El verde universo de un hombrecito inquieto - Cultura

El verde universo de un hombrecito inquieto

Por estos días, el Grupo Artestudio El Hombrecito Verde llega a su noveno cumpleaños y atisba el futuro entre los aplausos del público y la alegría de quienes protagonizan cada espectáculo

Autores:

Indira Iglesias
Nelson G. Breijo

Todavía persiste en la memoria de muchos vecinos del capitalino reparto La Coronela el revuelo de aquel puñado de muchachos que invadieron el terrenito conocido como Área juvenil. Allí los niños comenzaron a montar coreografías, pequeñas obras de teatro, y cantaban y bailaban al ritmo de cualquier sonido contagioso y bullanguero.

Nadie hubiera imaginado que las dimensiones de ese entusiasmo trascenderían los límites de la comunidad. La diversión, con el tiempo, tomó la senda de la responsabilidad hasta llegar a lo que se conoce hoy como el Grupo Artestudio El Hombrecito Verde (GAHV).

Hasta la institución cultural La Cobija, sede del grupo, llegan cada semana niños, adolescentes y jóvenes, los cuales perfilan habilidades en distintas manifestaciones del arte. «El Hombrecito Verde integra tres agrupaciones artísticas que permiten especializar el trabajo de acuerdo con la edad de los protagonistas y la del público meta de cada obra: el grupo infantil, Verdespiral y Verdarte», explicó Jorge Pedro Hernández, creador y director de la agrupación.

Según este joven instructor de arte, la idea esencial es propiciar un espacio para atender los intereses y las necesidades humanas desde lo mejor de las tradiciones artísticas y culturales cubanas. «Tratamos de cultivar mediante la danza, el teatro, la música y las artes plásticas el amor que se necesita para vivir».

Liuba Armstrong, madre de dos niñas integrantes del grupo, observa tremendo entusiasmo en sus hijas. «Ellas esperan con deseos los días de clases. No importa cuán seguidas puedan ser las funciones, o que se les unan a las tareas de la escuela. Ellas no se cansan. Además, gracias al Hombrecito Verde he logrado que los días libres de funciones o ensayos las niñas se acuesten temprano, no sé si por aburrimiento o por cansancio acumulado».

Reinier Cabrera, uno de los fundadores, enfrenta los días de otra manera desde el nacimiento de la agrupación. «Los talleres que recibo aquí son diferentes a la escuela normal. He aprendido a bailar, a cantar, a actuar y para mí todo es como un juego. Antes era bastante tímido, pero desde que comenzamos, las cosas han sido diferentes: he actuado en muchos teatros y parques, y he conocido un montón de lugares, los cuales, de otra manera, quizá no hubiera podido ni ver».

Nueve años verdeando

Desde sus primeros bríos el GAHV impactó notablemente en la comunidad que le dio vida. Llevó su arte a museos, centros recreativos, escuelas y otras instituciones del capitalino municipio de La Lisa. Por su trabajo recibió la Distinción por la Cultura y el Humanismo, otorgada por la Brigada de Instructores de Arte José Martí.

«Durante estos nueve años —comenta Jorge Pedro Hernández— hemos escenificado adaptaciones de diversos clásicos de la literatura para niños y otras obras nacidas de la imaginación de los integrantes del grupo».

Varios de esos títulos aún perviven en la memoria del público seguidor del Hombrecito Verde. Alicia en el verde mundo de las maravillas, La caja de las maravillas y las interpretaciones para el proyecto Los cazadores de cuentos, del cantautor Kiki Corona, son algunos de los más recordados.

También es significativo para el grupo su trabajo con adolescentes, jóvenes y adultos. En el repertorio dirigido a estos públicos tienen obras como El amor no es solo un sueño adolescente, así como Fernández de Alba, y ¡Qué juventud!, ambas reconocidas en el Festival Teatrino de Camagüey.

Según Jorge Pedro Hernández, 2007 fue un año especial para él y para el GAHV. «La primera vez que actué fue en Korimakao. Siempre quise que ese fuera el primer lugar visitado por El Hombrecito Verde. Así que en cuanto nos sentimos con fuerzas suficientes planeamos esa visita como nuestra primera gira».

