Ardión quiere dibujar

A sus 80 años de edad, el caricaturista cubano Alberto Merique Ardión (Ardión) tiene una lucidez asombrosa. Aunque sus ojos se apagan, cuenta a JR dibujos que imagina

 

Autor:

Julieta García Ríos

ACABA de cumplir 80 años de edad. Su vista se va apagando por la catarata, pero su terca mente sigue aferrada a todos sus trazos, a las imágenes que durante años fue estampando en Juventud Rebelde. Un pequeño radio BIR-04 es su nexo con el mundo. Por temor a caerse, dejó de caminar y anda en sillón de ruedas. Sujeta un bastón al que le cuelga una cinta morada.

Mientras se dan los pasos para remediar la vista con una intervención quirúrgica, su imaginación vuela. Tiene ganas de dibujar. Y más, de pintar. Sentir el olor a tinta, enfrentarse otra vez al desafío del papel o el lienzo en blanco…

Su nombre es Alberto Merique Ardión, caricaturista que durante años integró el dedeté. Su estilo es naif. Naif en su línea e ideas, al decir de René de la Nuez, caricaturista y Premio Nacional de Artes Plásticas.

Han transcurrido casi dos décadas desde que Ardión dejó las páginas de este diario. Andábamos en su búsqueda desde hacía mucho y fue él quien nos encontró. Bastó una llamada para que acudiéramos a su encuentro, ahora en el Hogar de Ancianos 13 de marzo, en el municipio habanero de Guanabacoa.

En nuestra primera visita el hombre estaba alerta, desconfiado… No han sido pocos los tropiezos e incomprensiones en estos años, y se siente abandonado. Es fundador de la UNEAC y de los suplementos humorísticos de Juventud Rebelde: El Sable, La Chicharra y el dedeté.

Durante sus días en este periódico obtuvo más de 30 premios y menciones en eventos nacionales y una medalla de oro colectiva en el concurso La sátira en la lucha por la Paz (URSS, 1983).

El pasado 3 de octubre, día de su cumpleaños, volvimos a verlo y juntos festejamos sus 80 años. Luce más joven con esa camisa amarilla impecablemente limpia y planchada. Viene acompañado de su hermana Berta, a quien también traen en silla de ruedas. Ambos viven juntos en esa institución. No hay señales de otros parientes; solo son ellos dos.

Ardión ha bajado la guardia y acepta como amigo a Adán Iglesias, director del dedeté. Es así como le cuenta sus últimas ideas: «Están un león y una leona detrás de unos arbustos, y pasa un hombre. Entonces el león le dice a la leona: “Déjalo, que están en vía de extinción”».

—¿Alguna vez te fueron a reclamar por una caricatura? —le pregunta Adán.

—Nunca, y publiqué en muchísimos medios, en Cuba y en el extranjero. Adonde quiera que llevaba mis dibujos me publicaban. Gustaba lo que hacía. En ese sentido he tenido suerte.

La suerte está echada, se suele decir. Pero me atrevo a pensar que las cosas pueden cambiar para que Ardión vuelva a dibujar.

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