La escena sin Adria

Aunque el teatro la robó para sí casi totalmente, Adria será recordada también por su participación en series televisivas como El año que viene, Doble juego y la reciente Añorado encuentro

Autor:

Jaisy Izquierdo

Adria Santana, la reconocida actriz de las tablas, la televisión y el cine cubanos, falleció ayer a los 62 años, víctima de un extendido cáncer que no le impidió dedicarle hasta el último aliento a su profesión.

La vimos de la mano de Léster Hamlet, no hace mucho, moverse con magistral soltura por una Casa vieja en la cual ya había deambulado para graduarse de primer año en el Instituto Superior de Arte, en el año 1966. Para ese entonces no había conocido al dramaturgo de la obra, Abelardo Estorino, con el cual habría de establecer luego una entrañable amistad y colaboración profesional que marcaría con estrella la historia del movimiento teatral cubano.

Su desempeño actoral, que contó con el liderazgo creativo de Armando Suárez del Villar y Vicente y Raquel Revuelta, topó las alturas de la mano de Estorino, con obras tales como Ni un sí ni un no y el monólogo Las penas saben nadar, por el cual recibiera el lauro de la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York en 1997 y el Premio a la Mejor Actuación Femenina en el Festival Internacional del Monólogo de Miami en el 2001. Además, fue merecedora de la Distinción por la Cultura Nacional y la Orden Alejo Carpentier.

Aunque el teatro la robó para sí casi totalmente, Adria también será recordada por su participación en series televisivas como El año que viene, Doble juego y la reciente Añorado encuentro, mientras que su personalidad histriónica quedará para siempre resguardada en filmes como Polvo Rojo, entre otras.

Adria, la Greta de Las penas…; la Camila, de Santa Camila de La Habana Vieja; y la Lalita, de Contigo, pan y cebolla, a pesar de su muerte no nos ha abandonado. No podría. Sus cenizas pertenecen desde ayer y para siempre a los jardines de la Casona de Línea, hasta donde la acompañaron su esposo Pablo Menéndez, su hijo Osamu, también músico, y su nuera, la actriz Yory Gómez, junto a demás familiares, amigos y compañeros de las artes escénicas. Allí, muy cerca de las tablas, su gloria irradiará para siempre.

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