¡Salud musical para el 2012!

El clarinetista cubano Macario Sanjudo Hernández, director del cuarteto Ébanos de La Habana, quien próximamente celebrará sus 30 años de vida artística, conversa con Juventud Rebelde sobre sus orígenes en la música, los sueños y el repertorio de la destacada agrupación de cámara que arribará a su primera década

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

¡Salud musical para el 2012!, es lo que más desea Macario Sanjudo Hernández para su cuarteto Ébanos de La Habana, que entonces estará celebrando su primera década. Para ese momento el destacado músico sumará uno más a sus actuales 30 años de vida artística, motivo por el cual ahora dialoga con los lectores de JR.

Con una carrera intensa en la música, Macario Sanjudo Hernández considera que su mejor creación es Ébanos de La Habana, agrupación de cámara que, coincidentemente, esta tarde (6:00 p.m.) tendrá una presentación especial en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, como parte de la jornada Conciertos de La Habana 2011.

Casi tres lustros lleva este importante clarinetista haciendo música de cámara. Y es que su agrupación es una consecuencia del Cuarteto Cubano de Clarinetes, que dirigió Carlos Mitjans. «En el 2001 se desintegró, y no había en Cuba ninguna agrupación de este corte. Así que comenzamos el 18 de diciembre de 2002 con los ensayos iniciales, y después vinieron los primeros conciertos —más de 200— y las presentaciones, que superan las 500».

Explica Sanjudo Hernández que el repertorio de Ébanos... abarca todos los géneros. «De hecho, dice, ahora nos introdujimos en el barroco, a pesar de que el clarinete, como sabes, no existía en esa época. Sin embargo, tenemos ya más de una hora de programa, que presentaremos en la Iglesia de Paula este fin de año, o a inicios del venidero, para festejar nuestro décimo aniversario».

—En Ébanos..., que pertenece al Centro Nacional de Música de Concierto, diriges a tres mujeres...

—Y es una maravilla. Laura Calderón y Yanexy Machado (clarinete soprano), así como Diana Rosa Álvarez (clarinete bajo) son muy talentosas y les encanta el trabajo que hacemos. Ocurre  algo muy interesante, y es que la clarinetística en Cuba está copada por muchachas, y las mujeres de por sí son muy dedicadas, muy estudiosas, muy competentes, empezando por ellas tres, quienes además se desempeñan como profesoras de distintas escuelas y niveles de enseñanza.

—¿De qué manera te involucras en la música?

—Mis raíces son muy humildes, nací en un pueblito de Consolación del Sur, en Pinar del Río. Llegué a la música pensando primero en la guitarra. Después me decidí por el clarinete y luego me dediqué a la viola. Fui alumno de Rafael Cutiño en la ENA. En 1981 comencé a trabajar profesionalmente en la orquesta del Teatro Lírico Ernesto Lecuona de Pinar del Río, donde tocaba viola; y en la Banda Provincial de Conciertos, donde me desempeñaba como clarinetista.

—¿Qué te hizo venir a la capital?

—El servicio militar, que me acercó a la Banda de Música de las Fuerzas Armadas. Más tarde me trasladé a la Banda Nacional de Conciertos, gracias a un concurso de oposición. Entonces, esta destacada institución, donde permanecí por 20 años, la dirigía  el maestro Guillermo Valverde Bravo.

—¿Qué te aportó esa experiencia en lo profesional?

—Mira, la banda es una gran escuela, porque te permite lo mismo tocar un danzón, que un pasodoble, una obertura o un gran concierto para orquesta sinfónica. Y este último caso, como lo que se hace son transcripciones de violín para clarinete, nos obligaba a esforzarnos mucho, porque a veces son pasajes bien difíciles técnicamente. Y eso, por supuesto, te enriquece notablemente como instrumentista.

«La banda me preparó para tocar música cubana, lo cual, en mi época, no se enseñaba en la escuela. También la española, la colombiana...; aprendí muchos estilos que desconocía. En fin, me desarrolló como clarinetista, como músico. El músico de una banda, como todos los demás, tiene que cuidar su sonoridad, y lo que es más importante: estudiar todos los días, saber determinar cuándo todo marcha bien y cuándo hay dificultades que superar. Existe la idea de que al músico de banda, por ejemplo, se le pone el sonido duro, y cosas así. Pero si uno le presta atención, las cosas marchan perfectamente».

—Casi diez años de seria labor, justifican la presencia de un disco...

—Tristemente Ébanos de La Habana no ha conseguido todavía grabar su primer disco. No contamos tampoco con un compositor, quizá porque en la capital, con este formato, solo existimos nosotros. Supongo que es muy difícil para un creador concebir obras para una única institución, y casi siempre las disqueras quieren temas inéditos. No obstante, contamos con un amplio y cuidado repertorio que abarca desde el barroco y el jazz hasta música venezolana, más de 20 tangos de Piazzola, mucha música cubana..., aunque nuestra base fundamental es la música clásica.

—¿Sueños de Ébanos...?

—Soñamos todavía con tocar en la Sala de conciertos Dolores de Santiago de Cuba. Asimismo para el cuarteto sería muy interesante poder llevar adelante una gira por las escuelas de música del país, como hicimos alguna vez en Pinar del Río y Bayamo, lo cual constituyó una experiencia extraordinaria, que los estudiantes agradecieron mucho.

«Ojalá que algún día se pueda resolver definitivamente la situación con los accesorios, algo que nos golpea mucho; y la cuestión de los instrumentos, que tratamos de resolver con la inventiva cubana, para seguir haciendo nuestro trabajo con la mayor calidad posible».

—¿Satisfecho en estos 30 años de carrera?

—Creo que he tratado de llevarlo todo parejo en el plano musical y personal. Me he preocupado por hacer música de cámara y sinfónica con calidad. También me ocupé de mis hijos, quienes se convirtieron en buenos instrumentistas.

«Me he empeñado, como ser humano, en enfrentarlo todo con mucha entrega y pasión, para cuando llegue el momento final tener la satisfacción de haber cumplido con la vida».

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