«Con los almendrones me basé mucho en los barrios adonde van, a Vieja Linda, a Palo caga’o… que son nombres simpáticos de por sí», agrega.

El humor ahora

«Salvo algunas excepciones, el humor gráfico cubano está muy mal. Estamos faltos de coherencia, de funcionar como un grupo de intelectuales de pensamiento. Falta debatir. Todos tenemos que dibujar diferente, pero pensar igual en el sentido de que el humor tiene que revolucionarse constantemente. Antes, hacer el periódico era discusión perenne para decidir qué poner aquí o allá y cuál sería la portada.

«Por otra parte, los periódicos han abandonado al dibujante; no hay periódico que publique caricaturas habitualmente.

«Creo que el poco espacio existente tampoco hemos sabido aprovecharlo y llevar a las caricaturas una serie de personajes y elementos que están en la calle y han ido surgiendo al calor de la Revolución. La caricatura es un testimonio de la época, y es justo eso lo que nos está faltando».

—Hablabas de la presencia de la crítica…

—El humorista gráfico es un crítico. Los caricaturistas tienen una mirada especial para descubrir y ver las cosas que otros no ven. En el humor más tonto que puedas ver hay una crítica: a la moda, al amor, al hombre… La caricatura política tiene que ser crítica. El humorismo es para buscarse problemas también. Lo más difícil para un dirigente es verse reflejado en una caricatura. Lamentablemente el humor se entiende como burla. Si la persona sale en una fotografía está contento, pero en un dibujo no. Una de las cosas que no se ha logrado vencer es el concepto del humor: aspecto de la vida para mejorar al hombre y no para burlarse de él.

Un nuevo personaje

En diciembre de 1956, tenía Nuez 19 años y era estudiante del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana cuando publicó por primera vez en la prensa nacional, el semanario Zig Zag. Al poco tiempo, en febrero de 1957, debutó con su primer y más popular personaje: El Loquito.

«Lo dibujé a base de triángulos, buscando un estilo que lo hiciera, desde el punto de vista gráfico, salirse de los demás personajes. Le puse un collage (que en aquel momento era muy usado por los surrealistas) de papel periódico en el sombrero. El Loquito pegó enseguida, porque era muy candente; hablaba en clave para poder decir las cosas y burlarse de la dictadura y la censura batistiana. Desde entonces, Nuez siguió llevando el acontecer nacional e internacional a sus caricaturas y personajes. Al Loquito, que de Zig Zag lo llevó al periódico Revolución, le siguieron Napoleón, Don Cizaño (contrafigura de El Loquito que representaba a la prensa reaccionaria), Mogollón, Negativo Compañero, Blandengo, Tato Gato, El Barbudo… y ahora estrena el señor Don Frenón Retranca.

Sobre los móviles que le inspiraron el nuevo personaje comentó: «He visto que se está convirtiendo en consigna la lucha contra el burocratismo y no es contra ese fenómeno, sino contra la reticencia al cambio que hay que combatir. Esa mentalidad de dificultar las cosas puede verse a cualquier nivel. Lo mismo en un dirigente, un ciudadano común, que en un artista, bodeguero o chofer. Por eso mi personaje está sobre una nube y ve la vida de distinta manera, desde la altura; por eso no quiere que las cosas cambien».

El nuevo personaje usa espejuelos. «Es de poca vista», dice con eufemismo. Siempre viste con guayabera y tiene una palanca, que es un freno…, con la cual dificulta los trámites y cambios».

—Hay muchos caricaturistas que nunca llegan a tener un personaje; sin embargo Nuez tiene casi una decena…

—Me gusta recoger el momento y convertirlo en personaje que luego pasará a nuestra memoria histórica. Mogollón, por ejemplo, lo hice en una época en que el país luchaba contra la vagancia… Los personajes dan una posibilidad mayor para abordar una temática que de otra manera te repetirías. Además, me agrada hacerlos porque la gente se identifica con ellos.

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