Baile joven de tres décadas

Por su limpieza coreográfica, montajes y el rescate del folclor musical y danzario cubano y de América, Maraguán ha conquistado a los más exigentes públicos y a la crítica especializada del mundo

Autores:

Indira López Karell
Jorge Luis Moreira Massagué

CAMAGÜEY.— «Maraguán es como un bichito que se adentra en las venas y se hace difícil soltarlo, es una escuela y a la vez una gran familia», comenta Juan Norberto Carnero Rodríguez, integrante del Conjunto Artístico Maraguán, de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y Loynaz, institución que recientemente cumplió 30 años de labor ininterrumpida.

Así describió el estudiante de Ingeniería Civil a su segundo hogar, que le ha proporcionado un espacio para la reflexión y para crecer como profesional y ser humano.

«Maraguán es más que un espacio para el baile, porque en el grupo, en esa gran familia, todos nos preocupamos por todos, y por las tareas que debemos asumir en nuestra vida estudiantil. Es el lugar donde nunca puedes quedar mal con ninguno de tus deberes. Estar en él y mantenerse exige mucho tiempo y sacrificio constante, porque detrás de los éxitos hay largas horas de ensayos y de estudio».

Lo contado por Juan demuestra el esfuerzo diario de los talentosos jóvenes que tienen como reto conjugar el estudio con su vocación artística.

Camino al éxito

Caracterizados por su limpieza coreográfica, montajes y un formato donde se rescata y divulga el folclor musical y danzario cubano y de América, Maraguán ha conquistado a los más exigentes públicos y a la crítica especializada del mundo.

Esto ha sido posible porque sus actuaciones incluyen, además, obras alusivas a otras naciones, entre ellas, México, Perú y Panamá. Su sello es el fruto de mostrar en el escenario espectáculos donde se conjugan lo visual y lo auditivo. En el grupo, que suma unos 40 jóvenes, también ocupa un merecido lugar quienes, con sus instrumentos, brindan el acompañamiento musical.

Al respecto, Lilith Valdés Rosales explicó cómo cada detalle de la obra representada encaja dentro del contexto armónico de la historia que se está contando. «Vocación, el grupo de este conjunto, hace especialmente la música para Maraguán, por eso cada una es un estreno, una novedad artística, que se exhibe solo con la obra escogida. Hasta los arreglos están en función de su estilo y formato. Solo en ocasiones interpretamos temas de la autoría de profesores de la Universidad, y de esta manera nos abrimos al talento existente en nuestro alrededor».

Surgió y trascendió

En medio de los ajetreos propios de los ensayos, JR conversó con César Morales Ortega, director del grupo, quien ha logrado llegar a la comunidad, como proyecto que se nutre de esta y viceversa.

—¿Cuánto ha influido Maraguán en la formación de profesionales integrales?

—El grupo forma artistas tanto en el ámbito musical como danzario, se proyectan videos e imparten talleres relacionados con diversas temáticas y personalidades del arte, porque sin una preparación cultural sólida no hay éxito ni prestigio posible.

«No se aleja Maraguán del estudiante, es vital para la permanencia de los integrantes su positivo rendimiento académico, fórmula inviolable, porque la esencia es lograr profesionales de amplia cultura, o sea, integrales, que se distingan por su proyección humana, profesional y cultural».

—¿Cómo ha logrado mantenerse este proyecto por tres décadas ininterrumpidas?

—Con disciplina, exigencia, estudio que sustenta todo el repertorio, y por la creatividad, seriedad y profundidad con que buscamos lo novedoso y la perfección en todo lo que hacemos.

—¿Aspiraciones…?

—A pesar de tener bailes y canciones populares-urbanas, campesinas, panameñas y el solar, estamos ampliando nuestro repertorio con vertientes de influencia africana, haitiana y jamaiquina. Nos hemos propuesto ofrecer desde nuestra sede presentaciones para los estudiantes y claustro de profesores de la Universidad, lo que nos acercaría a nuestro principal público, y así, además, establecer vínculo estrecho con la comunidad.

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