En el lenguaje seductor de la trova

Comienza hoy en Villa Clara el Encuentro Nacional de Trovadores Longina, con la participación de más de 30 trovadores de varias provincias del país

Autor:

Nelson García Santos

SANTA CLARA, Villa Clara.— El XVI Encuentro Nacional de Trovadores, que comienza hoy aquí y se extenderá hasta el domingo, recuerda una de esas historias cuajadas de leyenda que involucró a Manuel Corona y a la bellísima joven Longina, inmortalizada por el bardo en una de las canciones clásicas cubanas.

Desde el inicio atrapa y estremece aquel Te comparo con una santa diosa / Longina seductora cual flor primaveral / ofrendándote con notas de mi lira, / con fibras de mi alma, tu encanto juvenil.

Quizá porque basta con mencionarla a ella para que se piense de inmediato en Corona, uno de los grandes de la trova tradicional cubana, el encuentro, organizado por la Asociación Hermanos Saíz, se identifica con ese nombre de mujer.

En esta ocasión participan más de 30 trovadores de Guantánamo, Las Tunas, Santiago de Cuba, Ciego de Ávila, Sancti Spíritus, Cienfuegos, Villa Clara, Matanzas y La Habana.

Si al bardo una gran cantidad de canciones se las inspiraron mujeres, ahora también los de esta época dejarán escuchar letras que invocan nombres de musas, implícitamente o no, en el patio de la Casa de la UNEAC, de la Asociación Hermanos Saíz, el Museo de Artes Decorativas, El Mejunje, el Centro Cultural el Bosque y la Casa del Joven Creador, sedes aquí de las presentaciones.

Este domingo los trovadores estarán en el municipio de Caibarién, donde rendirán homenaje a Longina O’Farril y a Corona, quien nació en esa ciudad el 17 de junio de 1880.

Allí el poeta vivió sus primeros años y después marchó a La Habana, donde en definitiva se consagró como uno de los grandes de la trova tradicional, junto a Pepe Sánchez, Sindo Garay, Alberto Villalón y Rosendo Ruiz.

El artista dejó, entre muchas otras, esa canción clásica que despertó la imaginación popular, porque muchísimos interpretaron esas líneas sublimes como señal de un apasionado romance. Pero cuentan que la misma Longina se encargó de esclarecer, ya anciana, que no hubo ninguna pasión desatada, a pesar de aquellas encendidas estrofas.

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