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Explorar el ser humano

Para el artista Jorge Martínez, «Lloyy», hacer caricaturas es un acto creativo que agudiza los sentidos

Autor:

Lourdes M. Benítez Cereijo

El humorista gráfico y caricaturista Jorge Martínez, «Lloyy», confiesa que descubrió su preferencia por las artes plásticas antes de nacer. Asegura con picardía que sus inquietudes artísticas se hicieron latentes en el vientre materno.

Desde el momento en que con 11 años ganara un concurso de pintura infantil realizado en la India, su carrera ha ido en ascenso. Con más de 20 años de experiencia en el humor gráfico, Lloyy tiene el orgullo de haber sido reconocido por la Unión Iberoamericana de Humoristas Gráficos como el creador que ha dibujado caricaturas por más tiempo, con 1 336 obras en 26 horas.

Acerca de su trayectoria y de su más reciente muestra personal Otra dimensión —que se exhibe en la galería Francisco Vázquez de nuestro diario—, el joven creador platicó con Juventud Rebelde.

—¿Qué te seduce de la caricatura personal?

—Poder buscar y plasmar, desde una perspectiva ocurrente, la imagen de una persona, tratando siempre de mantener un parecido. Es una manera de distorsionar la realidad, pero conservando la esencia distintiva del sujeto caricaturizado.

«Me motiva poder captar rasgos psicológicos de las personas e interpretarlos. El reto está en poder atrapar esas características que van más allá de la semejanza física, en conseguir plasmar los detalles que definen la personalidad. Ese es mi principal impulso.
«Mis primeros trabajos no fueron precisamente en la caricatura, sino en ese tipo de humor gráfico sin textos que busca potenciar la reflexión para conseguir un mayor número de lecturas, sin previamente condicionar la interpretación del espectador mediante un texto».

—Decías que la caricatura es una interpretación. Al pasar las imágenes por tu filtro, ¿se distorsiona la realidad o se enriquece?

—Me gusta pensar siempre que se enriquece. No obstante, podría decir que es un poco de cada una. Existe la intención de distorsionar la realidad premeditadamente, pero a la vez se le agregan otros elementos relacionados con el entorno del personaje, de su vida social, pública o profesional.

—¿Cuán difícil es atrapar la esencia de una persona en la caricatura?

—Es complejo porque te obliga a traspasar los umbrales de la fisonomía. Se trata de buscar más en el interior para complementar el exterior. Por eso siempre me centro mucho en las miradas. Los ojos son elementos fundamentales, una vez que logras contener su esencia puedes irradiar con facilidad el resto de los rasgos de una persona.

—Posees un récord...

—Sucedió en el año 1999, en San Antonio de los Baños. Nos propusimos hacer un récord entre varios creadores. La idea inicial abarcaba a varios en este empeño, pero finalmente quedé solo como el valiente del grupo y estuve haciendo caricaturas personales por 26 horas consecutivas sin descanso.

«Fue una locura. Las caricaturas espontáneas consisten en captar al vuelo y plasmar ese primer impacto que recibes de la persona. Realicé 1 336 en ese tiempo».

—¿Prefieres la caricatura espontánea o la de estudio?

—Las primeras te ayudan a adquirir mayor rapidez y agilidad. Consiste en materializar una primera impresión y no tienes posibilidad de retroceso. Profesionalmente, prefiero la de estudio porque me permite trabajar con mayor profundidad un personaje conocido. Me ha ayudado, con el transcurso del tiempo, a explorar otras maneras de expresión creativa.

—¿Qué otras formas has encontrado?

—Precisamente la que empleo en la muestra Otra dimensión. Es una manera distinta de conseguir una obra en tercera dimensión. A diferencia de otros creadores que lo hacen en formato digital, particularmente me gusta trabajar en directo, o sea, palpar la materia con la cual laboro y que el original sea una obra que se puede tocar.
«Después de investigar un poco hallé esta forma —una suerte de fusión entre escultura y pintura— de desarrollar un 3D real, porque en los cuadros las expresiones sobresalen».

—¿Cómo es el proceso?

—Todo parte de un primer molde en cera sobre el cual voy trabajando. Luego hago otro en silicona. Posteriormente fundo el modelo en el material final que es poliuretano. Y eso lo monto en el cuadro fijándolo con adhesivos y otras técnicas para cubrir la parte plana y la volumétrica, y evitar que se desprenda.

—¿Cuánto te ha aportado esta forma de realizar tus creaciones?

—Mucho. En la medida que he avanzado me ha permitido perfeccionar las obras y descubrir nuevas posibilidades técnicas.

—¿Te has caricaturizado alguna vez?

—Sí..., pero prefiero que lo hagan otros porque me llevo demasiado bien, me quiero mucho.

—¿Cuál es tu postura frente a los criterios que subvaloran la caricatura?

—No veo la caricatura como un arte menor. Para mí es un modo de hacer que merece ser valorado como una de las manifestaciones o expresiones más puras de las artes plásticas.

—El caricaturista es un observador por excelencia...

—Realizar caricaturas es un acto creativo que agudiza los sentidos. Desarrolla tu capacidad de ver más allá o de percibir y magnificar los detalles que te identifican. El caricaturista es, sobre todo, un artífice que estudia y explora el ser humano.

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