La historia siempre queda

El Ballet Nacional de Cuba será protagonista este jueves de dos momentos significativos: el panel Virgilio Piñera en la danza y la presentación de El Ballet en Cuba, apuntes históricos

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Defensora y portadora de la más genuina cultura, la afamada compañía que dirige Alicia Alonso no podía estar ausente de la XXI Feria Internacional del Libro. Por ello, este jueves será protagonista de dos momentos significativos: el panel Virgilio Piñera en la danza, que moderado por Pedro Simón, director del Museo Nacional de la Danza y de la Editorial Cuba en el Ballet, integrarán Ahmed Piñeiro, Ivette Fuentes, Adis Barrio y Ricardo Reymena (sala José Lezama Lima, 10:00 a.m.); y la presentación de El Ballet en Cuba, apuntes históricos (Centro Cultural Dulce María Loynaz, 11:00 a.m.), cuyo autor, Miguel Cabrera, ahora conversa con Juventud Rebelde.

Más de 40 años dedicados a la investigación en el campo del ballet cubano, lleva el reconocido historiador. Y fruto de esa incansable labor es El Ballet en Cuba, apuntes históricos, «un libro que cuenta con 11 capítulos, de manera que comienza en la Cuba colonial y pasar por etapas marcadas por la visita de Anna Pavlova y Proarte Musical, para luego encontrarnos las biografías de la tríada Alicia-Fernando-Alberto.

La historia me es muy cercana, porque la he vivido, a partir de los capítulos que se centran en las Cuatro Joyas, María Elena y Marta García, las Tres Gracias, la generación de bailarines que ha gozado de tanto prestigio internacional. Lo afirmo en un reciente volumen publicado en Argentina por la Editorial Balletin Dance, El ballet en Cuba. Nacimiento de una escuela en el siglo XX: ¿A qué honor más grande puede aspirar un historiador? A nosotros se nos ve como gentes frías, que hacen a distancia un análisis muy neutral, toman fichas, están entre papeles... Y sí, conmigo también ha habido mucho de eso, pues investigué todo ese período fundacional, sumergido en bibliotecas, revisando archivos, realizando entrevistas..., pero luego hay 42 años de ese trabajo dentro de la compañía, lo cual me convierte en un testigo privilegiado. He sido partícipe y cronista de un hecho cultural de relevancia mundial.

«Me siento honrado de que la Editorial Cúpula, de la Facultad de Arte Danzario del ISA, de la cual soy fundador, se haya encargado de la salida de este libro de casi 400 páginas, con cerca de cien fotografías de alto valor histórico. Ahí está toda la producción, la obra creada, los países visitados, la valoración de la crítica, documentos... Porque es esencial que los cubanos conozcan esta gloriosa historia».

—Han pasado ya algunos años desde que publicara su primer libro...

—Ocurrió en 1978. Recuerdo que se presentó en un Sábado del Libro que tuvo lugar frente a la Moderna Poesía, y la calle Obispo estaba llena de personas. Alicia vino y firmamos una buena cantidad de ejemplares. Entonces expresé: «¿Por qué se escribe un libro? Porque los aplausos se dejan de escuchar, se marchitan las flores que reciben los artistas, pero la historia siempre queda. Ese testimonio hay que dejarlo». Por años guardé una rosa que Alicia me obsequió aquel 27 de octubre de 1978, y cuando en 1998 se conmemoraron los 50 años del BNC, se la devolví: «Están mustios sus pétalos, le dije, pero ella vive en este nuevo libro que le entrego. Siento que escribiendo estos textos he cumplido un deber».

—¿Algún capítulo que haya disfrutado especialmente?

—Sin dudas aquel que se titula: La presencia masculina. Consolidación de una estirpe. Lo primero que hice como un invitado del BNC —en 1969 todavía no formaba parte de este—, fue ir junto a Alicia y Sara Pascual, entonces subdirectora de la compañía, al Instituto Tecnológico Militar (ITM) para acercar a sus alumnos al mundo de la danza. Ahí descubrí la importancia de eliminar los prejuicios en torno a la presencia masculina. Hacía solo un año que se habían graduado los primeros varones de la ENA (Orlando Salgado, Lázaro Carreño, y aquellos que salieron de la casa de beneficencia: Jorge Esquivel, Edmundo Ronquillo, Nicolás Izquierdo, Raúl Barroso, Pablo Moré...). Es impresionante comprobar cómo todos ellos y los que les siguieron se erigieron como un blasón, como un milagro que atrajo tantas miradas. Hoy no solo han ganado los más importantes premios, sino que andan por el mundo entero.

«Ese capítulo va de Jorge Esquivel, el súmmum de lo que se logró en una primera época, a Carlos Acosta, quien resume todo ese ciclo. Todos fueron mis compañeros, los vi entrar y crecer, hasta alcanzar esa estatura artística que nos enorgullece».

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