El Caribe en su barco de papel

Una travesía hacia nuestros destinos comunes es esta Feria del Libro, alumbrada con tinta caribeña

Autor:

Jaisy Izquierdo

Como un barco de papel que merodea en su travesía infinita las islas y costas bañadas por el mar Caribe, imagino esta Feria del Libro, acaso incitada por el canto antillano que entonara para los niños el poeta Guillén.

Así, «de La Habana a Porto Belo, y de Jamaica a Trinidad», hemos sido convidados a desandar por una cultura tan cercana y a la vez tan desconocida, como esas profundas aguas que besan todas nuestras fronteras; y sin otro bote explorador que las páginas de los libros, siempre nacidos con ese singular sabor a sol y salitre, piel mestiza, tambor y angustias de coloniaje.

Hablar de literatura caribeña por estos días no parecerá cosa de locos, más bien es el reconocimiento de las ricas raíces que compartimos, sabedores de que un tronco común nos sustenta en cuestiones de identidad, pertenencia étnica y experiencia histórica, aun cuando nuestros relatos estén contados en el más puro español, inglés y francés, o en el ajiaco lingüístico del patois o el papiamento.

Bien conocido es por muchos que literatura y Caribe han viajado unidos desde las míticas leyendas de corsarios y piratas, que han rebasado el escenario de nuestras islas para inspirar a autores de otras latitudes como Daniel Defoe, Robert Louis Stevenson y Emilio Salgari, a quien se homenajea este año por el centenario de su muerte. Aunque no le han faltado a estas tierras nuestras plumas de renombre que cuenten desde sus obras literarias nuestras peripecias, costumbres e idiosincrasia. Ejemplos podemos encontrar en las novelas El reino de este mundo y El siglo de las luces del escritor cubano Alejo Carpentier, en los ensayos históricos del dominicano Juan Bosch, y en la perenne obsesión del colombiano Gabriel García Márquez por captar, a través de su imaginaria geografía, los rasgos distintivos del mundo caribeño.

Para actualizarnos sobre una literatura que nos toca tan de cerca, las editoriales cubanas han enriquecido sus catálogos con autores contemporáneos y panorámicas antologías que discurren por los más importantes autores y los principales géneros.

Para comprender un poco más el entramado sociocultural que nos define, la Editorial Ciencias Sociales ha propuesto delimitar El Gran Caribe. Umbral de la geopolítica mundial, de Ana Esther Ceceña; a la par que William Arthur Lewis delinea una Teoría para el desarrollo económico del Caribe.

La poesía de la región llega representada por Musa desnuda, antología personal del arubense Lasana M. Sekou, traducida por María Teresa Ortega; los versos del puertorriqueño Carlos Roberto Gómez titulados Sobre la piel del agua; e Identidades: Poesía negra de América, donde Mónica Mansour se sumerge en las marcas africanas que lucen nuestros líricos.

Casa de las Américas, institución que ha perseverado en la promoción y el estudio sistemático de lo mejor de la literatura caribeña, se viste con sus mejores galas para el banquete literario, que en esta ocasión le sirve en bandeja uno de sus platos predilectos.

Destacan entre sus textos El negro en el Caribe, de Eric Williams; Los condenados de la tierra, de Frantz Fanon; y Los danzantes del tiempo, de Kamau Brathwaite, uno de los poetas caribeños de habla inglesa más relevantes en la actualidad.

Constituyen propuestas atractivas, sin dudas, la edición bilingüe Poesía del Caribe inglés (dos tomos), recopilada por el intelectual jamaicano Keith Ellis, y la antología de cuentos latinoamericanos de ciencia ficción, Qubit, seleccionada por Raúl Aguiar.

Entre los 13 autores de la región, incluidos esta vez en el Fondo Editorial Casa de las Américas, se encuentran, además, la poetisa e intelectual dominicana Chiqui Vicioso, con su antología de poesía Cantares de la pasión lícita; y la escritora Évelyn Trouillot, Premio Carbet del año pasado, quien nos narra acerca de La memoria acorralada de dos haitianas en París.

Otros caribeños de todos los tiempos han sido convidados a la cita. De la mano de Letras Cubanas, Alejo Carpentier habla del Caribe, y Nicolás Guillén vuelve a entonar El son entero, gracias a Sur Editores, que también ha acompañado el Retorno al país natal, del poeta Aimé Cesaire; el mismo hombre que nació en Martinica y declaró, pleno en su despierta identidad: Soy de la raza de los que son oprimidos.

Una travesía hacia nuestros destinos comunes es entonces esta Feria alumbrada con tinta caribeña, que no augura naufragios, pues el casco de papel de esta nave literaria anda y anda, por estos mares, sin descansar.

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