Escribir con el corazón

Trato de no repetirme, porque me parece que cada libro nace con su cuerpo, forma y personalidad, asegura la joven poeta y narradora Mariene Lufriú

Autor:

Mariateresa Hernández Martínez

Graduada de Letras en la Universidad de La Habana, egresada del Primer Seminario Nacional de Narrativa para jóvenes escritores y del XI Curso de Técnicas Narrativas (2008-2009) del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, la joven pinareña Mariene Lufriú Rodríguez es auténtica exponente de la nueva generación de escritores.

Con solo 24 años de edad figuran entre sus publicaciones los libros de poesía La ruta incierta (Ediciones Loynaz, 2008), Todos los semáforos en rojo (Editora Abril, 2009) y Academia de fugas (Fundación de la Herencia Latina de Nueva York).

«Tengo necesidad de la literatura desde que nací. Empecé a escribir muy chiquita y a los seis años realicé mis primeros versitos con rima. Entonces no pensaba en publicar libros, ni siquiera imaginaba cuáles eran los mecanismos, pero sí sabía que escribiría», expresa con toda seguridad.

—¿Cuál es la línea que sigues en tus obras?

—Mi literatura ha pasado por varias etapas, pero siempre trato de crear textos esencialmente humanos con los que el lector se sienta identificado. Pienso que los temas no envejecen, aunque algunos como el amor, la soledad, la traición, la vida, la muerte, la existencia y la identidad son universales. Esas cuestiones existen desde siempre, pero se les pueden proponer nuevas miradas y reflexiones más acordes con nuestra época.

«En una primera etapa me incliné hacia la tendencia erótica y no es que fuera tan erótica, sino que comencé a escribir muy joven. Este estilo sobresale más en el primero de mis libros: La ruta incierta, pues lo hice entre los 14 y los 18 años, cuando no existen grandes problemas y solo se piensa en el amor. Si tuviera que definir esta obra, diría que fue pasional, adolescente e ingenua.

«Después mi poesía se ha ido por rumbos más terrenales: las cosas que me pasan y que nos afectan a mí y a los escritores de mi generación. Cuestiones como la insularidad, la emigración, el éxodo, la familia dividida, la crisis identitaria del que se va y regresa, pero ya no es de aquí ni de allá, son constantes en buena parte de mis trabajos. Nací en el 87, en pleno período especial, y esos temas han marcado de alguna manera mi infancia y mis días. En Todos los semáforos en rojo, un libro más sobrio y profundo, esos tópicos se remarcan».

—¿De qué forma el libro Academia de fugas se relaciona con el hecho de ser filóloga?

—Academia de fugas lo escribí muy rápido, aproximadamente en dos meses. En él cuestiono los posibles significados de las palabras y el lenguaje tanto fonético como gráfico. Por eso se llama Academia de fugas: Academia porque es la parte de mí que estudió en la Academia, y «fugas» porque son poemas breves. No pretendo imponer un criterio, sino proponer un juego que puede ser lingüístico, humano o sentimental, en dependencia de la apreciación del lector.

A pesar de haber conquistado los premios de poesía Nosside Caribe (2003), Farraluque (2006), Calendario (2008) y el de narrativa Mangle Rojo (2007), entre otros, Mariene Lufriú afirma: «Los premios son muy crueles y participar siempre implica un riesgo. Concurso para que otras personas compartan mi obra y porque es una manera más rápida de publicar».

—¿Qué significó para ti recibir un premio internacional como el Nosside Caribe de poesía, con solo 16 años?

—Es un premio del cual me siento orgullosa porque estaba apenas comenzando a escribir. Mi papá se enteró de la convocatoria y me convenció de participar (sin él quizá no hubiera sido escritora o tal vez una de las inéditas). Resulta que lo gané, y este fue la puerta hacia mi carrera literaria. A partir de entonces comencé a tomarme las cosas más en serio y me propuse conformar un primer cuaderno de poesía: La ruta incierta.

—¿Qué representa para ti, como joven escritora, pertenecer a la Asociación Hermanos Saíz (AHS)?

—Pertenezco a la AHS desde los 16 años y esta ha tenido un valor importante en mi vida literaria. Una asociación que pretende agrupar a jóvenes artistas quizá no puede darnos todo el material necesario: los micrófonos al que canta, los vestuarios al que baila, las impresoras al que escribe. Pero pienso que la AHS existe para suplir la orfandad sentida muchas veces cuando somos jóvenes y nadie nos conoce. Entonces esta viene a darnos la certeza de que no estamos solos.

—¿En estos momentos estás escribiendo algún libro?

—Estoy escribiendo uno de poesía para adultos y otro para niños de la primera edad (cuatro o cinco años) que recoge las historias y aventuras de los perros que conozco, no los famosos (Rintintín, Kasán, Lassie). Yo digo que sale de mi corazón porque estos animales me apasionan y desde hace tiempo quería saldar esa deuda de amor con ellos.

«Aunque soy muy joven, también hago una selección de mi poesía publicada e inédita para confeccionar una especie de volumen. Al final, los buenos escritores siempre lo hacen, yo solo me estoy adelantando sin ser tan buena.

«En fin, trato de no repetirme, porque me parece que cada libro nace con su cuerpo, forma y personalidad, e intento que ninguno sea igual al anterior».

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