Pánfilo saca muy bien las cuentas

Mis estudiantes me asumían como un profesor más; la asignatura que yo impartía es una de las difíciles, así que no podía haber gozadera, afirma Luis Daniel, «Pánfilo», Silva de Francisco

Autor:

Margarita Barrios

«Dar clases tiene ciertas similitudes con la actuación. Hay que pararse delante de un público y lograr que te atiendan, que te comprendan, y sobre todo que no se cansen», expresó en entrevista para JR Luis Daniel Silva de Francisco, más conocido como Pánfilo, a quien el público conoce por su filoso y auténtico humor, pero no por su desempeño como profesor universitario.

«Desde que me gradué como licenciado en Ciencias de la Computación en 2002, hasta el curso pasado, impartí Lógica Matemática en la Universidad de La Habana, pero me atrapó mucho la televisión.

«No podía decirles a mis alumnos: la semana que viene tengo grabación; no vamos a dar clases. Así que tuve que dejar la docencia, pero no renuncio a dar clases; quizá en algún momento decida volver a la Universidad, pues allí me dejaron las puertas abiertas para mi posible regreso».

Silva estudió en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Vladimir Ilich Lenin desde 1993 hasta 1996. Y a pesar de que tenía «sus inclinaciones graciosas» no hizo pruebas para el Instituto Superior de Arte (ISA), pues quería estudiar Computación.

«Aprobé los exámenes de ingreso y después del Servicio Militar, donde también hice mis cosas humorísticas, llegué a la Universidad de La Habana. Los cinco años de la carrera fueron duros, porque me fui insertando más en la actuación, pero siempre tuve claro que no iba a dejar los estudios.

«Cuando me gradué, con buenas notas, me propusieron quedarme como profesor. Siempre me había gustado la docencia, así que acepté e impartí clases durante ocho años».

—Existe la opinión de que un matemático es una gente obsesionada, con espejuelitos, que no habla con nadie.

—Existen —afirma Silva con una sonrisa. Pero no solo son los matemáticos, están en cualquier carrera. Sin embargo, la Facultad de Matemática es de las más entusiastas, a pesar de que son estudios duros. De otras facultades venían a nuestras peñas, porque sabían que quedaban buenas.

—¿Te costaba trabajo que tus alumnos te «tomaran en serio»?

—Ser actor me daba ventaja. Me asumían como un profesor más, incluso hasta mejor. Lejos de que se creara un ambiente de gozadera, ocurría todo lo contrario. La asignatura que yo impartía es una de las difíciles, así que había que prestar atención.

«En los cinco minutos de receso me hacían preguntas de los artistas, de cómo se hacía el programa, y eso me daba tema para departir y acercarme a ellos. Esa fue una ventaja».

—Los estudiantes suelen tener problemas para el aprendizaje de la Matemática. ¿Por qué sucede?

—La base; no es otra cosa. De la Matemática no te puedes perder ningún capítulo, porque esas cosas sencillas que se aprenden en la Primaria, en la Secundaria Básica, luego las necesitas en Álgebra, en la Geometría…

«A veces fracasan porque los mismos estudiantes no les dan el valor que tienen. Y según avanzan, ocurre la sumatoria de los capítulos perdidos y los lleva al fracaso. También hay cierto peso negativo en la manera en que se imparten las clases. Los estudiantes salen mejor preparados de unos centros que de otros. Eso hay que equipararlo.

«Para mí la Matemática es sencilla, no es fuerte. Alguien me puede decir: ¡Estás loco! Y no es así; es que tienes que prestarle atención desde el principio».

—La prueba de ingreso de Matemática es obligatoria para todos los tipos de carrera; sin embargo hay quienes piensan que para estudiar Letras no es necesaria.

—La Matemática te ayuda para todo tipo de razonamiento, porque es una ciencia exacta y te da seguridad. Te permite crear un pensamiento lógico, estructurar tus ideas, tu trabajo, tu razonamiento, tu deducción, todo lo lleva la Matemática; por eso es necesaria para un estudiante de Derecho, de Biología o de Economía. Siempre te va a servir.

—¿Te es útil para tu trabajo como actor?

—Sí. Cuando haces demostraciones de un teorema, elaboras un planteamiento, paso a paso, y escoges qué algoritmo seguir. Ese mismo sistema algorítmico lo aplico para estructurar un chiste, un guión o un libreto. El pensamiento de por dónde coger, cuál es el camino, te lo da la lógica matemática.

—Actúas y conduces programas en el teatro y en la televisión. ¿Qué prefieres o qué te gustaría hacer más?

—Me gustaría mezclarlo todo. En realidad no me puedo quejar, porque he tenido muchas oportunidades, pero me gustaría un espacio en la televisión donde pueda hacer conducción, entrevistas, y lo mío en el humor.

—¿Y una actuación dramática?

—Hice de víctima en Tras la huella. Salía un momento, me mataban, y ya. Acepté enseguida, porque es una forma de que el público te vea en otra cosa. Y para mí también, porque no tengo formación académica y me hace falta probarme con algo sencillo; no voy a asumir una telenovela, «meter la pata», porque la televisión lo mismo te levanta, que te hunde.

—¿Cuándo supiste que eras capaz de hacer imitaciones?

