Repensar nuestra identidad

Sobre el Caribe, cultura a la que está dedicada la 21 Feria Internacional del Libro, que ahora se extiende hasta la provincia de Sancti Spíritus, dialoga con JR Norman Girvan, reconocido escritor y economista jamaicano

Autor:

Jaisy Izquierdo

Norman Girvan, el escritor y economista jamaicano, habla en inglés ante el auditorio, aunque domina a la perfección la lengua de Cervantes. Prefiere acompañarse de un traductor para tributar, desde ambos reinos de la palabra, a la condición multilingüística que como caribeños nos distingue.

Para quien fuera director del Instituto Sir Arthur Lewis de Estudios Sociales y Económicos de la Universidad de las Indias Occidentales, la identidad caribeña, quiénes la conformamos, y qué características comunes compartimos, son signos de interrogación que en él no encuentran la habitual respuesta.

El Caribe de Girvan es mucho más que un lugar, ese lugar cercado por el Mar de las Antillas. «Se trata de una experiencia histórica que comparten además de todas las islas, los pueblos de Centroamérica, las Guyanas, Brasil, la costa caribeña de Venezuela y Colombia, y los pobladores de Ecuador».

Hablar de Latinoamérica y el Caribe como dos cosas distintas o separadas, para él, es un absurdo. Y hasta el mismo nombre de latinoamericanos le impacienta a la hora de las definiciones, «pues si algo define a los nacidos en Latinoamérica es precisamente que no somos latinos. Mejor aún: somos la suma de hispanos, africanos, asiáticos, indígenas».

Le resulta curioso que las élites de los políticos latinoamericanos prefieran autodefinirse como hispanoamericanos o iberoamericanos, y es por eso que recuerda con gratitud un nuevo término aportado por Fidel, durante la guerra en Angola: Nosotros somos latinoafricanos.

—¿Por qué le inquietan tanto las definiciones?

—Yo creo que se trata de la necesidad de desarrollar nuestro propio sentido de la historia, partiendo de nuestras experiencias y de la situación actual. Las definiciones del Caribe, que siempre presentan dificultades para los historiadores, se derivan del intento de imponer una definición geográfica que responde a las perspectivas e intereses de las potencias hegemónicas, y lo que nos desafía es investigar nuestra historia y nuestra actualidad desde el punto de vista de las masas populares.

«Una vez que nos adherimos a esta visión, comenzamos a considerar la historia de esta región teniendo en cuenta que responde esencialmente a la experiencia de la esclavitud, y luego a la explotación de la fuerza laboral, siempre en función de los capitalistas extranjeros.

«Por eso la experiencia histórica del sistema de plantación, la esclavitud, el genocidio de los pueblos indígenas y la servidumbre asiática, es la experiencia que distingue nuestra experiencia histórica, que forma parte de la experiencia de todas las Américas, desde la conquista española».

—¿Cuál es el reto que queda por delante?

—Conceptualizar la región no solo desde el punto de vista de la experiencia de la explotación, sino también desde la resistencia, vistas no solamente desde las rebeliones políticas, sino que la podemos desarrollar en las manifestaciones culturales del pueblo del Caribe y las expresiones de los autores, la literatura, y la poesía. En ello radica la parte de la belleza del Caribe.

—¿Qué nos aporta redefinirnos como caribeños?

—Avanzar en el proceso de definir la identidad, fomentar el diálogo entre nuestras naciones, y nos proporciona el enriquecimiento de la educación, de la cooperación económica, técnica, para así potenciar el apoderamiento de esta región por los pueblos que la viven.

—¿Cómo podemos llevar a la práctica esta identidad caribeña que nos une?

—Mi sugerencia es tanto para los cubanos como para el resto de los países: tenemos que ubicarnos en una matriz única, donde todas nuestras características comunes y diversas sean proyectadas como parte integral de una experiencia caribeña.

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