Buen provecho cinematográfico

Durante el 33 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano se presentará CO-CINE, libro del poeta, crítico de cine y narrador Frank Padrón, publicado por Ediciones ICAIC

Autor:

Gertrudis Ortiz

Con sensación de privilegio me sentí cuando tuve en mis manos CO-CINE, del poeta, crítico de cine y narrador Frank Padrón, publicado por Ediciones ICAIC, y uno de los libros que tendrán su presentación durante el 33 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

Es de cocina CO-CINE, y viene a inscribirse, en buena lid, en la relación de otros que por estos días engrosan los títulos de las editoriales cubanas, cuyo tema es la gastronomía.

Buen augurio, buena señal, además de amar, soñar, luchar, herir, morir y sufrir, comemos, con lo que damos fe de nuestra vida. Constancia de esto también viene a darse en obras de arte del cual el cine forma parte consustancial e importante.

Frank propone de todo un golpe, un desfile necesario al conocimiento del acto de comer como expresión estética en múltiples cintas cinematográficas, con lo cual agiliza nuestra memoria y nos convierte en lectores particularmente activos.

El escritor advierte que el repertorio que propone es una  muestra, porque sería una enciclopedia de extensas entradas señalar todas las posibilidades de mención del discurso culinario en la pantalla grande.

Pero si de algo podemos estar seguros es que están las que tienen que estar, ordenadas y agrupadas conceptualmente, siguiendo una cronología que incluye los clásicos de todos los tiempos, hace énfasis en las últimas décadas y de cierta forma enfatiza con ejemplos del cine latinoamericano, del cual Padrón es un verdadero especialista.

Comida, frugalidad, hambre, exceso, sensualidad, desbordes, placer y ausencias, integran el lenguaje en todas las películas sea cual sea el género, y en muchos casos, como bien lo define Frank, esa incursión es determinante para el simbolismo que propone el director.

Todas las modalidades de las manifestaciones gastronómicas apoyan al cine en su necesidad de expresar un mensaje estético que se verifica en la pantalla, que los espectadores degustan de diferentes maneras. Por eso este libro corrobora desde la disección variadas propuestas, y no se limita a mencionar, aquí y allá, tal o más cual película. El autor, haciendo uso además de su fértil conocimiento, aporta análisis de contenido, desde el arte, la psicología y la política, que inciden en las producciones cinematográficas.

Es una virtud el lenguaje —desde la cercanía inmediata— con que Frank propone a los lectores sus descubrimientos, sus asociaciones, sus deleites preferenciales sutilmente inducidos. Es por ello que la lectura discurre no solo como lección, sino también como divertimento.

Son valores adicionales, no menos importantes, el preciosismo de las fotografías, que recorre fotogramas que recordamos, junto a otros menos conocidos, pero que hacen que el mensaje iconográfico también se agradezca.

Con tan magníficos diseño, texto, fotografías, edición..., no queda menos que sentarse a la mesa con Frank Padrón, y desde el mantel blanco de una pantalla también comensal, invitar a los lectores de JR y desearles un cinematográfico buen provecho.

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