Manuel Porto, director del Conjunto Artístico Korimakao, tiene fresco el recuerdo de aquellos días. «Fue un trabajo bonito de integración, de un alto nivel estético, con el único fin de provocar el bienestar. Yo no pude estar plenamente por la enfermedad que enfrenté en ese tiempo, pero el espectáculo en saludo a la Victoria de Playa Girón fue inolvidable para ambos grupos».

El Hombrecito Verde exhibe entre sus últimos proyectos una pequeña productora audiovisual llamada DEVERDEA. Su objetivo fundamental es contribuir a la promoción del grupo, aunque no se reduce solo a eso. Prueba de ello es el corto de ficción Café a media mañana y el trabajo en otros tres proyectos similares: Elipsis, El parco y Las quimeras no existen.

Cobija para los sueños

Durante siete años el Hombrecito Verde trabajó en el Área juvenil de La Coronela, pero el desarrollo de la agrupación exigía decisiones. «El origen del grupo se diversificó —explica Jorge Pedro—; mantener la sede en el mismo lugar implicaba un tremendo desgaste para la mayoría de los integrantes. Por esa razón decidimos buscar un espacio más céntrico.

«Vivimos varios traslados de la compañía por falta de un local fijo —cuenta Edith de la Nuez, madre de uno de los integrantes del grupo—; así fue hasta que, hace poco más de un año, llegamos al lugar donde radicamos ahora», concluyó.

«¿Y cómo vamos a armar esto?, me pregunté cuando vi todo caído y sucio», recuerda Roberto Carlos Cartas, de 13 años, intérprete principal del grupo Verdespiral.

Nayvi Ferrer, madre de Néstor y Nosdiel, miembros del grupo infantil, vivió el nacimiento de la nueva casa del Hombrecito Verde: «Era impresionante ver el deseo y el entusiasmo de nuestros hijos. Con gorras y pañuelos en la boca para protegerse del polvo, sacaban escombros o barrían a la par de los padres. Hicimos nueva la instalación eléctrica de varios locales, arreglamos los baños y resolvimos todo lo imprescindible para que nuestros hijos pudieran estar sin ningún peligro».

Cristina Palomino, directora de la institución cultural La Cobija, recuerda claramente cómo llegó el GAHV a ese inmueble. «Este espacio tiene la función de vincular a los instructores de arte con el quehacer artístico comunitario; por eso desde que llegué aquí los traje conmigo.

«La fortaleza más grande del grupo ha sido la entrega de los padres y profesores. Aunque en este espacio coexisten otros proyectos, son ellos los que han convertido este local en un espacio para el crecimiento del arte», subrayó la prestigiosa actriz.

En busca del…

La sala de teatro creada en el tercer piso de La Cobija es el escenario donde toman cuerpo los sueños y la creación del GAHV.

«Desde los más pequeños hasta los más grandes contribuyeron a levantarla. No solo para presentar sus obras, sino también para beneficio de la comunidad y todo el que desee exponer su arte», cuenta Cristina Palomino.

El último estreno fue Clase del Alhambra, una propuesta del grupo a propósito del recién terminado Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Según Ana María Paredes, especialista del Centro provincial de Casas de Cultura, «es una puesta con recursos técnicos y actorales sencillos y excelentemente utilizados. Es un homenaje a los que vivimos en el teatro».

Durante todo el 2012, el GAHV estará celebrando su décimo año de creación. Para ello estrenará el musical En busca del hombrecito verde. La obra es una versión de El pájaro azul, del escritor Maurice Martteligk, única obra para niños dirigida por Konstantín Stanislavski. «La concebimos desde el teatro musical cubano y será para nosotros una experiencia inolvidable», señaló Jorge Pedro Hernández.

Además de ese estreno, reeditarán la gira que hicieron en 2010 por centros penitenciarios de La Habana, hogares de niños sin amparo filial y comunidades. Y lo mejor, volverán a La Coronela para regalarle al público que los vio nacer, una gran fiesta de cumpleaños.

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