—Eso empezó cuando tenía 12 años, en la Secundaria Básica. Íbamos a hacer un matutino por el Día del Educador y decidimos imitar a nuestros maestros. A mí me tocó el profe de Historia. Me pasé días observándolo; en realidad me tomé aquello muy en serio. Cuando hice la imitación la escuela «se cayó de la risa». Yo mismo me quedé sorprendido.

«Así que seguí imitando a los maestros, al director… En la Universidad tuve que cambiar, porque los alumnos no tienen los mismos profesores, y empecé a imitar a personalidades conocidas por todos, como Rafael Serrano, Héctor Rodríguez, Eusebio Leal…

—¿Nadie se ha disgustado con la imitación?

—Para nada; y siempre agradezco trabajar donde ellos están. He coincidido con ellos y se han reído muchísimo. Con Leal fue un placer ver cómo lo disfrutó, y a los pocos días me mandó de obsequio un libro suyo autografiado.

—¿Quién es Pánfilo?

—Pánfilo existe en todas las personas de la tercera edad. Tiene de los viejitos que veo por la calle, no solo sus pensamientos, sus preocupaciones, sino los gestos, la manera de caminar. Yo conviví con personas de la tercera edad en mi casa, así que tiene un poco del carácter de mi abuela, de mis tíos abuelos, que se alteran, «cogen lucha», pero son personas muy correctas.

«Fíjate que Pánfilo “lucha” para ganarse un dinerito, pero lo hace desde su ética; no roba, ni estafa, ni arremete contra nadie; tiene una educación y es muy correcto.

«Pánfilo es una persona con cierta cultura, que ha leído; y me creé la historia de que le sabe a las matemáticas, porque trabajaba como contador público».

—A veces Pánfilo dice cosas fuertes; aborda desde la crítica situaciones de la cotidianidad. ¿Has tenido alguna limitación para decirlas en la televisión?

—No he tenido problemas; Pánfilo siempre ha dicho lo que ha querido. El tema puede ser fuerte o complicado; a veces son cosas para llorar, pero se les da el toque humorístico. El personaje ha caído bien porque no es grosero, ni tajante. «Quien lo está mirando se identifica con él. El adulto, porque se siente su compañero y amigo, tiene los mismos problemas, la mismas reacciones; los hijos, porque ven a papá y a mamá… y los niños lo adoran, porque es el abuelito que tienen en casa. Quizá mañana yo haga un guagüero, o un vendedor de fritas y no logre esa empatía tan grande».

—Haciendo de Pánfilo luces más delgado y además eres un hombre muy joven…

—Me ponen blanco en los pómulos y me hacen una sombra oscura en la cara; eso me hace lucir más delgado. Luego las ojeras, las arrugas, los postizos, las canas… Son más o menos 45 minutos de maquillaje.

—La primera vez que vi a Pánfilo fue en el teatro, en un monólogo sobre el pan.

—Ese monólogo cogió varios premios en el Festival Aquelarre en 2003. Todo comenzó con una broma que hice entre amigos por un pan de una merienda que nos dieron, y noté que la gente se reía. Entonces empecé a trabajar ese tema: que si el pan de hoy me lo dieron ayer, y el de mañana ya me lo dieron porque es feriado. Y que era un pan ácido, porque tenía mal humor…».

—Los guiones de Vivir del cuento no son tuyos.

—Tienen mucho de Luis Silva, pero los escriben Tony Gutiérrez, Antonio Berazaín y Olivia Manrufo, que es la actriz que hace el personaje de Indira.

«Lo que hago en mis presentaciones personales lo escribo yo. Lo saco de lo que se comenta en la calle; muchas veces son cosas que dice mi mamá, que tiene sentido del humor».

—Los Lucas son otra arista de tu trabajo en la televisión.

—Eso fue increíble. En la misma semana me llamaron para hacer los Lucas y Vivir del cuento, y la verdad es que las dos propuestas me asustaron muchísimo, aunque las acepté.

«Rigoberto Ferrera había hecho los Lucas por seis años y le había dado su tono humorístico. Él es un excelente actor y comediante, con tremenda capacidad para improvisar, y yo tenía que ir “a bailar a la casa del trompo”.

«Trato de ser ameno, simpático en las entrevistas, pero hay que tener cuidado en no pasarse; puedes jaranear, pero siempre recordando que el videoclip es un hijo para ese realizador y se puede crear un malestar.

Silva es habanero, de Párraga, Arroyo Naranjo, y se declara fanático del béisbol y del equipo Industriales. «Los cómicos tenemos un equipo de softbol y jugamos todos los sábados; ese es mi principal entretenimiento en medio de tanto trabajo y estrés.

«Otra prioridad son mis hijos, Luis Daniel, que tiene ocho años, y Pilar, de seis meses».

—¿Qué te dice tu hijo cuando te ve vestido de Pánfilo?

—Luis Daniel ha aprendido a sentir el humor y lo interpreta. Es muy especial; tiene videos de Chaplin, Cantinflas, Míster Bean, los espectáculos de Benny Hill, y se sienta a mirarlos con mucho detenimiento.

«Yo no sé a qué se dedicará; será a lo que él quiera, pero sabe captar el humor. A veces me dice: Qué tal abuelito Pánfilo, eres el más viejito de la casa. Y se lo dice también a la hermana, para que comparta con él la broma».

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