Las tentaciones de Frank

Frank Fernández tendrá a su cargo una presentación sui géneris este 2 de diciembre, en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, luego clausurará el venidero Festival Internacional Jazz Plaza, y también grabará los cinco conciertos de Beethoven

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Tres grandes acontecimientos protagonizará el virtuoso concertista Frank Fernández, antes de que termine este 2011. Primero, tendrá a su cargo una presentación sui géneris este 2 de diciembre, en la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, para luego clausurar el venidero Festival Internacional Jazz Plaza, y finalmente grabar los cinco conciertos de Beethoven. Son estas razones más que suficientes para que el destacado pianista converse ahora en exclusiva con JR.

—¿Qué tiene de especial este concierto del próximo viernes?

—Hace 21 años, por el mismo motivo por el cual ofrecí entonces un concierto —saludar el Día de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, lo cual siempre ha estado muy cerca de mi vida—, quise darme el placer de dirigir en público una orquesta; algo que solo había hecho en las sesiones de grabación de mi propia música, ya sea para cine, teatro, televisión, ballet o mis discos.

«No soy un director de orquesta, a pesar de haber estudiado dirección (sobre todo coral), pero me encanta transmitirle las mismas sensaciones y emociones que extraigo de mi instrumento (la orquesta también lo es pero mucho más complejo). Y eso siempre es una provocación para el espíritu.

«Hacía muchísimos años que Solistas de La Habana, bajo la dirección de Iván Valiente, me había pedido trabajar juntos. Y como yo también tenía gran interés, los convidé a que me acompañaran en el recital de piano de este 2 de diciembre, a las 6:00 p.m., en el lugar que, con el Amadeo Roldán, constituyen los templos de la música clásica en Cuba. Cuando se lo comenté a Iván enseguida estuvo de acuerdo, pero me pidió que dirigiera la orquesta. Y pudo más la tentación que la cordura, como dice la canción: la conciencia no valía... El programa es bien difícil, y conduciré la orquesta desde el piano, por supuesto».

—¿Qué le inspiró a buscar ese placer 21 años atrás?

—La verdad es que había escrito muchos arreglos y orquestaciones para Silvio Rodríguez, mi hermano de la vida, gran trovador y entre los mejores artistas de todos los tiempos. Fui el productor de su primer disco Días y flores, de Rabo de nube, trabajé en los Trípticos, me desempeñé como jefe de mezcla en Causas y azares... Es una colaboración de la cual me siento orgulloso, y con la que aprendí mucho.

«Como Silvio tenía un grupo de canciones para orquesta de cámara, se me ocurrió invitarlo y preparar un concierto con Brindis de Sala, la primera agrupación de cámara de la etapa revolucionaria que fungió en La Habana, donde, durante 17 años, mi esposa Alina fue el primer cello. Para esa ocasión se estrenó en Cuba el Concierto No. 21 de Mozart, y siete canciones versionadas por mí para dicho formato. Esa presentación en el Teatro Nacional, debido al éxito de público, hubo que repetirla otros cuatro días... Ahora me volví a dejar atrapar por el amor, por la curiosidad».

—¿Y el programa para el viernes?

—Irá desde el Adagio de Albinoni, pasando por obras compuestas por mí como el Tema de amor de La Gran Rebelión, mi versión para cuerdas y piano de La bella cubana, de José White; el Tema de Celia y Cuando pienso en el Che. Tendremos en cuenta a uno de los más notables compositores de siempre: Beethoven, con su Concierto No. 2, que muestra a este genio joven, vital, con mucho de Mozart y Haydn, pero quien ya se perfilaba, sin lugar a dudas, como una individualidad descollante.

—Usted que es un perfeccionista, ¿no arriesga demasiado la interpretación del piano al conducir la orquesta?

—Un riesgo tremendo y es muy complicado poder ensayar esa orquesta, sobre todo la del concierto de Beethoven, que además de cuerdas tiene flautas, oboes, fagot, trompas... Pero decir que no debía era negarme a mí mismo... Solo estoy haciendo lo de siempre: estudiando la partitura hasta muy entrada la madrugada, como si dirigir esa orquesta fuera el último acto de mi vida.

«No me preocupa que me falten elementos técnicos de la dirección, porque tengo suficientes ensayos para poder transmitir una idea. Más que dar las órdenes para que los instrumentos entren en tiempo, lo más difícil es atender el hecho creador como intérprete y mantener el suficiente distanciamiento para poder comprender la psicología del que espera por su turno... Sí, es un reto, pero ¡qué bueno que existen los retos!».

—¿Cuál será su propuesta para el Jazz Plaza 2011?

—Sucede que este año se dedicará a la música clásica, y nombraron a Joaquín Betancourt como director musical del festival. Este reconocido músico, arreglista y productor, decidió poner en práctica una idea que ya veníamos cocinando: interpretar la obra cumbre, el puente unificador (también el más cuestionado y famoso) entre lo jazzístico y lo clásico: la Rapsody in blue. Y sobre todo, la versión de jazz band que aquí, hasta donde sabemos, interpretó una única vez Frank Emilio con Armando Romeu. Porque esa obra la concibió Gershwin para piano solo. Luego vino Paul Whiteman e hizo una versión para jazz band y piano, y por último Ferdé Grofe concibió otra para orquesta sinfónica y piano. Todas ellas han quedado en la historia como paradigmas de lo jazzístico y lo clásico, por su pianismo, porque alterna el mundo de Nueva Orleáns con el ruido de Nueva York, para regalarnos de pronto el famoso cantabile creado en estado de gracia (y comienza a tararear olvidándose de la grabadora).

«También lo interesante aquí es que partiendo de la propuesta de Ferdé Grofe, Joaquín ha hecho su propia orquestación, que conserva no poco de las anteriores, pero le suma la sabiduría de un orquestador cubano».

—Hace un rato me hablaba de la grandeza de Beethoven, cuyos cinco conciertos grabará acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN)...

—Un sueño. Y nos tomará a la OSN, al maestro Enrique Pérez Mesa y a mí, más de un mes de arduo trabajo. Y no solo porque no se ha hecho nunca en Cuba esa grabación —ni siquiera cuando estrené el ciclo completo en los años 80, con la Sinfónica y el maestro Manuel Duchesne Cuzán en la batuta—, sino porque hacerla es una de las tareas más complejas a las que se pueden enfrentar una orquesta y un pianista, pues es como si se hicieran cinco discos al mismo tiempo. Por suerte, todo ha venido a acomodarse: el interés de la disquera Colibrí, el deseo del Instituto Cubano de la Música para que esto se haga realidad, nosotros... Y ahí estamos, como siempre, esforzándonos por ser mejores.

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